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A 25 años de la Guerra de Malvinas Imprimir Correo electrónico
Escrito por Gustavo Valdés   
Jueves 12 de Abril de 2007 19:00
Hace 25 años se iniciaba la Guerra de Malvinas, una de las acciones (de las últimas) más estúpidas y desesperadas de la última Dictadura Militar, que terminó enfrentándola al Imperialismo Británico, y que sólo buscaba ganar tiempo y prestigio antes de que las masas trabajadoras de Argentina arrasaran con su poder pero también amenazaran peligrosamente al de la burguesía

Lecciones de una guerra reaccionaria

ace 25 años se iniciaba la Guerra de Malvinas, una de las acciones (de las últimas) más estúpidas y desesperadas de la última Dictadura Militar, que terminó enfrentándola al Imperialismo Británico, y que sólo buscaba ganar tiempo y prestigio antes de que las masas trabajadoras de Argentina arrasaran con su poder pero también amenazaran peligrosamente al de la burguesía.

Las Mentiras. La Guerra y sus causas

Para 1982 la Dictadura Militar, feroz y ardientemente contrarrevolucionaria, que comandaba en ese momento Galtieri, llevaba 6 años en el poder, tras el golpe contrarrevolucionario de marzo del `76 que tuvo como objetivo aplastar el poderoso ascenso revolucionario de masas.
En este tiempo tan breve el descrédito de la Junta Militar era tan grande -como los crímenes y la corrupción que producía-, que ni el más desprevenido podía ignorar que la misma caminaba al borde del abismo.
Para ese año 1982, la mayor parte de los que iban a pasar a ser los “30.000” ya estaban desaparecidos o asesinados; entre ellos prominentes mujeres y hombres de la política, el sindicalismo, la cultura, la ciencia, y el deporte del país, mientras otros miles estaban encarcelados y torturados, o exiliados en el exterior.
El desempleo estaba creciendo, el índice de inflación rondaba el 150 %, la economía iba de mal en peor, y el movimiento por los derechos humanos se hacia más fuerte y prestigioso de la mano y lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO.
El emergente más contundente de este cuadro fue una masiva manifestación el 30 de marzo en Buenos Aires, convocada por la CGT, que terminó con más de 2000 detenidos y centenares de heridos tras la durísima represión.
La dictadura necesitaba entonces desviar de manera urgente el movimiento de masas, y el manotazo de ahogado fue una guerra.
Pudo haber sido con Chile, pero la ingenuidad y cobardía de los militares argentinos los decidió por Malvinas, sólo porque daban por descartada la posibilidad de entrar en combate allí.
La Guerra entonces pudo haber sido en cualquier punto fronterizo, lo importante es que hubiera un conflicto en el que la Junta apareciera creíblemente victoriosa, cual salvador de la Patria.
Inglaterra tenía sus propios problemas y Malvinas no era uno de ellos. Desde hacia un tiempo venía negociando la entrega de las Islas a Argentina debido al fuerte ajuste interno y el alto costo de manutención de los isleños, sin producción propia ni mayores recursos explotados.
Aunque ni el gobierno de Thatcher ni la Junta querían realmente ir a la guerra y a ninguno de los dos gobiernos le interesaba ni las Islas ni sus habitantes, es probable que, debido a la fuerte crisis interna y a la casi segura pérdida del poder en las elecciones, un sector de los conservadores británicos cambiara a medio camino y dieran a entender a la Dictadura Militar que no reaccionarían en caso de invasión para animar a la misma a hacerlo, obteniendo así una preciosa excusa para el conflicto. Sea como sea y en última instancia, fueron las prisas de la Junta por imponer a Gran Bretaña una solución “de hecho” en el tema de Malvinas y el sentimiento herido en el prestigio del imperialismo británico al ver invadida una parte de su territorio, lo que precipitó el conflicto. Como reconociera honesta y cínicamente el compinche de Bush, Tony Blair: que haría lo mismo que hizo Thatcher si él hubiese estado en la misma situación “porque era lo correcto”. No habló de los derechos de los isleños, ni de los derechos de Inglaterra sobre las Islas por una razón muy simple: para una potencia imperialista como Inglaterra el prestigio no es sólo un detalle sino que es una premisa que debe quedar clara para todo el mundo, y la invasión argentina de las Islas lo ponía en duda, todo lo demás no importa. Para desgracia de los militares genocidas esto se les pasó por alto, sin duda debido a sus apuros.
Por ello, Thatcher, ante la inminencia de un acuerdo por mediación de los Estados Unidos, ordenó el criminal hundimiento del Crucero Gral. Belgrano, fuera del área de exclusión, que costó la vida a 323 soldados, para forzar una salida militar. La guerra entonces, tenía un carácter reaccionario; por los intereses de clase que la causaron –sea ya la Dictadura Militar, sea ya el imperialismo inglés-, y por quienes la guiaron.

