Campaña Internacional "Manos Fuera de Venezuela"
MANOS FUERA DE CUBA Y VENEZUELA Imprimir Correo electrónico
Escrito por Miriam Municio   
Lunes 31 de Octubre de 2005 19:00

Defender la revolución, luchar por el socialismo

Es (…) inadmisible sacrificar a la especie humana invocando de manera demencial la vigencia de un modelo socioeconómico con una galopante capacidad destructiva. Es suicida insistir en diseminarlo e imponerlo como remedio infalible para los males de los cuales es, precisamente, el principal causante.
Hugo Chávez ante la 60ª Asamblea General de la ONU, 15 de septiembre de 2005

Esta cita es un pequeño extracto de la intervención de Hugo Chávez en la última Asamblea General de Naciones Unidas, el pasado 15 de septiembre, en Nueva York. Aunque los ecos de su discurso han dado la vuelta al mundo, probablemente no sea ésta la parte más divulgada. Sin embargo, sí es una de las más contundentes y precisas a la hora de evaluar, diagnosticar y señalar responsables de la situación en la que se encuentra el mundo. Es una frase que simboliza con claridad la razón por la que Venezuela sigue dentro de los países del llamado “eje del mal” para el imperialismo norteamericano. El capitalismo no puede ofrecer más que empeoramiento de las condiciones de vida y de trabajo, degradación social, barbarie o miseria a millones de personas. No es tremendismo, ni demagogia barata, como los ideólogos al servicio del capitalismo argumentarán, sino la dura y cruda realidad. Si hasta ahora esto era perceptible cuando hablábamos de los llamados países del tercer mundo, hoy esa realidad se extiende rápidamente al “privilegiado” primer mundo. No hay más que echar un vistazo a los efectos del Katrina para comprobar sobre qué cimientos está construida la principal potencia capitalista del mundo.

Odio y mentiras
de la reacción

Desde que en 1998 Chávez ganó las elecciones con más del 56% de los votos la burguesía venezolana, de la mano del imperialismo norteamericano, no ha descansado en su intento de derrocarlo. Tras unos primeros instantes de confusión, en el que albergaron la esperanza de meter a Chávez en el redil mediante la adulación y los elogios a esa “figura novedosa” se pasó rápidamente a la preparación de soluciones más expeditivas, especialmente el golpe de estado en 2002 y el paro petrolero en 2002/03 (que causó pérdidas por 14 mil millones de dólares a la economía venezolana). También probaron la “vía democrática” con el revocatorio en verano de 2004, y el hecho es que todo lo que han puesto en práctica ha fracasado estrepitosamente. En todo ese proceso el principal protagonista han sido las masas venezolanas, que han despertado a la acción y a la vida política, convirtiendo a Venezuela en la punta de lanza de la revolución mundial. Ha sido su acción la que desbarató, en los momentos decisivos, todos los intentos de la reacción de descarrilar la revolución. La oposición a Chávez y al proceso revolucionario está muy debilitada y dividida, pero esto no significa que no sigan adelante en su empeño de derrocarlo. El imperialismo sigue con los planes de intervención militar en el país, como el recientemente denunciado plan Balboa e, incluso, de magnicidio.
El imperialismo y, por supuesto, la burguesía española han tratado de ocultar la revolución venezolana y tergiversar ante los trabajadores el carácter real de los acontecimientos que se viven en aquel país. Uno de los argumentos preferidos en esa campaña de desprestigio es el del “populismo”, como si Chávez fuese un gran cacique que mediante unas pocas migajas compra el voto de los pobres ignorantes. La realidad es que en Venezuela se está desarrollando un plan de reformas con medidas de gran trascendencia política y en beneficio de la inmensa mayoría de la población, de los trabajadores, campesinos y oprimidos, y que ha llevado a Chávez a enfrentarse irremediablemente con los poderosos. Así de simple es la explicación del apoyo que tiene Chávez, superior al 70%, después de seis años de gobierno.

