América Latina Argentina
Perspectivas para Argentina (1ª Parte) Imprimir Correo electrónico
Escrito por FIS   
Lunes 19 de Noviembre de 2007 19:00

El contexto internacional

Iniciamos la publicación en 3 partes de un nuevo documento de la Corriente Socialista El Militante sobre Perspectivas para Argentina. En él trataremos de ofrecer un análisis marxista de la realidad nacional y de las perspectivas a corto, medio y largo plazo para la lucha de clases en nuestro país. En esta primera parte trataremos la situación internacional, ya que es imposible comprender la situación nacional sin enmarcarlo en un contexto más amplio. En este apartado nos centraremos especialmente en la situación de la economía capitalista y en los procesos revolucionarios que sacuden América Latina.

Es nuestra intención abrir un diálogo con aquellos lectores que quieran hacernos llegar sus impresiones y opiniones sobe este material. Para ello, pueden escribirnos a: Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla


Existe una enorme inestabilidad a nivel mundial en todos los aspectos: en la economía, en las relaciones internacionales, en la política, y en las relaciones entre las clases. Guerras, terrorismo, enfermedades y calamidades naturales como resultado de la depredación extrema de los recursos naturales y de la contaminación del planeta, etc. son lo mejor que el capitalismo, en la primera década del siglo XXI, puede ofrecer a la humanidad.

La idea de que “algo va mal” en la sociedad está sacudiendo la conciencia de millones de personas en todo el mundo, entre las masas oprimidas y entre los sectores honestos de la intelectualidad. Este malestar social ha tomado cuerpo y carne en las enormes movilizaciones de masas que hemos presenciado en una gran cantidad de países y continentes. Lo vimos en las primeras revueltas “anti-globalización” de la juventud en los EEUU y Europa, en las decenas de millones de personas que salieron a las calles de todo el mundo para protestar contra la intervención imperialista en Iraq, en las huelgas generales y las protestas obreras masivas en Europa contra la liquidación de las viejas conquistas del “Estado del Bienestar”, en la movilización extraordinaria de millones de trabajadores inmigrantes indocumentados en los EEUU el año pasado, y en el fermento revolucionario que sacude América Latina desde el comienzo de este siglo.

Si alguno de estos acontecimientos hubiera tenido lugar en un país aislado o en dos, habría podido justificarse por motivos locales, pero cuando vemos repetirse el mismo fenómeno en gran cantidad de países y continentes al mismo tiempo, tenemos que hablar de una tendencia general que marca el ingreso a una etapa tormentosa de la lucha de clases a nivel mundial, como expresión de la crisis orgánica del sistema capitalista en su fase de declive senil.

LA ECONOMÍA MUNDIAL Y LOS PAÍSES CAPITALISTAS DESARROLLADOS

Lenin explicaba que la política es economía concentrada. Hay una inestabilidad general que se transmite regularmente al mercado de valores de todos los países (las Bolsas), como hemos comprobado con el estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos a comienzos de agosto. Este estallido ya fue anticipado en nuestros análisis de los últimos años. Y puede empujar a la economía de EEUU a una recesión severa el año que viene, con efectos demoledores en todo el mundo.

La crisis inmobiliaria

Para conjurar el peligro de la recesión, en el mes de agosto los Bancos Centrales de Europa, EEUU, Japón, Canadá y Australia inyectaron cerca de 500.000 millones de dólares en el sistema financiero para evitar la quiebra de bancos privados y otras entidades de crédito ante el impago de los créditos hipotecarios. Simultáneamente, las bolsas de todo el mundo se desplomaron durante semanas. Se estima que el valor de las acciones de las compañías en las bolsas mundiales se redujo en cerca de 200.000 millones de dólares. De esta manera el sistema capitalista consume las grasas acumuladas en los años de boom.

El aspecto central a señalar es que aquellos factores que tuvieron un efecto en prolongar el boom no han resuelto las contradicciones básicas del capitalismo. Y ahora se han convertido en su contrario. En EEUU y Europa los tipos de interés descendieron a los niveles más bajos en décadas, lo que estimuló una borrachera de préstamos de todo tipo y engordó una especulación gigantesca con el boom inmobiliario. Pero desde hace dos años hasta la fecha los tipos de interés comenzaron a subir, lo que elevó el costo de los créditos, redujo el consumo de las familias e incrementó el número de créditos impagos. Esto llevó a la quiebra de multitud de entidades financieras, y fue lo que desencadenó el estallido de la burbuja inmobiliaria en EEUU a comienzos de agosto. Ahora los bancos reducirán sus préstamos lo que afectará negativamente a la inversión de las empresas y reducirá la actividad económica, el consumo y el empleo.

Entre los economistas reinan el pesimismo y la confusión. Están hablando simultáneamente sobre el peligro de deflación (hundimiento de los precios y de las ganancias e inversiones empresariales), y sobre el peligro de inflación (suba de precios que incrementa los costos de producción, se come los beneficios y reduce el poder adquisitivo de las masas).

Aunque una recesión en EEUU es inevitable, no puede fijarse un plazo exacto. Lo importante es señalar las tendencias generales del proceso. Lo que es cierto es que la economía norteamericana venía frenando su crecimiento. En el primer trimestre, el PBI de EEUU sólo creció un miserable 0,6%. Y el estallido de la burbuja inmobiliaria podría provocar el empujón que falta para precipitarla a la crisis.

La baja de medio punto en los tipos de interés en EEUU, del 5,75% al 5,25%, decretada en septiembre por la Reserva Federal, refleja el pánico de la clase dominante norteamericana a la crisis y sus consecuencias. Esto puede tener el efecto de prolongar la agonía un tiempo más, pero al costo de de provocar un colapso mayor y más profundo cuando se desate la crisis. A corto plazo, estimulará las tendencias inflacionistas en la economía, ya presentes, por el aumento del consumo en un contexto donde la producción de mercancías y las inversiones están estancadas. Y cuando llegue la crisis propiciará un desplome mayor del consumo al incrementarse la base de endeudamiento de la sociedad.

¿Puede China evitar la recesión?

En los últimos 20 años no hubo crisis severas en la economía mundial (fueron más bien suaves), debido al auge económico prolongado que experimentaron el sudeste asiático y China, quienes actuaron como un mercado importante para las mercancías de las potencias imperialistas y de otros países. Pero esta vez no va a ser el caso. En la economía, el pasado no es una guía para el futuro. Ahora China se ha convertido en una potencia industrial, y no sólo recibe mercancías sino que, en mayor medida, está inundando con sus mercancías baratas el mercado mundial.