Más mentiras. El Anti-Imperialismo que nunca fue ni será

Pero la guerra que deseaba la Dictadura Militar era sólo nominal, o -por decirlo actualizadamente- casi virtual.
Un análisis de sus acciones así lo demuestra. Salvo la invasión de las Islas (la principal acción militar) todos los demás detalles cuidaban de “no herir” susceptibilidades en el Imperialismo, no fuera que accidentalmente llevase a una guerra contra él.
Se planeó una invasión sin muertos (el único muerto en la operación del 2 de abril fue un oficial argentino) ni heridos entre los ingleses, no se tocaron bienes ni capitales ingleses, y siempre se intentó -subterráneamente –negociar una salida decorosa al conflicto, salvaguardando intereses ingleses. Tanto, que abría la posibilidad de que resuelto el conflicto a favor de la Dictadura, en las Malvinas operase monopólicamente la British Petroleum.
La Dictadura además creyó, no sin razón, que el imperialismo yanqui la apoyaría debido al rol de perro faldero que ella jugaba para el mismo. La Dictadura prestaba hombres, formación e inteligencia en la represión clandestina contra los movimientos revolucionarios en América Central y, desde ya, en América del Sur con el plan Cóndor.
El Antiimperialismo de los Genocidas podía llevar a reclamar por puestos fronterizos, islas o canales, mientras entregaban el país a capitales extranjeros y sus socios aquí, para que manejaran la economía del país, desindustrializándolo y entregando sus recursos.
No se podía escuchar música en inglés, pero en ningún momento amagó la Junta con tomar medidas contra la banca extrajera o las cientos de miles de hectáreas en manos de capitalistas ingleses.
Para hacerles el favor de “avivar” a la Dictadura, el mismo 2 de abril, Thatcher sí bloqueó todas las cuentas argentinas en los bancos del Reino Unido, y el capital extranjero inició un fuerte boicot contra Argentina fugando capitales del país sin problemas.
Esta era la verdadera relación entre los genocidas y el imperialismo. Nada de Antiimperialismo, sólo socios menores de los grandes saqueadores, relación de sometimiento, que no era quebrada ni siquiera en vísperas de un enfrentamiento militar frontal.