Expropiación de empresas y latifundios

Hay hechos concretos para las masas venezolanas. En año y medio 1.406.000 venezolanos han aprendido a leer y escribir, prácticamente se ha desterrado el analfabetismo de un población cercana a los 25 millones de personas, tres millones de pobres se han incorporado a la educación primaria, secundaria y universitaria, 17 millones (casi el 70% de la población), por primera vez en su vida, reciben asistencia médica gratuita, 1.700.000 toneladas de alimentos se reparten a precios baratos entre 12 millones personas, de las que un millón lo reciben, temporalmente, de forma gratuita. En enero de 2005 se tomaron medidas para profundizar la reforma agraria. El Instituto Nacional de Tierras ha intervenido más de 600.000 hectáreas para que sean entregadas con concesiones estatales a campesinos y su objetivo para este año es el recuperar un millón de hectáreas para entregarlas a campesinos y cooperativistas. Este mínimo avance (se calculan las tierras ociosas en unos 24 millones de hectáreas) ha puesto de uñas a los terratenientes venezolanos —que se dedican a financiar a bandas de mercenarios para asesinar a los activistas campesinos, en una lista que alcanza ya los 180 asesinatos—, como no podía ser de otra manera en un país en el que el 75% de la tierra productiva está controlada por menos del 5% de los terratenientes. Chávez, en el Aló Presidente nº 234 hablaba de que “el latifundio es uno de los más poderosos obstáculos para el desarrollo del país y mientras exista es imposible echar las bases del progreso nacional”. A la vez hacía un llamamiento a los campesinos para movilizarse en defensa de estas medidas contra los latifundistas.
También ha habido expropiaciones de empresas privadas abandonadas o cerradas por el empresario de turno y puestas a funcionar bajo control obrero, como en el caso de Venepal o Inveval. Durante el mes de julio de 2005, Chávez anunció que más de 1000 empresas cerradas o paralizadas estaban siendo investigadas, “así como no podemos permitir tierras productivas ociosas, no podemos permitirlo con las empresas”. Frente al boicot empresarial la ministra de Trabajo apelaba a los trabajadores llamando “a los sindicatos y a los trabajadores y ex trabajadores de estas empresas a recuperarlas. Sólo con la fuerza de los trabajadores podremos derrotar a este enemigo interno que es la dependencia y que nos aleja de nuestro objetivos en la lucha contra la propiedad”. Ahora, el sindicato bolivariano, la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), ha anunciado que tomará 800 empresas que están paralizadas en Venezuela, entre ellas las multinacionales Parmalat y Heinz. Como explicaba una de las dirigentes de la UNT, en el diario El Universal, “ante los ataques del neoliberalismo y del capitalismo, nosotros utilizaremos los mecanismos de los trabajadores, y ahora acompañados por las comunidades vamos a ocupar esas empresas”. A finales de septiembre se han expropiado instalaciones de la empresa Polar (alimentación), una de las más importantes en Venezuela, en el Estado de Barinas; además, el 26 de septiembre la Asamblea Nacional declaró de utilidad pública y social, requisito previo necesario para proceder a la expropiación, varias empresas más. A esto hay que añadir el anuncio de Chávez de reformar el concepto de “propiedad privada” que aparece en la Constitución Bolivariana aprobada en el 2000.