La economía capitalista también se benefició en la última década de la incorporación de China, India, Rusia y Europa del Este al engranaje del mercado mundial, con la incorporación de una masa enorme de asalariados para la producción de mercancías. Esto tuvo el efecto de presionar a la baja los salarios en todas partes. Este estancamiento en los salarios a nivel mundial, se vio compensado hasta ahora con una baja inflación. Pero eso está cambiando debido al incremento de los precios de los alimentos, las materias primas y el petróleo, por las demandas de China e India y la producción de biocombustibles. Esto atizará la lucha de clases en un país tras otro.

EEUU sigue siendo la principal economía mundial, pese a que su industria está en declive. Alemania y China superaron a los EEUU como los principales países exportadores del mundo. China produce más autos que EEUU, y Toyota superó a General Motors como principal fabricante de autos en el mundo. Más importante aún, China está creciendo tres veces más rápido que los EEUU.

Estos datos han conducido a muchos economistas a predecir que los EEUU serán superados por China como potencia económica. Pero tales predicciones carecen de una base científica. Las mismas cosas se decían de Japón antes de que su economía colapsara a comienzos de los 90 y tardara 15 años en recuperarse.

Mucho antes de que China pueda superar a los EEUU, su economía experimentará una crisis seria –como le pasó a Japón. La masiva inversión en la industria china produce una cantidad espectacular de mercancías que no pueden ser absorbidas por el mercado chino, pese a que éste está expandiéndose rápidamente. China está dirigiéndose a una crisis clásica de sobreproducción de mercancías que preparará acontecimientos explosivos en este país.

China depende de la venta de sus mercancías en EEUU, y toda Asia depende de China. Una recesión en los EEUU –o incluso una desaceleración económica prolongada- precipitará una depresión económica en China que tendrá consecuencias serias en Asia y a una escala mundial.

En Europa hay un crecimiento económico débil desde hace años que no resuelve los problemas. En todos los países los gobiernos están llevando a cabo programas de ajuste contra los desempleados, contra las jubilaciones, contra la salud y la educación. La idea de que la Unión Europea capitalista era una alternativa a los EEUU y Japón está cada día más olvidada. Enfrentados a sus contradicciones nacionales, cada país pone por delante sus propios intereses antes que los del conjunto. Por eso fracasó el intento de aprobar una Constitución europea que los obligara a todos a cumplir las mismas reglas.

Por todo esto es falso, como afirman muchos economistas, que la recesión en EEUU tendrá una influencia menor en la economía mundial. El argumento de que Europa, China y Japón pueden impedir una recesión mundial no se sostiene. Toda la economía mundial depende del consumo de EEUU.

Nunca fue tan interdependiente la economía mundial; y a su vez tan frágil. Cualquier acontecimiento puede desatar la crisis. La crisis puede desatarse por las consecuencias del estallido del boom inmobiliario como comentamos antes, o por la retirada masiva de fondos de EEUU por parte de los países que sostienen la deuda pública norteamericana.

EEUU es líder mundial en todo tipo de deudas. Las familias están endeudadas, igual que las empresas y el Estado. El financiamiento de estas deudas depende del ingreso de divisas, porque la economía norteamericana no tiene los recursos suficientes para otorgar tanta cantidad de préstamos. Pero eso no puede continuar indefinidamente. Estas divisas fueron atraídas por el elevado valor del dólar. Pero el dólar lleva depreciándose cerca de dos años, y continúa cayendo, porque EEUU necesita competir con China abaratando sus exportaciones. En un momento dado, los inversores extranjeros dirán que no merece la pena seguir invirtiendo en dólares porque les dejan ganancias menores. Y una salida masiva de divisas de la economía norteamericana hundirá a los EEUU en una crisis muy profunda porque no tendrá dinero suficiente para sostener sus gastos.

Crisis de sobreproducción

Todos los factores para una recesión severa están presentes. No sólo a causa de las leyes inherentes de la economía capitalista, sino también debido a todas las distorsiones introducidas en la misma por la irresponsabilidad del gobierno de EEUU, que se lanzó a recortar impuestos a los ricos y a incrementar los gastos militares, endeudando al Estado como nunca en la historia.

Pero la causa última de la crisis económica es la sobreproducción de mercancías y no, como argumentan algunos economistas, la tendencia a la caída del beneficio capitalista. De hecho, los beneficios capitalistas están aumentando, mientras que desciende la parte de la renta destinada a los salarios.

La prolongación del boom económico en la última década fue causada por el incremento del consumo y la inversión, estimulados por el crédito barato, que incrementaron a su vez la producción de mercancías. Pero en la situación actual, con el descenso del consumo y la restricción de los créditos, gran parte de esas mercancías ya no van a encontrar un mercado suficiente, originando la clásica crisis de sobreproducción que acompañó al capitalismo desde su nacimiento.

Esta crisis no podrá resolverse por métodos keynesianos; es decir, por medio del endeudamiento del Estado. EEUU no podrá hacerlo porque ya tiene una deuda histórica. La guerra de Irak le está costando 2.000 millones de dólares semanales. Por eso, los demócratas, y también los republicanos, quieren finalizar la ocupación de Iraq. También les pesa el gasto en salud, que se recorta día a día. Todo esto está provocando un malestar muy grande de la sociedad norteamericana. La gente está cansada de Bush, cuyo índice de popularidad ha caído muy bajo. Este malestar se expresa en el rechazo masivo a la guerra y a la ocupación de Iraq, en las protestas por la situación lamentable del sistema de salud, en las movilizaciones de los trabajadores inmigrantes y en las recientes huelgas del automóvil. El proceso molecular de toma de conciencia de las masas norteamericanas está desarrollándose.

Incremento de la lucha de clases

El punto fundamental es que el boom se sustentó en la superexplotación de las masas con un aumento obsceno de la desigualdad en todas partes. La brecha entre ricos y pobres aumentó 4 veces en la última década, según un informe de Amnistía Internacional (Clarín, 29 julio 2007).

Y este último factor es el más importante a considerar en nuestras perspectivas. El malestar de la clase obrera por sus condiciones de vida y de trabajo está desatándose en todas partes. En el último período hemos visto oleadas de luchas y huelgas generales en Francia, Italia, Grecia, Bélgica, Canadá, Islandia, Perú, Chile, Sudáfrica, Nigeria, Egipto e Israel. Esto es un anticipo de los acontecimientos que veremos en un país tras otro en el futuro.

Este descontento está muy presente en Europa. El problema es que no encuentra un vehículo donde expresarse, ante la bancarrota del reformismo y del estalinismo. En las últimas décadas no ha habido ninguna reforma seria a favor de las masas. Sólo tenemos contrarreformas o migajas.