El Antiimperialismo bien entendido empieza por casa

La mayor parte de la izquierda en Argentina tuvo frente a la Guerra, un posicionamiento vergonzante, poniéndose del lado de la aventura militarista de la Dictadura, perdiendo la perspectiva de la lucha por el socialismo desde una absoluta independencia de clase.
Sólo la derrota militar en Malvinas (elemento que la izquierda, incluso manejándolo como un hecho concreto, lo usó como argumento a su favor) le ahorró (y sólo un poco) un papelón mayor en el plano de la teoría y la praxis revolucionaria.
La cadena de confusiones arranca con un erróneo análisis de Argentina como país semicolonial oprimido.
Desde este error, su continuidad (una verdadera concepción “etapista”) fue afrontar la guerra contra el Imperialismo Inglés como una “guerra de liberación nacional” apoyando a la Dictadura Genocida.
Esta guerra de “liberación nacional” sólo existió en la febril mente de algunos dirigentes de izquierda, porque Argentina es un país formalmente independiente y soberano en todo su territorio desde hace unos 200 años y porque claramente Inglaterra no venía a librar ninguna guerra de conquista ni a efectuar ninguna invasión continental, aunque sus acciones sí tuvieron un carácter imperialista, ya que el envío de la flota tenía el objetivo de defender los intereses y el prestigio del imperialismo. Así, las tropas argentinas tampoco iban a liberar ciudadanos argentinos, porque no los había en las Islas.
Pero incluso, aunque aceptáramos el argumento de que Argentina es un país semicolonial oprimido (que no lo es) y, esforzándonos aún más, aceptáramos la falsa argumentación de librar una guerra de liberación nacional, abandonar por parte de los marxistas la independencia de clase de la burguesía nacionalista, yendo de pleno contra los intereses de la clase obrera, es absoluta y totalmente intolerable.
La diatriba de “PATRIA SI-COLONIA NO” como demagogia antiimperialista que durante décadas usara el peronismo como sustentación de su base ideológica, desviando los sanos y honestos sentimientos de la clase obrera contra el Imperialismo tras el carro pernicioso y nefasto del nacionalismo burgués, pareciera que además de hacer mella en los trabajadores argentinos, lo hizo también y especialmente en la cabeza de algunos dirigentes de izquierda, tan pedante y despectiva frente al peronismo y su relación con la clase obrera.
La única lucha que la Dictadura, en tanto sector dirigente de la burguesía reaccionaria argentina, estaba preparada para llevar adelante, era contra el propio pueblo argentino.
La guerra es la continuación de la política por otros medios, y Malvinas no fue la excepción a ello. La política interior de terrorismo de Estado, genocidio, censura, apropiación de identidad y entrega al capital extranjero, tuvo su continuidad en política exterior con la Guerra de Malvinas (guerra de verdad, no la que libró contra el pueblo) donde el heroísmo, el sufrimiento y el combate lo pusieron soldados jóvenes, sin instrucción, subalimentados, mal pertrechados y armados, y hasta torturados y asesinados por el propio ejército, cuyos oficiales y generales se rindieron sin combatir.
Dice José Galván, presidente del CESEM: ...”resulta que el 90% de las medallas las tiene el personal de carrera, ¿qué pasó?¿los conscriptos no peleamos?
Pero el informe RATTENBACH, pedido por las propias Fuerzas Armadas en el mismo año 1982 es aún más claro: sobre el Gral. M.B.Menéndez dice “no exhibió ni evidenció las aptitudes de mando y arrojo indispensables en la emergencia y no fue en esa oportunidad –única en su vida militar- ejemplo y figura que la situación exigía frente a las tropas”.
Encuadra y recomienda según Código de Justicia Militar a Galtieri, Anaya, Mabragaña y Reposi en delitos que merecen desde la pena de Muerte a reclusión perpetua. Igualmente para Astiz que ...”rindió su tropa al enemigo sin efectuar la debida resistencia”.
El informe destaca que en la tropa –soldados rasos, conscriptos y algunos suboficiales- es donde se cuentan numerosos actos heroicos, frente a la ineptitud y cobardía de los mandos superiores.
Como se ve, en Malvinas la Dictadura Militar fue consecuente: feroz, salvaje y asesina en su frente interno, y cobarde y claudicante frente al imperialismo.
La marea de patriotismo venenoso (sólo pasajera) no podía tapar todo esto. No para los marxistas. El Frente Único Antiimperialista con la Junta fue una trampa. Aunque lo más grave no fue sólo caer en ella, sino no admitir aquella desorientación con franqueza 25 años después.
En cuanto a nuestra corriente la posición es y fue muy clara. En 1982 y través de Ted Grant sosteníamos:
“ni los trabajadores argentinos ni británicos tienen nada que ganar con este conflicto, una victoria de uno u otro lado significaría el fortalecimiento de su propia clase dominante.”
“en Argentina, el papel de los marxistas debe consistir en una oposición hábil a la guerra señalando la situación catastrófica de la economía causada por la casta militar.
(...) Pero los marxistas demostrarán la incapacidad de la Junta Militar para llevar a cabo una guerra revolucionaria, sin la cual la victoria argentina sobre Inglaterra, (...) está prácticamente descartada.
(...) Los propósitos de la Junta no pueden ser los propósitos de la clase obrera, sea en política interna, sea respecto de la política externa. Para los capitalistas la guerra será rentable. Para los obreros y soldados la guerra significará sufrimientos y muerte.”
(Ted Grant, La crisis de Malvinas: Una respuesta socialista Mayo 1982)
Por eso, la posición verdaderamente socialista durante el conflicto de Malvinas era denunciar las verdaderas razones de la Junta para efectuar la invasión y el carácter reaccionario de la misma. Al mismo tiempo, una vez iniciada la guerra, y tomando en cuenta la opinión favorable inicial y lógica de la población argentina a la misma, la izquierda debería haber explicado que para librar una guerra genuinamente antiimperialista contra Gran Bretaña la condición suprema era el derrocamiento revolucionario de la Junta Militar y el establecimiento de un gobierno obrero y popular, porque sólo con métodos revolucionarios se podría librar una guerra antiimperialista, vinculando la lucha contra el imperialismo británico con la lucha por el socialismo en Argentina. Ese gobierno obrero debería instar a la clase obrera británica a que hiciera lo propio contra la Thatcher y, en esas condiciones, encontrar una salida amistosa, fraternal y obrera al tema de Malvinas, como por ejemplo a través de una Federación Socialista de Argentina y Gran Bretaña en el marco de una Federación Socialista de América Latina.

