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El sectarismo de izquierda y el referéndum venezolano Imprimir Correo electrónico
Escrito por Aníbal Montoya   
Viernes 30 de Noviembre de 2007 19:00

Con enemigos como éstos, ¿para qué necesita amigos el imperialismo?

La revolución es la prueba suprema para cualquier tendencia revolucionaria que se proponga ayudar a las masas oprimidas a transformar la sociedad. Es en la arena revolucionaria donde una corriente política tiene que demostrar cuán acertadamente absorbió las ideas del socialismo y las lecciones de la Historia durante el período preparatorio previo.

La revolución venezolana está poniendo a prueba a todas las tendencias que se llaman a sí mismas socialistas, revolucionarias y hasta “trotskistas”. Está dejando en claro qué tendencias sirven a la revolución y al desarrollo de la conciencia política de los trabajadores, en Venezuela e internacionalmente, y cuáles son un obstáculo o sirven inconscientemente a la reacción en sus propósitos contrarrevolucionarios, con su accionar equivocado y sus posiciones políticas.

El papel de los revolucionarios

Un partido revolucionario no maldecirá el estado de cosas existente, exigiendo a la realidad condiciones objetivas ideales que le permitan desarrollarse con el mínimo esfuerzo. Nunca existieron esas condiciones ideales, ni en Venezuela, ni en la Revolución Rusa ni en ninguna otra revolución en la Historia. Un partido revolucionario tomará la realidad tal cual es, analizará sus contradicciones internas (las fuerzas opuestas en conflicto y su interrelación mutua) y preverá el desenvolvimiento más probable de los acontecimientos, interviniendo en esa realidad viviente para asegurar las mejores condiciones para el triunfo de la revolución.

Un partido revolucionario es, por encima de cualquier cosa, un grupo de acción. El partido revolucionario siempre tratará de utilizar las herramientas que le proveen el sistema y el estado de cosas existente para agitar y movilizar a las masas haciendo avanzar el movimiento hacia su objetivo final. En esto consistía el famoso “realismo revolucionario” de Lenin que muchos evocan pero que no todos comprenden cabalmente.

Justamente, la tarea de ubicarse en la realidad tal cual es y aprovechar cada oportunidad que se presente para enraizarse en el movimiento de masas, ganar su confianza, crecer y desarrollarse junto a las masas mismas, y convertirse en su vocero más resuelto y consecuente, constituye la propia tarea de construcción del partido revolucionario.
Los sectarios se quejan amargamente de la realidad tal cual es y le exigen a la Historia que les dé todo hecho sin necesidad de arremangarse la camisa, sin meter las manos en el barro. Por eso es habitual que los sectarios siempre aparezcan como espectadores en una revolución, asignándose el papel de “gran fiscal” autoelegido de ese gran drama humano que representa una revolución.

El primer deber: ubicarse en el campo de la revolución

En Venezuela, la tarea primera del revolucionario es ubicarse en el campo de la revolución. Estar del lado de las masas, en su misma barricada, más allá de quiénes sean sus jefes accidentales. En el caso que nos ocupa el movimiento real de las masas (no el ideal, no el que “dictan” ciertos manuales) es el llamado Movimiento Bolivariano. De la misma manera que el movimiento real de las masas revolucionarias en la Rusia del 17 giró alrededor de los Consejos (soviets), de los soviets de obreros, soldados y campesinos de toda Rusia. En él convivían revolucionarios y reformistas, marxistas, socialdemócratas y anarquistas; e incluso elementos burgueses aislados.

Los bolcheviques nunca dudaron de cuál era el campo revolucionario, pese a que inicialmente estaban en minoría dentro de él. Aceptaron el dominio del ala reformista del movimiento mientras que, pacientemente, explicaban a las capas más avanzadas de los obreros, soldados y campesinos las verdaderas tareas de la Revolución. Cuando sentían que la revolución estaba en peligro, a veces como resultado de las propias acciones de los dirigentes reformistas soviéticos, siempre permanecieron al lado de las masas, emplazando a estos dirigentes a políticas de frente único para derrotar al enemigo común, mostrándose como los elementos más luchadores y abnegados. Fue de esta manera que los bolcheviques, en un período corto de sólo unos meses, pudieron conquistar una mayoría sólida en el movimiento revolucionario y en los soviets. Esto fue lo que decidió el destino y el triunfo de la revolución rusa en Octubre del 17.