El socialismo, la única vía

“En los primeros años de nuestro gobierno hubo la ilusión de que podíamos estar bien con Dios y con el diablo. Alguna gente que se me acercó y que hasta cierto punto me rodeó en este palacio llegó con un discurso de ‘no hay que buscar conflictos, hay que buscar consensos’. Me dejé llevar por esa línea en los primeros años. Eran los días de mis reuniones con Clinton y con altos empresarios estadounidenses (…)”, así de gráficamente explicaba Chávez, en una entrevista concedida en julio a la revista chilena Punto Final, su propia evolución. Lo cierto es que cuando llega al gobierno lo hace con un programa de reformas democráticas; por entonces, ni mucho menos se cuestionaba el capitalismo. Sin embargo, las primeras reformas que plantea Chávez fueron suficientes para ganarse el odio del imperialismo y de la burguesía venezolana, que veían como sus privilegios podían verse en peligro. Cualquier mínima reforma en beneficio de las masas pobres choca con los intereses de la burguesía, que nunca va aceptar —como hemos visto— un gobierno como el de Chávez sin rechistar. Pero, también fue suficiente para generar unas enormes expectativas de cambio entre los trabajadores y el pueblo venezolano, que inició un proceso de participación y movilización que no ha parado a día de hoy, en defensa de sus derechos, de su dignidad y de quien encarna todo eso, la figura de Chávez.
Nuevamente, la revolución venezolana se encuentra en un momento clave. La burguesía y su propiedad privada han mostrado a lo largo de este proceso qué pueden dar a las masas pobres: empresas cerradas, despidos de trabajadores, tierras que se pudren sin ser utilizadas, fuga de capitales, golpes de estado, etc. Es decir, boicot al proceso revolucionario que se vive en Venezuela, chantaje para mantener sus privilegios y prebendas. Sin embargo, en los últimos meses también se está demostrando, en la práctica, algo muy importante: no son necesarios los capitalistas para que las empresas se pongan a producir, ni para trabajar la tierra, ni para hacer funcionar la sociedad. Los trabajadores han dado un paso al frente, ocupando y poniendo a funcionar varias de esas empresas sin necesidad de sus patronos, e incentivando el proceso de expropiaciones por parte del gobierno. Este es el camino: romper, definitivamente, con el capitalismo.
A esta conclusión han llegado millones de trabajadores y campesinos en Venezuela, el propio Chávez —a diferencia de los sectores reformistas del gobierno y de la dirección del movimiento bolivariano, que miran con preocupación cada avance de la revolución— habla abiertamente de la necesidad del socialismo: “Golpe el 2002, paro patronal, sabotaje petrolero, contragolpe, discusiones y lecturas. Llegué a la conclusión (…) que el único camino para salir de la pobreza es el socialismo”. “Cuando ves reverdecer los campos, es el momento de abonar para que broten las sementeras. A este rebrote popular y democrático hay que darle sustancia ideológica. ¿Y cuál es? Yo respondo, desde mi conciencia política, que es la vía socialista”.
Pero realmente para que la revolución venezolana sea socialista hay que completarla, sólo así se podrá seguir ampliando su base social y fortaleciéndola frente a las agresiones capitalistas. Y para ello, las palancas fundamentales de la economía no pueden seguir en manos de los capitalistas. Mientras ellos tengan estos recursos en sus manos la revolución estará en peligro. Hay que expropiar y nacionalizar los latifundios, la banca, las grandes industrias y monopolios y ponerlos bajo el control democrático de los trabajadores, de esta manera se podría planificar la economía, poner todos los recursos disponibles, toda la riqueza generada al servicio de las necesidades sociales. La revolución también necesita vencer y derrotar la resistencia que existe dentro del aparato estatal, formado y diseñado para servir al capitalismo. Hay “resto del viejo estado infiltrados en el nuevo Estado que está naciendo” en palabras de Chávez.
Es un escándalo, por poner un ejemplo, que el mismo Banco Central de Venezuela se negase a dar fondos al gobierno para los planes sociales. Hay que sustituir la vieja estructura estatal por un sistema basado en la participación y el control por parte de los trabajadores y las masas populares, que actúe en todos los ámbitos de la administración y de la economía, evitando así los privilegios, el boicot y la corrupción, que son una lacra para el proceso revolucionario.