El socialismo como respuesta integral al conflicto de Las Malvinas

La cuestión de Malvinas sólo puede resolverse con métodos revolucionarios y de clase, desde la perspectiva de que -en acuerdo con la expresión de Marx- la cuestión nacional siempre está subordinada a la cuestión obrera.
En este sentido, este conflicto jamás lo resolverá la burguesía y menos apelando a la guerra, por más himnos y odas patrióticas que entone.
¿Acaso la anexión forzosa de Malvinas implicará para la clase obrera argentina o para los malvinenses el pleno empleo, salud y educación, alimentación y vivienda para todos, control de precios, la banca y el comercio exterior, etc? La respuesta es ¡claro que no!
Y sin estos derechos, la Patria no es nada, y no sólo no vale la pena morir por Malvinas sino por ninguna patria sustentada sobre bases capitalistas.
Pero una revolución socialista y la creación de una Federación Socialista para América Latina si resolvería el conflicto de Malvinas.
Porque permitiría a la clase obrera tener en sus manos el control democrático de la economía, desconociendo la deuda externa, expropiando el capital industrial y agropecuario, planificando la industria y el comercio, garantizando trabajo, alimentación, salud, educación y viviendas para todos.
Esta Federación potenciaría, como jamás ha ocurrido, la riqueza del continente basado en un plan socialista de producción común, que progresivamente iría desdibujando las fronteras nacionales.
Sin interés por territorios o recursos de otros países, trataría amistosamente el conflicto de Malvinas con sus habitantes, sin la distorsión artificial del nacionalismo y la superioridad de la economía planificada con control democrático de los trabajadores sobre el capitalismo, la solidaridad internacional y el respeto por la autodeterminación de los isleños, bastarían para llegar a una Unión Voluntaria, que permitiera el reencuentro con las Malvinas, la paz para nuestros pibes y ex-combatientes, y un futuro sin ricos ni pobres, sin guerras ni fronteras, como proponemos los socialistas.

¡Cárcel y castigo a los Militares responsables de la Guerra!
¡Castigo a los crímenes cometidos por los Militares en las Islas contra combatientes!
¡Condena al Imperialismo Británico por el criminal hundimiento del Crucero Gral. Belgrano!
-Repatriación y reconocimiento de todos los muertos en Malvinas.
-Pensión para todos los soldados excombatientes igual a la canasta familiar.
-Asistencia médica (inclusive psicológica y psiquiátrica) gratuita para todos los soldados excombatientes y sus familiares.
-No a la militarización del conflicto por parte tanto de Argentina como de Inglaterra.
-Por una Federación Socialista para América Latina y la Unión Voluntaria de Malvinas.
-Por la solidaridad internacional entre los pueblos

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