Los sectarios, fuera del campo revolucionario

Los sectarios, en Venezuela y Argentina, están descontentos con el Presidente Chávez y con el movimiento bolivariano por el lento avance de la revolución en sus tareas socialistas, por la política confusa y vacilante de su dirección, y por la presencia en la misma de elementos reformistas. Pero los sectarios no se conforman con mostrar, ruidosa y estridentemente, su descontento con esto. Van más allá y se niegan a ver en el movimiento bolivariano, en el movimiento real de las masas trabajadoras venezolanas, el campo de la revolución. Como no aceptan su dirección actual, desertan del escenario de batalla real y se declaran “neutrales” entre los dos campos contendientes, el del movimiento de las masas venezolanas (el movimiento bolivariano) y el de la contrarrevolución burguesa e imperialista. Para estas damas y caballeros, ambos campos son por igual enemigos del movimiento de las masas trabajadoras venezolanas; es decir, de un movimiento de masas “ideal”, que no tiene cuerpo ni vida real salvo en sus cabezas.

León Trotsky, que algo entendía de revoluciones, dijo al respecto: “El pensamiento idealista, ultimatista, ‘puramente’ normativo, desea construir el mundo a su propia imagen y simplemente se aleja de los fenómenos que no le agradan. Los sectarios, es decir, la gente que es revolucionaria solamente en su imaginación, se guían por normas idealistas vacías. Dicen: ‘estos sindicatos no nos gustan, no perteneceremos a ellos; este Estado de los trabajadores no nos gusta, no lo defenderemos’. Constantemente prometen empezar de nuevo la historia. Construirán un Estado de los trabajadores ideal, cuando Dios ponga en sus manos un partido y un sindicato ideales. Pero hasta que no llegue este momento feliz, harán pucheros ante la realidad. Un gran puchero, que es la expresión suprema del “revolucionarismo” sectario.
… el pensamiento dialéctico - marxista, bolchevique - toma los fenómenos en su desarrollo objetivo y al mismo tiempo encuentra en las contradicciones internas de este desarrollo la base de realización de sus ‘normas’”. Por supuesto es necesario recordar que las normas programáticas sólo se realizan si son la expresión generalizada de las tendencias progresivas del ‘proceso histórico objetivo’. (León Trotsky. ¿Ni un Estado Obrero ni un Estado Burgués? 25 de noviembre 1937).

La posición de nuestra corriente

La Corriente Marxista Internacional, de la que forma parte la Corriente Socialista El Militante de Argentina, dio desde el principio un apoyo incondicional a la revolución venezolana y reconoció en el llamado Movimiento Bolivariano la expresión genuina del movimiento real de las masas oprimidas venezolanas. Desde el mismo comienzo de la revolución venezolana, hace ahora 9 años, nuestra tendencia fue capaz de prever, como una de las variantes posibles, la evolución del movimiento bolivariano hacia posiciones socialistas, que es lo que ha ocurrido. Por lo tanto, nada de lo ocurrido en los últimos años en Venezuela nos tomó desprevenidos.

Hemos defendido la revolución venezolana en todos los foros e instancias de la lucha de clases y del movimiento obrero internacional. Impulsamos la Campaña Manos Fuera de Venezuela, que está activa en 30 países de los 5 continentes y se ha convertido, por méritos propios, en la principal campaña de solidaridad internacional con la revolución venezolana que existe en el mundo.

Hemos difundido en el movimiento obrero internacional los impresionantes logros de la revolución venezolana, acaso pequeños y de poco interés para los pedantes pequeñoburgueses de clase media que se disfrazan de temibles revolucionarios, pero gigantescos para los trabajadores, los campesinos y los habitantes pobres de los barrios y pueblos de Venezuela. Logros que, en cientos de miles de casos suponen rebasar la frontera entre la vida y la muerte, física y espiritual.

En Venezuela actualmente toda la población tiene acceso gratuito a la salud, desde el tratamiento preventivo hasta las intervenciones quirúrgicas de mayor complejidad. Decenas de miles de venezolanos pobres han sido operados con éxito y gratuitamente en clínicas oftalmológicas de cataratas, miopía, astigmatismo y otras enfermedades y problemas oculares.

