Arte y cultura
ES LA PERPETUA LUCHA POR SOBREVIVIR Imprimir Correo electrónico
Escrito por Cristian P. Chocas Fernández   
Miércoles 22 de Junio de 2005 19:00
No es suficiente contemplar los problemas del mundo. Hace falta cambiarlo. Pero primero, hace falta comprender las razones de porqué las cosas están como están. Sartre participó en los sucesos más importantes de su época. Sin embargo el existencialismo era insuficiente para conocer lo que nos rodea. Una completa visión del mundo, la naturaleza, la sociedad y el pensamiento humano sólo no las puede dar el materialismo dialéctico.

EN MEMORIA DEL CENTENARIO DE SARTRE


“cada ser humano está solo, abandonado y libre. Cada cual crea y recrea su esencia en todo momento, y gracias a sus elecciones y acciones.” J. Sartre



Jean Paul Sartre nació en París el 21 de Junio de 1905. En 1964 se le concedió el premio novel de literatura, que rechazo por motivos políticos. En los años 60 apoyo la revolución cubana e integro un tribunal para investigar los crímenes de guerra de Estados Unidos en Vietnam. Llego a solidarizarse y aproximarse con varias tendencias socialistas en la década de los 70, empero en 1977, declaro que ya no era marxista.

El contexto de la segunda guerra mundial: Destrucción y muerte pusieron en jaque al capitalismo, pelar en los frentes contra las jóvenes revoluciones socialistas y las guerras imperialistas. Términos como la subjetividad, la finitud, la autenticidad, la libertad y la soledad, serán las palabras incorporadas al lenguaje del pensamiento filosófico. El optimismo y el pesimismo de la humanidad se ponen de manifiesto.

En Sartre, define el ser de la conciencia como libertad, que equivale a definir el ser como “existencia”, concepto central en la filosofía sartriana que se caracterizó como «existencialismo».

Ahora partamos como se explica el problema de la existencia.

No es suficiente contemplar los problemas del mundo. Hace falta cambiarlo. Pero primero, hace falta comprender las razones de porqué las cosas están como están. Sartre participó en los sucesos más importantes de su época. Sin embargo el existencialismo era insuficiente para conocer lo que nos rodea. Una completa visión del mundo, la naturaleza, la sociedad y el pensamiento humano solo no las puede dar el materialismo dialéctico. En Dialéctica de la naturaleza, Engels al respecto nos dice:

"Aquel en el cual se mueve la materia es un ciclo eterno, un ciclo que por cierto sólo completa su órbita en períodos de tiempo para los cuales nuestro año terrestre no es una medida adecuada; un ciclo en el cual el tiempo de máximo desarrollo, el de la vida orgánica y más aun el de los seres conscientes de la naturaleza y de sí mismos, es tan estrictamente limitado como el espacio en que llegan a realizarse la vida y la conciencia de sí; un ciclo en el cual todos los modos finitos de existencia de la materia, sea sol o vapor de nebulosa, animal aislado o género de animales, combinación o disociación químicas, son igualmente transitorios, y en que nada es eterno, salvo la materia en eterno movimiento, en eterno cambio, y las leyes según las cuales se mueve y cambia.”

El mundo está regido por contradicciones, es más, el mundo es una inmensa contradicción en donde el hombre es, en el mejor sentido de la palabra, una “insignificancia”. Y de esta “insignificancia” se arraiga una fuerza interna, que para muchos, no es más que el tiempo que transcurre desde el nacimiento hasta la muerte. Sin embargo, la filosofía ha acrecentado las teorías para explicar, de un modo u otro, la existencia o la vida.

A “la vida es un sueño” –concepción netamente surrealista- le han agregado: “un sueño que dura un punto”. Claro está que ante el romanticismo, nada valen razones puesto que las razones, a decir de Unamuno, no son nada más que razones, es decir ni siquiera son verdades. Pero el romanticismo no sólo arrastra irrealidades puesto que cuando se dice: “nuestras vidas son los ríos/ que van a dar a la mar/ que es el morir…” esconde en su figuración una interpretación real, al cual cabería aumentar que la vida muere en el mar que es el no hacer nada.

Como todo lo existente en este mundo, esta forma de pensar también tiene su contradicción sustentada en la pura realidad, en la realidad que se percibe con todas sus manías, exageraciones y fatalidades; tanta así, como para conceptualizar a la vida como una tragedia, entendiendo a esta palabra como una perpetua lucha, sin victorias ni esperanzas. De aquí algunos filósofos y poetas arrancan esas ideas para afirmar que el dolor más grande es el dolor de ser vivos. De ahí que muchos piensen que este es el verdadero infierno. Sartre, que ya en LA NÁUSEA había afirmado que los católicos elegían «el humanismo de los ángeles» no dará especial importancia a esa tercera opción (que al fin y al cabo tiene en contra la experiencia del absurdo del dolor humano, si ha de ser impuesto por un dios) pero es obvio que estaba muy viva en el contexto de la postguerra mundial.

He dicho al comenzar: “…, la existencia o la vida”. Acaso no es la existencia la perpetua lucha por sobrevivir. Discutir a estas alturas de que si la vida es existencia, una realidad, una ilusión o un sueño fatal del cual no queremos despertar, es una locura o la retórica expuesta a la libre interpretación de vida. Se ha dicho hasta incluso que la vida es la voluntad de poder; entendiendo a voluntad como un principio intuitivo: y comprendiendo con esto que la vida no es otra cosa que un proceso que a nada conduce. Si esto es así, entonces, o la vida no tiene sentido o esta conceptualización es una reverenda impertinencia.

Como se ve, se ha dicho de todo; incluso se la ha considerado como una transitorialidad y una circunstancia en donde el hombre se define después de su existencia (la muerte), es decir,-estos piensan “filósofos”- que sólo será lo posible lo que hace de sí mismo después de haber habitado este mundo; dejando al hombre la posibilidad de decidir por su destino y no hallarse subordinado por este.

Esta claro esta que el hombre no puede estar, de ninguna manera, estar subordinado por su destino porque es éste (el hombre), es el que forja su propio camino. De aquí que afirmo que la vida esta determinada por el accionar del hombre, por su relación social en su hacer diario. Sartre, decía «[Marxistas y existencialistas] Estamos de acuerdo en este punto: que no hay naturaleza humana (...) y los hombres dependen de la época y no de una naturaleza humana».

La vida es entonces, un atrio por el cual no se puede pasar en silencio, un abismo que falta rellenar, en resumidas palabras, la vida no es otra cosa que la lucha diaria por sobrevivir en medio de tantas desigualdades económicas, políticas y sociales.

Sastre señalaba: «Estamos solos, sin excusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre». La expresión es, como se ve, una paradoja de que la idea de libertad parece incluir también el concepto de “elección” y, en cambio, aquí, aparece como una “condena”. ¿Condena o elección? En cambio Engels decía: “La libertad no es otra cosa que el conocimiento de la necesidad”.

Por ello el marxismo y la revolución se vuelve una necesidad para la humanidad, antes que una cuestión de intelectuales. Como ya mencioné líneas arriba, el existencialismo no basta para cambiar el rumbo de la historia. La lucha es la única verdad para los miles de desposeídos. Y la fuerza es el proletariado mundial.