Este es el período de la crisis del reformismo. Por eso los reformistas (los partidos socialistas y ex-comunistas) son derrotados electoralmente en casi todos los países de Europa, como pasó este año en las elecciones presidenciales y locales en Francia, Grecia, España y Gran Bretaña. Justamente, en Francia, el nuevo presidente derechista Sarkozy tiene miedo a la reacción de la clase obrera contra su política. Por eso disfrazó su gobierno con el título de “unidad nacional” incorporando algunos ex-ministros socialistas. Pero, como era inevitable, ya pasó a los ataques con su intención de aumentar la edad jubilatoria de los empleados públicos y dejar sin efecto la jornada laboral semanal de 35 horas. Esto ha puesto en pie de guerra a la clase obrera francesa. El 18 de octubre hubo una huelga general masiva en el sector público y cientos de miles de trabajadores marcharon por las calles de Francia, lo mismo que el 20 de noviembre.

En Italia, el gobierno de coalición de Prodi (una coalición insana de burgueses, socialdemócratas y “comunistas”) está en crisis total. Los antiguos estalinistas del PDS (socialdemócratas) recién se fusionaron con los burgueses liberales de Prodi para formar un partido burgués, el Partido Democrático. Ya hubo una escisión por izquierda en el PDS que podría unificarse con PRC (“comunistas”) lo que cambiará las perspectivas para este partido, el PRC; que emergerá como el único partido reformista de masas en Italia. En las bases de PRC habrá cada vez una presión mayor para obligar a sus dirigentes a abandonar el gobierno de coalición.

Como una muestra del descontento de los trabajadores italianos con la política procapitalista de Prodi, el 20 de octubre pasado un millón de personas se manifestaron en Roma exigiendo al gobierno un giro a la izquierda en sus políticas. Es significativo que esta marcha fuera convocada, entre otros, por el PRC y tuviera el apoyo del sindicato metalúrgico.

En España, también ganó débilmente la derecha en las elecciones municipales, en un ambiente de polarización política desconocido desde la caída de la dictadura hace 30 años.

En general, en Europa vemos gobiernos débiles, producto de elecciones que se ganan con mayorías precarias. Ahora es natural ver la formación de gobiernos de coalición entre partidos burgueses y reformistas, como es el caso de Alemania y de Italia.

Inestabilidad de las relaciones internacionales

Lo más importante a señalar es la enorme interdependencia de los acontecimientos a escala mundial. Es imposible comprender las perspectivas para cada país individual sin enmarcarlo en un contexto más amplio.

Los marxistas no somos deterministas económicos, sino materialistas dialécticos. El ciclo económico capitalista es importante, pero no agota ni da respuestas acabadas a temas tan importantes como la conciencia de clase o las perspectivas revolucionarias. Los factores políticos también tienen su importancia. Por ejemplo, la inestabilidad en Medio Oriente y las invasiones de Afganistán e Iraq, han tenido un gran impacto político más allá de sus fronteras. En Italia, la primera crisis del gobierno Prodi fue producida por el rechazo del Senado a mantener las tropas italianas en Afganistán. En España, la caída del gobierno derechista del Partido Popular en el 2004 fue una consecuencia directa del atentado terrorista de Al Qaeda en Madrid, que dejó 200 muertos. También en los EEUU la ocupación de Iraq ha conducido a una crisis política aguda. En la zona opuesta del planeta, Pakistán ha sido totalmente desestabilizada por la ocupación imperialista de Afganistán.

Las relaciones internacionales ha sido otro aspecto que también está afectado por la inestabilidad. Antes, con la existencia de la URSS había un equilibrio. Pero con su desaparición todo cambió. EEUU se convirtió en la única superpotencia cambiando todo el escenario mundial. Pero la arrogancia de EEUU, que le llevó a declarar guerras en Medio Oriente, Asia y Yugoslavia, está alcanzando sus límites.

EEUU llegó a las fronteras de Rusia convirtiendo en países satélites los ex-países estalinistas del Este de Europa y de Asia Central, que antes estaban bajo la órbita de la URSS estalinista, y ha instalado en ellos bases militares. Pero Rusia ya está perdiendo la paciencia. Por eso reaccionó frente al anuncio de EEUU de instalar un “escudo antimisiles” en estos países, dirigido contra Rusia. Rusia se está rearmando para afirmarse como potencia imperialista regional, y está buscando aliados en China e Irán, quienes tratan de hacer lo mismo en el Pacífico y en Medio Oriente, respectivamente.

La lucha por el control de las fuentes de materias primas no se detiene. Además de África, Asia y América Latina las potencias imperialistas iniciaron ahora la disputa por el control de los polos, ártico y antártico, en su búsqueda irrefrenable de petróleo y minerales, lo que atizará aún más la inestabilidad internacional.

La situación mundial, en la actualidad, no es una imagen bonita y tranquila. Todo lo contrario, en todas partes existe una situación explosiva. Se abrirán grandes posibilidades para las ideas del socialismo en todo el mundo. Comenzando por las capas más avanzadas de los trabajadores, la necesidad de poner fin a este sistema caduco y opresivo encontrará un eco de masas en todas partes.

ASIA Y MEDIO ORIENTE

La intervención en Irak y Afganistán ha desestabilizado todo. Después de 6 años, los talibanes han tomado la iniciativa y están poniendo en apuros a las tropas imperialistas. Los bombardeos indiscriminados de EEUU en Afganistán han causado miles de víctimas civiles, incrementando la impopularidad del imperialismo norteamericano. Los talibanes tienen dinero procedente del narcotráfico y armas, y cuentan con el apoyo de un sector del aparato del Estado de Pakistán, en el ejército y el servicio secreto.

En Pakistán, el presidente Musharraf está acabado. Ha perdido la confianza de todo el mundo: de un sector del aparato del Estado, de los EEUU y de la población. Por eso organizó un “autogolpe” de Estado para prolongar su mandato. Pero cada vez está más aislado e inevitablemente tendrá que dejar el poder. En Enero deberían celebrarse elecciones legislativas. Para buscar una salida, están preparando un gobierno de coalición con el PPP, el partido de masas de Pakistán, cuya dirigente Benazir Bhutto regresó del exilio hace varias semanas. Es significativo que más de dos millones de personas salieran a las calles de Karachi para recibir a Bhutto. Esto confirma nuestras perspectivas para el PPP y la corrección de una orientación de los marxistas hacia sus bases. Bhutto y los imperialistas tratará de utilizar al PPP como un ariete contra las masas para imponer políticas más proimperialistas y antisociales, lo que provocará una crisis en su seno. En los últimos años, la tendencia marxista The Struggle ha conocido un desarrollo muy importante en el movimiento de masas de Pakistán, y sus fuerzas van a ser probadas en los acontecimientos. Merece el reconocimiento de los socialistas y revolucionarios de todo el mundo que deben prestarle su apoyo para que corone con éxito la lucha por la transformación socialista de Pakistán, lo que daría un impulso irresistible a la lucha por el socialismo en todo el subcontinente indio, y más allá.