En sólo unos años, Venezuela terminó con el analfabetismo, como ha reconocido oficialmente la propia ONU. Se multiplicaron las escuelas primarias y secundarias en todo el país. Las universidades públicas han abierto sus puertas a los hijos de los trabajadores y de los campesinos pobres.

Venezuela ha reafirmado su control sobre sus recursos petroleros, garantizando que el 80% de la renta petrolera permanezca en el país y se destine principalmente a desarrollar las infraestructuras básicas y al gasto social.

La degenerada burguesía venezolana nunca desarrolló el sistema ferroviario, ni siquiera al nivel metropolitano, y eso lo está empezando a hacer desde hace unos años el gobierno del Presidente Chávez. Trayectos que hasta hace unos años suponían 2 horas de viaje ahora se hacen en 15 minutos.

En Venezuela, los productos de consumo básico están subvencionados por el Estado garantizando a toda la población el acceso a alimentos de primera necesidad nutritivos, de calidad y a bajo precio. Se multiplicaron los montos y la escala de las jubilaciones y las pensiones, y demás gastos sociales.

La revolución venezolana puede afirmar con más propiedad que la misma Biblia: “Y los ciegos volvieron a ver, los rengos volvieron a caminar y los hambrientos fueron saciados”.

No es necesario añadir que estos avances en la salud, en la educación y en la alimentación de las masas trabajadoras que muestra Venezuela no pueden ser gozados hoy por millones de trabajadores y sectores pobres en Argentina y demás países latinoamericanos; con la excepción, quizás, de Cuba; o sólo pueden hacerlo al costo de enormes sacrificios y privaciones.

Pero nos atreveríamos a decir que estos pasos adelante en las condiciones de vida de las masas palidecen ante una conquista más preciosa que no puede calibrarse con aparatos de medición ni estadísticas. Y es el despertar de la conciencia y la dignidad de millones de hombres y mujeres normales de las clases oprimidas. Millones de hombres y mujeres comunes que descubrieron que tienen voz propia, que no agotan su existencia en las cuatro paredes de sus casas o de sus lugares de trabajo, que participan en asambleas incontables, en manifestaciones multitudinarias, que militan en sus barrios y empresas, que descubrieron el odio contra la injusticia, los explotadores y el imperialismo. Millones de hombres y mujeres comunes que organizan radios y periódicos comunitarios en sus barrios y pueblos, centros de cultura, actividades deportivas, y que exigen una participación creciente en el control y en la decisión sobre el destino de sus vidas. Esta es la fuente inagotable de donde emana la fuerza revolucionaria de las masas venezolanas, de las masas “bolivarianas”.

¿Por qué los sectarios se oponen a la reforma constitucional?

Es un escándalo y una vergüenza que los grupos sectarios se desgañiten todo el tiempo contra el gobierno venezolano y no dediquen ni una sola línea de sus escritos y discursos a mencionar y rendir tributo a estos pasos adelante que ha traído la revolución venezolana. En esto, y en otras cosas como luego veremos, hacen causa común, sin pretenderlo, con la contrarrevolución burguesa e imperialista.

Donde los sectarios se han cubierto completamente de gloria es con su posición sobre la reforma constitucional en Venezuela, impulsada por el Presidente Chávez y sancionada por la Asamblea Nacional (parlamento). Este proyecto será sometido a referéndum popular el próximo 2 de diciembre.

¿Qué cambios introduce esta reforma constitucional que tan furibundos ataques está recibiendo de la burguesía mundial y del imperialismo, y de nuestros “amigos” los sectarios ultraizquierdistas? Destacamos los siguientes:

- Se promulga la jornada laboral de 6 horas, y la semanal de 36.
- Se otorgan plenos derechos sociales (enfermedad, pensión, invalidez, seguro de desempleo, salud, etc.) a los empleados “informales” que, como sigue ocurriendo en Argentina, no gozaban de ninguno de estos derechos.
- Se prohíbe expresamente la privatización de la seguridad social, del régimen de pensiones, de las carreteras y autopistas y se afirma el control estatal de la explotación, industrialización y comercio de los hidrocarburos y minerales.
- Se prohíben los latifundios y se ordena su transferencia al Estado y a las comunidades campesinas.
-Se afirma expresamente la prioridad de la propiedad social y estatal sobre la privada.
- Se introducen mecanismos de poder popular (Consejos comunales, asambleas populares, consejos de trabajadores, consejos estudiantiles, etc.) que incorporan a las masas populares a tareas de participación y control social, cercenando atribuciones al Estado burgués en intendencias y gobernadurías.
-Se concede el derecho de voto a los estudiantes y trabajadores no docentes para la elección de las autoridades en las Universidades, al que estaban negados hasta ahora.
-Se legalizan las milicias populares como parte integrante de las fuerzas armadas.
-Se formula el carácter antiimperialista de las fuerzas armadas venezolanas.
-La Constitución venezolana formula el carácter socialista de la revolución y del Estado.
Como todo el mundo sabe, los empresarios venezolanos y el imperialismo se oponen frontalmente a estas reformas y están moviendo todos los medios a su alcance, que no son pocos, para desacreditar ante los trabajadores de todo el mundo al gobierno de Chávez y lanzar todo tipo de calumnias y mentiras, como vienen haciendo desde hace años.

¿Un paso hacia la dictadura?

Su argumento favorito es que esta reforma de la Constitución venezolana es el paso previo a la instauración de un Estado “totalitario” y supone un recorte a las “libertades democráticas”.

Cualquier trabajador o joven consciente conoce perfectamente la hipocresía que esconden estas palabras. Para los poderosos, todo lo que ponga límites a sus negocios y ganancias e incremente el bienestar del pueblo trabajador, es un abuso intolerable y un atentado a la “democracia”. No nos van a engañar. Esta misma gente es la que apoyó y organizó las dictaduras sanguinarias en América Latina en los 70’s y 80’s, o la que promueve actualmente la esclavización colonial de los pueblos oprimidos como Irak, Afganistán o Haití. Esta queja amarga por “democracia” tiene un sabor irónico especial viniendo de la misma gente que organizó un golpe de estado contra el gobierno electo democráticamente de Hugo Chávez en abril del 2002. Venezuela disfruta ya de la Constitución más democrática y avanzada del mundo, y esta reforma lo hará todavía más.

Hugo Chávez ganó 8 consultas electorales de todo tipo (elecciones presidenciales, elecciones a la Asamblea Constituyente, elecciones legislativas, referéndums, etc.), la última hace un año con el 63% de los votos.

Lo escandaloso no es que los enemigos de los trabajadores y de todo lo que hay de progresista en la sociedad aúllen desesperados sobre la “falta de democracia” en Venezuela, lo indignante es que algunas corrientes de izquierda “revolucionarias” se sumen al coro de estos reaccionarios y repitan palabra por palabra las mismas calumnias contra la revolución venezolana y Hugo Chávez.

El carácter progresivo de la reforma

¿Cuál debería ser la posición de un grupo revolucionario serio ante las tareas que debe llevar adelante la revolución venezolana y ante esta reforma constitucional?

Una organización revolucionaria seria debería, en primer lugar, saludar los pasos adelante dados por la revolución, ponerse a disposición del movimiento de masas e intervenir en él para hacerlo avanzar, denunciando al imperialismo y a la burguesía que tratan de socavar el proceso revolucionario; en segundo lugar, debería explicar pacientemente el programa socialista que consiste en la nacionalización de las palancas fundamentales de la economía (los bancos, los latifundios y los monopolios), bajo el control democrático de los trabajadores, al mismo tiempo que advierte de las limitaciones de las medidas tomadas si no se rompe decisivamente con el capitalismo y no se dan pasos adelante en la creación de organismos de poder obrero y popular en las fábricas, barrios y pueblos; y, por último, combatir las posiciones de los reformistas y burócratas en el seno del movimiento bolivariano, que obstaculizan las medidas progresistas anunciadas por Chávez y la iniciativa revolucionaria de las masas.

Es verdad que la reforma constitucional impulsada por Chávez no supone una ruptura con el capitalismo, pero sí amenaza parcialmente sus posiciones en la estructura económica y en el aparato del Estado.