La invasión imperialista de Iraq ha sido un fracaso absoluto como previmos desde el primer día. Ahora, la clase dominante estadounidense está enfrentada a Bush por Iraq. El sector decisivo de la burguesía norteamericana quiere la vuelta de las tropas a casa y un acuerdo con Siria e Irán para terminar con el caos en la región. Pero Bush necesita continuar la guerra por consideraciones de prestigio. Es un hecho sin precedentes que el Congreso de EEUU votara una resolución exigiendo la vuelta de las tropas, contra la opinión del gobierno. Aunque Bush vetó esta resolución, este hecho basta para comprobar la profundidad de la crisis política que sacude a los EEUU. Ahora la oposición a la política de Bush en Iraq también se extendió dentro de su partido, el Republicano.

Bush ha llevado a Iraq a la barbarie. Iraq era antes un país secular y un contrapeso al poder de Irán en la región. Pero ahora, los fanáticos religiosos de Al Qaeda tienen una base en Iraq, y el sectarismo religioso ha conducido a una guerra civil y a matanzas horribles entre los chiítas, los sunnitas y los kurdos.

Lo patético es que EEUU ni siquiera puede sacar el petróleo iraquí por los atentados a las instalaciones y a los oleoductos. La peor violencia tendrá lugar en el Kurdistán, al norte; porque esta parte de Iraq es multiétnica y, como pasó en los Balcanes en los años 90, el fanatismo religioso y nacionalista provocará limpiezas étnicas y sectarias.

En el Kurdistán iraquí, al norte, los kurdos son la mayoría y aspiran a la independencia y a controlar los yacimientos petrolíferos de la zona de Kirkuk, su capital. Pero Turquía jamás aceptará la independencia del Kurdistán iraquí, porque al otro lado de la frontera, en Turquía, los kurdos también son mayoría, lo que fortalecería las tendencias separatistas del kurdistán turco para unirse a sus hermanos iraquíes. Por esa razón, Turquía inició ataques militares en la frontera con Iraq, con la excusa de perseguir a las guerrillas kurdas que operan en territorio turco, amenazando con invadir el kurdistán iraquí si éste se declarara nación independiente.

EEUU destruyó el único país que podía controlar a Irán. Irán es un país importante y tiene una cierta fuerza militar. Su presidente, Ahmadineyaj, juega la carta del antiimperialismo para desviar la atención de las masas, que están muy descontentas con el régimen religioso. Irán está interviniendo en Irak a través de los chiítas, que son mayoría en Iraq. Esto preocupa a los saudíes que temen el crecimiento de la influencia iraní en la zona. Para debilitar a los chiítas, los saudíes están ayudando con armas a los sunnitas, de su misma confesión religiosa. De manera que el caos en Iraq es total.

El problema es que cualquier cosa que hagan los EEUU saldrá mal. Si se quedan, aumentarán las bajas en el ejército de EEUU y seguirán gastando recursos millonarios, lo que alimenta el descontento popular en EEUU. Pero si se marchan, Iraq se deslizaría todavía más al caos y la barbarie y, probablemente, a su desmembramiento.

Igual de mal están las cosas en Próximo Oriente. En Líbano, los imperialistas echaron al ejército sirio para poner un gobierno proimperialista. Ahora, hay una inestabilidad total. Líbano es un país árabe plurirreligioso, con musulmanes chiítas y sunnitas, y cristianos. La élite cristiana dominante es proimperialista. Los chiítas de Hezbollah son aliados de los sirios e Irán. Israel invadió el año pasado el sur del Líbano para aplastarlos pero tuvieron que retirarse sin conseguir su objetivo por la oposición interna en Israel. Esto aumentó el prestigio de Hezbollah incluso entre los cristianos pobres. También el PC libanés experimentó un crecimiento a consecuencia de esto. Pero EEUU e Israel continúan sus conspiraciones en Líbano lo que puede conducir a una guerra civil.

En el centro de la crisis de Medio Oriente se encuentran Israel y la cuestión palestina. Como consecuencia de la derrota israelí en Líbano, la coalición de gobierno de Israel está en crisis. La clase dominante israelí utiliza el tema palestino para desviar la atención de los problemas de los trabajadores israelíes, que sufren políticas de recortes y ataques a sus condiciones de vida. Este año hubo luchas estudiantiles muy importantes y una huelga general en el sector público.

Es una situación trágica la del pueblo palestino. Su única alternativa es la revolución socialista. Es una tragedia porque los palestinos tenían una tradición secular y ahora se extendió el fanatismo religioso con la irrupción del fundamentalismo islámico de Hamas.

La retirada israelí de Gaza hace dos años fue un movimiento táctico para fortalecer su control sobre el otro territorio ocupado, Cisjordania. Cuando se celebraron elecciones en los territorios palestinos ocupados, Hamas consiguió la mayoría y formó gobierno. Pero luego vimos el cinismo de los imperialistas (no sólo de EEUU sino también de la Unión Europea) cuando suspendieron automáticamente los fondos económicos al gobierno palestino de Hamas, que fue elegido democráticamente. La crisis que vimos desarrollarse en Gaza en Junio fue producto del golpe de Estado organizado por el Presidente palestino, Mahmud Abbas, para terminar con el gobierno de Hamas. Abbas es un títere de los imperialistas y quería hacerles el trabajo sucio contra Hamas. Pero esto provocó una guerra civil entre Hamas y la OLP dirigida por Abbas. Tan pronto como comenzaron los enfrentamientos entre Hamas y Abbas, los imperialistas restauraron la ayuda a Cisjordania, que quedó bajo el control de la OLP. Pero mantienen el bloqueo sobre Gaza que quedó en poder de Hamas. Los imperialistas quieren utilizar a Abbas para que los palestinos acepten la continuación del dominio israelí, a cambio de una ficción de Estado propio.

En la actual guerra civil entre Hamas y la OLP sería incorrecto dar apoyo crítico a Hamas frente a la OLP, o viceversa. Es una guerra de camarillas por el control del poder. Es verdad que la dirección de la OLP es proimperialista, pero sus bases están compuestas por trabajadores y por las masas pobres palestinas, sobre todo en Cisjordania, donde también están descontentas con su dirección corrupta. Hamas es una organización fundamentalista reaccionaria y sus dirigentes desean llegar a acuerdos con el imperialismo, lo que ocurre es que éste no está dispuesto a aceptarlos como interlocutores. Denunciamos el golpe de estado proimperialista de Abbas pero no podemos contraponer a Hamas contra la OLP porque colaboraríamos en la división del pueblo palestino, nos bloquearía el camino a las bases de la OLP y a los trabajadores israelíes y ayudaríamos a fortalecer al fundamentalismo reaccionario. Debemos denunciar a ambas direcciones y luchar por una alternativa independiente de clase con nuestro programa.

No hay ninguna solución posible al tema palestino sobre bases capitalistas. No hay solución al problema palestino mientras la población israelí se mantenga unida alrededor de su clase dominante. La única solución posible es dividir Israel en líneas de clase para romper la fortaleza del sionismo reaccionario. Pero esto requiere la defensa de un programa de clase entre los palestinos y entre los trabajadores israelíes. Nuestro programa es la lucha unida de las masas palestinas y de los trabajadores israelíes contra sus enemigos comunes: la burguesía sionista y los regímenes árabes reaccionarios de la zona, para crear una Federación Socialista del Medio Oriente.

Es difícil defender esta posición en las circunstancias actuales, dados los odios nacionales entre los palestinos y los trabajadores israelíes, pero los acontecimientos ayudarán a materializar esta perspectiva cuando las masas se hagan conscientes de la futilidad de los viejos métodos: el nacionalismo burgués y el terrorismo individual. Mientras tanto, es necesario explicar pacientemente nuestras ideas a los elementos más avanzados. En el futuro, estas ideas encontrarán un eco de masas.

AMÉRICA LATINA

Latinoamérica sigue estando en la primera línea al frente de la revolución mundial. Las débiles burguesías latinoamericanas y la opresión imperialista no pueden estabilizar la situación. La continuidad del capitalismo significa más opresión, explotación y atraso a todos los niveles. El “boom” económico de los últimos años, estimulado por el alza del precio de las materias primas, no ha tenido un efecto significativo en las condiciones de vida de las masas

Según el Banco Mundial, para que América Latina alcance el nivel de desarrollo de infraestructuras de Corea del Sur (uno de los países más avanzados del Sudeste asiático) debería invertir $US 100.000 millones anuales durante 20 años. La burguesía latinoamericana no lo puede hacer, porque este dinero es el que se destina cada año al pago de la deuda externa a las potencias imperialistas. Sólo en una economía socialista planificada, a través de una federación socialista de todo el continente, podrían solucionarse los problemas de infraestructura, pobreza, empleo, salud y educación.

Los intentos de las burguesías latinoamericanas por recrear bloques económicos para competir con sus hermanos mayores de EEUU, Europa, Japón y China están condenados al fracaso, como lo demuestra la crisis del MERCOSUR, que está desgarrado por sus contradicciones internas y los intereses nacionales de cada país miembro. Argentina le ha impuesto a Brasil cuotas de importación y subas de aranceles en casi todos los rubros: autopartes, calzado, textil, electrodomésticos, etc. Uruguay y Paraguay se quejan de que no ganan nada dentro del MERCOSUR y amenazan con marcharse y firmar acuerdos comerciales con EEUU. La burguesía de San Pablo se queja de que el MERCOSUR es un bloque muy restrictivo para sus negocios y también defiende la firma de acuerdos comerciales con EEUU y Europa.

Allá donde la burguesía ha fracasado sólo la clase obrera, arrastrando tras de sí a las masas campesinas y demás capas oprimidas de la población, puede encontrar una salida.

Los acontecimientos que vemos desarrollarse en nuestro continente no son más que las primeras etapas de esta búsqueda de las masas oprimidas por sacudirse la opresión capitalista e imperialista y encontrar esta salida.

Venezuela

En el pasado, EEUU habría intervenido militarmente en Venezuela y en otras partes. Pero ahora es imposible. El fracaso de la aventura imperialista en Iraq se lo impide. Por eso recurren a presiones diplomáticas e intrigas con sus gobiernos “amigos” en la zona. No deja de ser significativo que ahora EEUU esté estrechando sus relaciones con Brasil e incluso hablando de la posibilidad de que este país tenga un lugar permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Pero el imperialismo y la oposición burguesa venezolana también ejercen presiones dentro del movimiento bolivariano, apoyándose en los sectores reformistas y burocráticos del aparato del Estado y del gobierno que quieren frenar el proceso revolucionario y alcanzar un acuerdo con ellos.

Los imperialistas comprenden lo que nosotros comprendemos: hay un proceso revolucionario en Venezuela, y las masas están moviéndose para cambiar la sociedad. Hace años, todos los políticos progresistas eran considerados “comunistas” por Washington, pero ahora el imperialismo norteamericano necesita tratar con los progresistas “buenos” como Lula, Kirchner, Bachelet o Tabaré, para aislar a Chávez. Este fue el objetivo de la gira de Bush por Latinoamérica y el intento de firmar acuerdos comerciales bilaterales con Brasil, Uruguay y otros países de la región.

Las revoluciones no respetan fronteras y el fermento revolucionario se ha extendido a países como Ecuador, Bolivia, etc. Por eso intentan aislar a Venezuela. El imperialismo de EEUU no puede tolerar la revolución venezolana. Pero como ocurrió con Cuba, el imperialismo de EEUU podría empujar a Chávez más allá de los límites del capitalismo. Si eso ocurriera, sus efectos se sentirían en todo el continente y más allá.

Eso es lo que explica la campaña de histeria alrededor del tema del canal privado de televisión RCTV y de la reforma constitucional impulsada por Chávez. Los imperialistas quieren mantener la presión sobre Chávez para detener la revolución. Para eso están basándose en el ala derecha de los dirigentes bolivarianos y en la burocracia contrarrevolucionaria. Pero los trabajadores y campesinos están presionando desde abajo. El resultado de esta lucha determinará el destino de la revolución, en un sentido o en el otro.

Hay un sabotaje a la economía venezolana. Hay escasez de productos básicos y una inflación del 19%. Las masas son leales a la revolución pero no van a aceptar esta situación indefinidamente. Más pronto o más tarde se alcanzará un punto decisivo. Chávez ha dado pasos adelante importantes. Es honesto y valiente, pero no es marxista. Por eso vacila y duda en cuestiones fundamentales, como en el alcance de las nacionalizaciones y en la política hacia el ejército, donde se opone a la afiliación de los soldados y oficiales revolucionarios al PSUV, lo cual es un grave error. De ahí que el resultado de la revolución no está todavía claro.