Pero más allá de las limitaciones que se le puedan señalar a las reformas impulsadas, lo que es indudable es que introducen medidas progresistas que, independientemente de su aplicación efectiva, facilitan la movilización y la organización de las masas trabajadoras para profundizar la revolución hacia el socialismo.

Todas y cada una de estas medidas constituyen un arma formidable en manos de las masas trabajadoras y de los revolucionarios para movilizar, organizar y profundizar la revolución exigiendo al día siguiente del referéndum que la letra muerta de la Constitución se transforme en realidad viva para avanzar en la mejora de las condiciones de vida de las masas y en su autoorganización revolucionaria.

El carácter contrarrevolucionario de la defensa del voto NO y de la abstención

La burguesía venezolana, el imperialismo y los burócratas reformistas del movimiento bolivariano tiemblan de pavor ante esta perspectiva. Por eso se oponen al referéndum y defienden con todos los medios a su alcance el No o la abstención en el mismo.

Un revolucionario que merezca ese nombre no permanecerá a un costado del camino llorando amargamente por el carácter limitado e incompleto de estas reformas, sino que estará junto a las masas trabajadoras para exigir su aplicación inmediata. Estas aprenderán en su experiencia quiénes, dentro del movimiento bolivariano, son los verdaderos amigos de la revolución y quiénes no, lo que ayudará a desenmascarar a los que, con la boina roja y la palabra revolución, no actúan más que como “quintacolumnistas” del enemigo en el campo revolucionario.

La victoria del No o un porcentaje alto de abstención sería usufructuado por la contrarrevolución. Daría nuevos bríos a sus escuálidas bases sociales de apoyo, tendría un efecto depresor en las masas revolucionarias, incrementaría la osadía de los contrarrevolucionarios infiltrados en el aparato del Estado y el ejército, y recrudecería la campaña internacional del imperialismo contra la revolución venezolana. También tendría consecuencias en la lucha de clases internacional, porque igualmente reforzaría la confianza de las burguesías locales en América Latina e internacionalmente y su arrogancia contra la clase obrera y demás sectores populares. Y en sentido contrario, una victoria aplastante del Sí reforzaría la confianza de las masas venezolanas en sí mismas para exigir nuevos avances en la revolución. El mismo efecto tendría en las masas trabajadoras latinoamericanas para quienes Venezuela se ha convertido en un faro de esperanza. No ver las consecuencias progresivas o reaccionarias del resultado del referéndum constitucional demuestra una miopía colosal. La burguesía y el imperialismo sí lo tienen muy claro por eso arrecian su campaña reaccionaria contra Venezuela conforme nos acercamos al 2 de diciembre.

El cretinismo democrático

Por supuesto, que estas disquisiciones no preocupan en absoluto a nuestros “amigos” sectarios. Ya mencionamos antes la posición de esos grupos sobre la revolución venezolana en general ¿Cuál es su posición sobre la reforma constitucional que será sometida a referéndum popular el próximo 2 de diciembre?

Estos “amigos” de la Revolución afirman que los cambios introducidos en la Constitución traerán el peligro del “bonapartismo” (dictadura) y “atentan contra los derechos democráticos”. Con “amigos” como éstos, ¿quién necesita enemigos?

En Argentina, grupos como el Partido Obrero, el PTS, y otras agrupaciones menores como Izquierda Socialista, o el MAS (por no mencionar a las demás) defienden orgullosamente esta posición y por eso piden a las masas venezolanas el voto NO o la abstención en el referéndum del 2 de diciembre, exactamente como la burguesía y el imperialismo.

Observemos que su crítica al “cesarismo” y al “bonapartismo” de Chávez va en la línea de la crítica burguesa. En el colmo de su cretinismo “democrático” los sectarios exigen la convocatoria de una Asamblea Constituyente en lugar de un referéndum, como si ocho consultas electorales sucesivas en 9 años (elecciones presidenciales, asamblea constituyente, referéndums, elecciones legislativas) ganadas democráticamente por Chávez (la última con un apoyo del 63% de los votos hace un año) no fueran suficientes credenciales democráticas del régimen.

Han llevado el doctrinarismo ultraizquierdista hasta las últimas consecuencias, colocándolos en la incómoda posición de aparecer al lado de la contrarrevolución burguesa e imperialista en todas las cuestiones fundamentales.