Es indudable que después de las elecciones de diciembre del 2006 la revolución dio un giro a la izquierda. Se inició un programa parcial de nacionalizaciones con la compra de los activos de algunas compañías que habían sido privatizadas, se aseguró la mayoría estatal en la producción de petróleo, se levantó la concesión al canal privado de TV golpista, RCTV, se lanzó el PSUV y se planteó un cambio constitucional que incorpora algunas reformas avanzadas. Pero justo cuando se necesita concretar en hechos algunas de las medidas planteadas, Chávez vacila: un día se declara comunista y otro dice que no es marxista, e insiste en que el socialismo es compatible con la propiedad privada. Ni el mismo Chávez sabe a dónde va. Por otro lado, mantiene su insistencia en denunciar a aquéllos que dentro del movimiento bolivariano quieren llegar a acuerdos con la oposición burguesa o quieren retrasar la reforma constitucional.

De cualquier modo, lo que haga Chávez no va a depender de su voluntad, sino de la dinámica de la revolución y la contrarrevolución. No olvidemos que Fidel y el Che, en un primer momento, no se fijaron el objetivo de una revolución socialista en Cuba. Fue el acoso de EEUU lo que los empujó a expropiar a la burguesía y las multinacionales en la isla. Por otro lado, es un error basar exclusivamente las perspectivas de la Revolución venezolana en lo que pueda hacer o no Chávez. El punto clave es construir una fuerte organización marxista revolucionaria dentro del movimiento bolivariano que emerja como un punto de referencia para las masas trabajadoras.

También la dirección de la central sindical, la UNT, tiene una responsabilidad por la lentitud de la revolución venezolana, tanto su ala reformista como su ala izquierda. El ala izquierda, controlada por la corriente Ccura, tiene una responsabilidad mayor porque es el ala mayoritaria en la UNT. No ha tomado ninguna iniciativa para impulsar la revolución hacia delante. No ha organizado tomas de fábricas, ni planteado la formación de guardias obreras con la exigencia de armas al gobierno, no ha establecido comités obreros que exijan el control obrero en las fábricas donde están presentes, etc. Sólo parece preocuparle el control de la UNT por arriba, en disputa con los sectores reformistas. Por esta razón, no está claro que la UNT juegue un papel clave en la revolución.

El nuevo factor a tener en cuenta es el surgimiento del PSUV, que tiene 5,6 millones de inscritos y 2 millones de militantes efectivos. Será en esta organización de masas donde se disputará la lucha entre revolución y contrarrevolución dentro del movimiento bolivariano porque en el PSUV están los elementos más conscientes de las masas, junto con los elementos burocráticos y reformistas del movimiento bolivariano que tratan de controlar las estructuras del partido.

Es necesario seguir atentamente el desarrollo concreto de la revolución a través de todas sus etapas y tomar en cuenta todos los hechos y datos. Los marxistas deben participar activamente en todos los debates y jugar un papel dirigente en el establecimiento del nuevo partido socialista, el PSUV. Pero deben hacerlo como ala marxista, organizando su intervención como una tendencia claramente delineada.

México

México es un buen ejemplo de la manera en que se mueven las masas. Nuestra corriente afirmó muchas veces que no existía un solo país estable en América Latina. No hace mucho tiempo México parecía un país estable. Pero nuestras perspectivas fueron confirmadas por los acontecimientos del último año. Los grupos sectarios no comprendían nada de lo que estaba ocurriendo. Nos acusaban de apoyar a un partido burgués. El PRD puede ser considerado un partido burgués si se quiere, desde el punto de vista de sus dirigentes y de su política. Pero las masas no lo ven así, como comprobamos el año pasado.

Millones salieron a las calles para protestar contra el fraude electoral y apoyar a López Obrador ¿Dónde estaban todos esos burgueses dentro del PRD? No los había. Era gente común: trabajadores y campesinos. Nuestros camaradas lucharon hombro con hombro con las masas, mientras explicaban simultáneamente su programa y su política intentando impulsar el movimiento hacia adelante.

Este movimiento colosal de millones provocó una crisis de dirección. López Obrador parecía un aprendiz de brujo: desencadenó fuerzas que no podía controlar. Debemos comprender cómo se mueve la clase obrera, a través de sus organizaciones tradicionales de masas, no a través de pequeñas sectas. Pero las masas no pueden estar siempre en la calle levantando barricadas, como imaginan los ultraizquierdistas. Si su lucha no conduce resultado decisivo, el movimiento vuelve a caer por un tiempo. Eso es normal. No tiene sentido desesperarse por eso.

Sobre la superficie, parece que el Presidente espurio, Felipe Calderón, ha ganado. Pero la lucha no ha terminado todavía. El gobierno de Calderón es débil y está dividido. La clase dominante mexicana es demasiado débil para aplastar el movimiento de masas en esta etapa, pero la clase obrera no pudo todavía terminar el trabajo, por culpa de su dirección. El resultado es un equilibrio inestable. Pero no durará mucho tiempo.

La revolución mexicana ha comenzado. Calderón está intentando reforzar el aparato del Estado, utilizando la cuestión del narcotráfico como una excusa para la represión. Pero, tarde o temprano, la burguesía mexicana y el imperialismo tendrán que entregar el gobierno al PRD como última válvula de escape para detener el movimiento revolucionario. Seguramente López Obrador ganará las próximas elecciones y la burguesía lo tendrá que aceptar. Las masas deberán pasar por la escuela del reformismo y aprenderán de su experiencia. Mientras tanto, es necesario preparar las fuerzas socialistas y revolucionarias en México y construir una organización sólida dentro del PRD que pueda emerger como una tendencia de masas en los próximos años.

La revolución andina

En Bolivia, la revolución está alcanzando un punto crítico. Morales ha promovido algunas reformas: ha nacionalizado algunas empresas, ha incrementado los recursos del Estado al conseguir mayores ingresos de la exportación de los hidrocarburos, hay mejoras en la salud y la educación, pero son reformas insuficientes.

Los hechos han confirmado la trampa que supuso la convocatoria de la Asamblea Constituyente y el carácter equivocado de esta demanda, que con tanto énfasis era reclamada por los reformistas y los grupos sectarios. Después de año y medio, la Asamblea Constituyente no ha podido aprobar ni un solo artículo de la futura Constitución boliviana. Los debates están empantanados, como preveíamos. Se necesita el 66% de los votos de la Asamblea para aprobar cada artículo y el MAS no alcanza ese porcentaje. Ahora el MAS dice que elaborará su propia Constitución y la someterá a Referéndum popular, e invita a la oposición a que haga lo mismo.

También hubo movilizaciones a favor y en contra de la propuesta de la derecha de restaurar la capitalidad política de Bolivia en Sucre, que actualmente reside en La Paz.

Por su parte, las conspiraciones de la contrarrevolución continúan. En agosto las oligarquías de Santa Cruz y otros departamentos convocaron una huelga general cívica (un paro patronal) que tuvo un seguimiento desigual en sus zonas. Los obreros y campesinos de Santa Cruz se opusieron y las bandas fascistas se dedicaron a crear el terror en los barrios. El Prefecto (gobernador) de Santa Cruz ha vuelto a defender la partición de Bolivia entre el Oriente (la zona más rica) y el Occidente (la más pobre). Ahora, el Prefecto (gobernador) de Cochabamba, que fue derribado por una movilización popular en enero pasado y repuesto por orden del gobierno, ha exigido la dimisión de Morales y el MAS respondió con un llamamiento a la movilización de obreros y campesinos.

Pese a todo Morales mantiene un apoyo superior al 60%. El problema es que no organiza esta fuerza para terminar la revolución y expropiar a la oligarquía. Los reformistas temen la guerra civil, pero si la contrarrevolución se impone habrá una carnicería contra los obreros y campesinos.

La COB, la central sindical, está borrada de los acontecimientos. El llamado a constituir un partido revolucionario quedó en la nada, por el momento.

La convocatoria de la Asamblea Constituyente tuvo el efecto de desmovilizar a las masas y extender las ilusiones en que la futura Constitución lo resolvería todo. Las masas aprenderán de la experiencia y comprenderán que fueron engañadas. Es inevitable, por lo tanto, un nuevo alza revolucionaria de las masas ante el descontento con las provocaciones de la contrarrevolución burguesa e imperialista y por el retraso de las reformas prometidas, como la reforma agraria, y otras. Lo que se necesita es un partido revolucionario de masas que dirija las energías de los trabajadores y campesinos hacia la revolución socialista. El trabajo en la COB y en la base del MAS es esencial para preparar esta perspectiva.

En Ecuador hay como una repetición del proceso venezolano, pero de manera más acelerada. Ahora tuvieron lugar elecciones a la Asamblea Constituyente donde Correa consiguió una victoria aplastante, el 70% de los votos. Como en Bolivia, la Asamblea Constituyente no resolverá nada, aunque a corto plazo despertará algunas expectativas en las masas, que abandonaron las calles temporalmente. A diferencia de Morales, Correa sí tiene la fuerza suficiente en la Asamblea para imponer su modelo constitucional. Pero las conspiraciones contrarrevolucionarias continuarán, preparando una nueva respuesta de las masas. Como en Venezuela, el proceso en Ecuador será prolongado por la debilidad de la reacción y por la ausencia del factor subjetivo en esta etapa.

En Perú, como preveíamos tras la victoria ajustada de Alan García en las elecciones hace año y medio, las masas salieron a la calle para exigir cambios en sus condiciones de vida. Hubo huelgas regionales en el interior del país y una lucha muy dura de los docentes. El pasado 11 de julio la central sindical CGTP convocó la huelga general más extensa en años. 50.000 trabajadores marcharon por las calles de Lima en la protesta más grande desde la caída de Fujimori. Ahora se formó un frente entre los sindicatos, la izquierda y los nacionalistas de Humala. No está claro que García termine su mandato de 4 años. La tarea principal ahora es impulsar una tendencia marxista en los frentes de masas que están formándose para organizar a los elementos más avanzados.

Brasil, Uruguay, Chile

La victoria de Lula en las elecciones presidenciales de 2006 confirmó la enorme lealtad de los trabajadores a sus organizaciones tradicionales de masas. Los sectores impacientes que abandonaron el PT para formar el PSOL se marginaron del movimiento real de la clase obrera y de jugar un papel determinante en los acontecimientos. Aunque recogieron bastantes votos de trabajadores descontentos con la política de Lula en la primera vuelta, esos mismos votos fueron a Lula en el Ballottage, donde incluso sacó más votos, pese a que el PSOL llamó a votar en blanco.

Ahora el PSOL está dividido y ni siquiera defiende un programa reformista de izquierda avanzado, mucho menos un programa socialista. Su principal dirigente, Heloisa Helena está contra el derecho al aborto y no defiende la expropiación de los latifundios.

Los sectarios también quedaron retratados de cuerpo entero con su intento criminal de escindir la central sindical, la CUT, con la formación de un pequeño sindicato “rojo”, el CONLUTAS. El PC también se sumó a estas maniobras por intereses de aparato y encabezó otra escisión. No obstante, la CUT sigue agrupando al 70% de la clase obrera organizada sindicalmente.

Los trabajadores brasileños tienen que terminar su aprendizaje en la escuela del reformismo sin reformas y con las políticas procapitalistas de Lula. Éste, está cada vez más alejado de los trabajadores. Habla como un nacionalista burgués y, a medio plazo, terminará repudiado por sus bases.

Es significativo que mientras que Lula se abrazaba con Bush en Brasilia, el PT organizaba manifestaciones contra la presencia del presidente de EEUU. Mientras que el Senado brasileño se mostró en contra del levantamiento de la concesión a la cadena de TV golpista RCTV de Venezuela, el PT publicó un comunicado a favor de la medida.

También es significativo que el congreso del PT celebrado el 1º de septiembre, reafirmara el carácter socialista del partido y su objetivo de luchar por el socialismo, en contra de la opinión del ala derecha del PT, apoyada por Lula.

El PT, pese a la degeneración de sus dirigentes, es un partido enraizado en la clase obrera. Mañana habrá grandes posibilidades de desarrollo dentro del PT, como resultado de la lucha entre los reformistas y el ala izquierda, que debe ser fortalecida y desarrollada.

En Uruguay, el gobierno de Tabaré está cada día más comprometido con el imperialismo de EEUU y las políticas procapitalistas. Uruguay firmó un tratado sobre inversiones con EEUU, el TIFA, que si bien no es un tratado de libre comercio, con eliminación de aranceles, sí podría ser un primer paso en ese sentido. Esto ha provocado la aparición de fisuras importantes dentro del Frente Amplio (FA).

Hubo varios intentos de la burguesía para acelerar el desgaste del gobierno de Tabaré. Primero fue con el tema de las papeleras, obligando a Tabaré a defender los intereses de las multinacionales; y luego cuando la patronal organizó un paro empresarial en contra de la suba de precios de los combustibles a las empresas de transporte para financiar el congelamiento del boleto. Como prueba del temperamento revolucionario de los trabajadores uruguayos, la central sindical, PIT-CNT convocó una huelga general en respuesta, haciendo recular la medida de fuerza de los empresarios.

Es evidente que el gobierno frenteamplista sigue gozando de un apoyo aplastante en las masas, pese al descontento popular con algunas de sus políticas. Esto ha llevado al desencanto de sectores de izquierda del FA que están experimentando un cierto aislamiento porque las masas todavía no perdieron sus ilusiones en el gobierno. Hay tendencias escisionistas en estos sectores que repiten los errores sectarios del PSOL en Brasil en relación al PT. Pero no hay alternativa al FA en Uruguay.