Así ocurrió cuando el gobierno venezolano decidió no renovar la concesión al canal de TV golpista y de derecha, RCTV, medida que criticaron porque “era un ataque a la libertad de expresión”. El mismo argumento que utilizó la reacción. Como si un gobierno legitimado 8 veces por la voluntad popular no debiera tomar medidas de autodefensa contra los burgueses que monopolizan los servicios públicos (como el espacio radioeléctrico) para enriquecerse con el engaño y el embrutecimiento de la población, y sobre todo para participar en conspiraciones para derribar a un gobierno apelando abiertamente a un golpe militar y al asesinato del presidente del país, como era el caso de RCTV.

La causa de estos errores (y horrores) es que ellos consideran enemigos por igual al gobierno venezolano que la burguesía y el imperialismo norteamericano que lo quiere derribar. Al asumir una posición neutral entre los dos campos de batalla, en una guerra donde se debate la vida y la muerte de la revolución y el futuro de millones de trabajadores, ayudan a la reacción al desertar del campo de batalla. No hay terceras vías. O con las masas y el campo revolucionario, con todas sus debilidades, vacilaciones y equivocaciones explicando pacientemente un programa y una política genuinamente socialista; o con la burguesía y el imperialismo.

¿Socialismo en Venezuela, pero no en Argentina?

En cualquier caso, hay algo muy gracioso en todo esto. Todos estos revolucionarios “temibles” dicen oponerse a la reforma constitucional venezolana porque no supone una ruptura fundamental con el capitalismo. Dicen que esta reforma no plantea la expropiación efectiva de la banca, ni de los monopolios privados, ni tampoco de los latifundios. Pero resulta curioso que todos estos grupos “rrrrrevolucionarios” y “super socialistas” tampoco defendieron en Argentina un programa socialista en las pasadas elecciones presidenciales del 28 de octubre, como tampoco lo hicieron en las elecciones de años anteriores. Ni el PO, ni el FITS (frente del PTS-MAS e Izquierda Socialista) ni los agrupamientos más chicos tuvieron el valor de defender un genuino programa socialista en las elecciones. Ninguna de estas listas defendió la nacionalización de la banca, de los monopolios privados ni de los latifundios, sin indemnización y bajo control obrero. Y esta misma gente tiene el “tupé” de exigirle a Chávez que haga lo que ellos mismos no son capaces de defender “de palabra” en nuestro país. Es difícil imaginar un despropósito mayor.

Afortunadamente este tipo de tendencias no tienen apenas relevancia en el movimiento revolucionario venezolano y allá donde aparecen son recibidas con un merecido desprecio por los trabajadores. Pero, lamentablemente, como también es el caso de Argentina, maleducan, pervierten y destruyen a cientos de jóvenes y trabajadores genuinamente revolucionarios que invariablemente terminarán “quemados” y desmoralizados con su experiencia con estas políticas sectarias.

Lo más grave es que estas posiciones políticas resultan muy útiles a la contrarrevolución porque la ayudan a enmascarar sus objetivos reaccionarios detrás de un “frente amplio” que va de derecha a izquierda bajo la divisa de “defensa de la democracia”. Al mismo tiempo, ensucian el nombre del “marxismo” y del “trotskismo” ante capas amplias de la clase trabajadora y la juventud.

Por un voto masivo a favor del SI

No nos cabe ninguna duda de que los trabajadores venezolanos y demás sectores populares de la sociedad se guiarán por su instinto de clase y se agruparán masivamente alrededor del voto por el “SI” en el referéndum. De esta manera, colocarán en el lugar que se merecen a la burguesía contrarrevolucionaria y al imperialismo, pero también a los grupos sectarios de izquierda que les sirven a éstos de coro animador para sus objetivos reaccionarios.

Las masas trabajadoras venezolanas inaugurarán con su victoria en el referéndum del 2 de diciembre un nuevo capítulo de la revolución venezolana y exigirán al día siguiente la aplicación práctica de esta reforma, lo que sólo será el preámbulo de luchas y ofensivas revolucionarias más audaces que acercarán la posibilidad cierta de la transformación socialista de la sociedad, en Venezuela y más allá.