La construcción del partido revolucionario en Uruguay se dará a través de un trabajo prolongado en el interior del FA, interviniendo en las contradicciones y crisis que estallarán en su seno. Tarde o temprano, el FA experimentará crisis y una polarización interna conforme se profundice el malestar de las masas con su gobierno. Ya hubo un anticipo de los desarrollos futuros dentro del FA, cuando las bases frenteamplistas, la PIT-CNT y otros grupos de izquierda organizaron movilizaciones de masas contra la visita de Bush a Uruguay el mes de marzo, cuando fue invitado por Tabaré.

Chile, como México hace un año, parecía el país más estable de América Latina. Pero eso ya terminó. Después de las movilizaciones de los estudiantes hace año y medio asistimos a la irrupción del proletariado chileno exigiendo mejores condiciones de vida. Vimos una huelga general indefinida del proletariado minero del cobre, y luego la huelga los trabajadores mineros de las subcontratistas de la estatal Codelco. Hace unos meses un trabajador fue asesinado por la policía en una protesta laboral. Y a fines de agosto, la central sindical, CUT, convocó una jornada nacional de lucha contra la política social del gobierno que tuvo el apoyo del Partido Comunista y, lo que es más sobresaliente, del Partido Socialista que participa en el gobierno de Concertación de Bachelet. Pese a que el gobierno prohibió la marcha en la capital Santiago, en la misma participaron decenas de miles de trabajadores que fueron reprimidos por la policía y terminó con decenas de heridos y 600 detenidos.

El “milagro económico chileno” no fue tal. Estuvo basado durante décadas en las leyes represivas de la dictadura, que aún se mantienen, y en la sobreexplotación de los trabajadores. Estos han dicho que ya es suficiente y todo el ambiente social en Chile ha cambiado completamente en unos pocos meses.

En Chile, como en el resto de América Latina, se preparan acontecimientos tormentosos que sacudirán de arriba hacia abajo a las organizaciones de masas de la clase obrera.

El proceso de la revolución latinoamericana

El proceso de la revolución socialista latinoamericana será prolongado. Esta no era la situación en el pasado, cuando una situación prerrevolucionaria se movía rápidamente a la revolución o a la contrarrevolución. ¿Por qué? Porque hay un equilibrio de fuerzas de clase muy favorable. Como en México, Venezuela, y en todas partes, la burguesía no es suficientemente fuerte para aplastar el movimiento revolucionario, pero los trabajadores no pueden tomar el poder por la falta de una dirección revolucionaria. Esto explica la naturaleza prolongada del proceso. Pero más pronto que tarde esto debe solucionarse en un sentido o en el otro. Los imperialistas comprenden lo que nosotros comprendemos. Ellos saben que la actual correlación de fuerzas inestable no puede mantenerse. Y están preparándose.

Es necesario construir las fuerzas del socialismo revolucionario genuino. Se dispone de algo de tiempo para construir estas fuerzas, pero no un tiempo indefinido. La clave de la revolución es construir una poderosa organización de cuadros en los países más relevantes en el tiempo más corto posible.

Los marxistas debemos basarnos en los procesos fundamentales, y no en éste o aquél hecho accidental. No existen esquemas que lo expliquen todo. Debemos partir del mundo tal cómo es y de la lucha de clases y del movimiento obrero tal cómo son. Tenemos que aproximarnos a las cosas dialécticamente. Verlas en su presente y en su pasado, y tratar de prever cómo se desarrollarán en el futuro. La lucha de clases tiene un cierto ritmo. Las treguas en la lucha de clases son inevitables. Más aún, no siempre es conveniente que las masas estén en una agitación constante.

Existen muchas analogías entre la lucha de clases y las guerras. Las guerras no consisten en batallas permanentes. Las batallas son la excepción y en medio de ellas hay períodos largos de inactividad. Tales períodos deben ser utilizados para limpiar las armas, cavar trincheras, instruirse y reclutar fuerzas nuevas. Todo ello con el objetivo de preparar la próxima batalla, que vendrá más pronto de lo que imaginamos. Debemos razonar como buenos soldados. Debemos utilizar las pausas de la lucha de clases para construir nuestras fuerzas y perfeccionar nuestra organización. Los trabajadores no siempre están preparados para luchar, es verdad. Pero tomemos el caso de Bolivia, donde la clase obrera protagonizó dos huelgas generales insurreccionales y derribó dos gobiernos en el espacio de 18 meses ¿Qué más se le puede pedir a la clase obrera? El fracaso en la toma del poder no fue debido al bajo nivel de conciencia de las masas sino a la ausencia de una dirección revolucionaria.

En todos los países la situación puede cambiar muy rápidamente. Hay que estar preparados para no ser tomados por sorpresa. Bajo ciertas condiciones, los elementos más atrasados pueden convertirse en los más avanzados, como conocemos por la dialéctica y la historia. La revolución rusa de 1905 comenzó con una marcha pacífica de obreros que llevaban imágenes del zar e íconos religiosos, y estaban dirigidos por un sacerdote. Los marxistas eran una pequeña minoría y estaban completamente aislados de las masas. Luego se produjo la masacre del 9 de enero y la conciencia de las masas se transformó en 24 horas.

¿Qué lección podemos sacar de la revolución venezolana? ¿Cómo puede explicarse la rápida subida de Chávez al poder? No por sus poderes mágicos. El proceso de descontento ya estaba presente en las masas, pero no encontraba un vehículo a través del cual pudiera expresarse. Una vez que encontró un medio de expresión, inundó las calles en un movimiento imparable que ha durado cerca de 10 años. Es realmente sorprendente que un movimiento revolucionario dure tanto tiempo. Las elecciones de diciembre del 2006 mostraron un apoyo del 63% de la población a Chávez, después de 9 años de iniciado el proceso ¡Esto muestra una elevada conciencia revolucionaria por parte de las masas! La conciencia de clase no viene medida solamente por las huelgas. Si los trabajadores son bloqueados en el frente industrial buscarán una salida en el frente político, y viceversa. Pero se moverán sólo a través de sus organizaciones tradicionales de masas, porque las masas no se interesan por los grupos pequeños, incluso si tienen ideas correctas, que nunca es el caso de los grupos sectarios.

En el período turbulento que está abriéndose veremos grandes crisis en las organizaciones tradicionales de masas en una cierta etapa y si se ha sido capaz de construir fuertes organizaciones de cuadros en su interior, todo estará preparado para el surgimiento de tendencias marxistas revolucionarias de masas que estarán en condiciones de dirigir a la clase obrera a la toma del poder.


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