Lecciones de la
revolución cubana

Analizar cómo se desarrolló la revolución cubana es muy ilustrativo. Tras el derrocamiento de la dictadura de Batista y la toma del poder por la guerrilla, en enero de 1959, la existencia de la propiedad privada, del capitalismo, se reveló como un obstáculo para poder resolver los problemas de las masas y alcanzar la ansiada soberanía nacional. Para poder avanzar, incluso para poder sobrevivir, la revolución tuvo que poner en marcha un cambio radical en las relaciones de propiedad: se expropió y nacionalizó la economía. Todo este proceso, que culminó en mayo de 1961 con la abolición del capitalismo en la isla, no estuvo exento de crisis y dificultades, agravado por el hecho de que la dirección de la guerrilla no tenía un programa claro sobre el rumbo que debía tomar la revolución. Pero el triunfo definitivo de la revolución cubana frente al todopoderoso imperialismo norteamericano, y su consolidación a lo largo de décadas a pesar de todas las dificultades y agresiones a las que ha sido sometido el pueblo cubano, tiene sus raíces precisamente en que la revolución cubana se desarrolló en líneas socialistas. Esto es lo que dio una base material a Cuba para resistir. Se mejoraron las condiciones de vida y de trabajo de las masas, se erradicó el analfabetismo, se desarrolló la educación, la cultura,… y eso fue clave para consolidar y ampliar la base social de la revolución y cerrar el paso a la contrarrevolución. La superioridad de la economía planificada permitió tremendos avances respecto a los países capitalistas del resto de Centroamérica e, incluso, de los países más desarrollados de América del Sur, como Brasil o Argentina.

Alianza Cuba-Venezuela:
por una federación socialista

La propaganda de la reacción no ha dejado de agitar en torno al “filocomunismo” de Chávez y a la maligna alianza entre Venezuela y Cuba. Sí, es cierto, la colaboración entre ambos gobiernos se ha ido acentuando. ¿Cuál es el problema? Cuba recibe 80.000 barriles de petróleo venezolano diarios a precios especiales, siendo una ayuda importante para la economía cubana. Gracias a ello, por primera desde hace 15 años ha podido poner en marcha planes sociales importantes, como por ejemplo la construcción de 500.000 viviendas en los próximos cinco años. En abril de este año firmaron un acuerdo por el que, entre otras cosas, Cuba formaría a 55.000 profesionales de la salud venezolanos, se construirán miles de consultorios sanitarios, se operará gratuitamente a 80.000 enfermos de la vista sin recursos (iniciativa que ampliarán al resto de pobres en América Latina y EEUU). En otros terrenos, la colaboración significará que los barcos petroleros venezolanos serán reparados en Cuba (y no en EEUU), Cuba comprará 412 millones de dólares en productos venezolanos, lo que a su vez servirá para la creación de 100.000 puestos de trabajo en Venezuela; además, se profundizará en la creación de empresas mixtas (Venezuela-Cuba) en la siderurgia, níquel, ferrocarriles, transporte marítimo, sector agrícola…
Ésta, en parte, es la respuesta al bloqueo económico impuesto a Cuba por EEUU y cuyo impacto directo en la economía cubana se calcula en más de 82.000 millones de dólares y afecta a todos los sectores. Si la producción cubana tuviera acceso al 25% de las importaciones de cobalto que realiza EEUU anualmente, se ingresarían 66 millones de dólares en Cuba para los programas sociales, educacionales y sanitarios. El boicot en la siderurgia impide, entre otras cosas, construir 180.000 viviendas rurales o más de 30.000 de prefabricado que beneficiarían a 120.000 personas. De no existir el bloqueo EEUU podría comprarle a La Habana más de 30.000 toneladas de níquel, lo que representaría unos 500 millones de dólares. Así de concretos son los efectos del bloqueo económico. Pero incluso un hipotético fin del bloqueo no sería una solución definitiva. Una Cuba inmersa en el mercado capitalista mundial no puede resistir indefinidamente. Por eso la revolución venezolana ha irrumpido como un soplo de aire fresco para el pueblo cubano. Los acuerdos entre Cuba y Venezuela son sólo una pequeña muestra de lo que podría significar para la población mundial el triunfo de la revolución socialista en Venezuela y el establecimiento de una Federación Socialista de ambos países, basada en relaciones económicas de igualdad y no de opresión imperialista. Esta Federación sería el embrión de una Federación Socialista en toda Latinoamérica y se convertiría en el mejor antídoto contra las tendencias procapitalistas que llevan años desarrollándose en la isla y que amenazan las conquistas de la revolución.
Esta es la razón de tanta rabia hacia la alianza entre Chávez y Cuba y que se reflejan en editoriales como la de El País, del 7 de octubre, cuando alerta sobre “las especiales relaciones con la Cuba castrista”, insiste con indignación en que Chávez “lanza soflamas para agitar la región”, y se desespera por la “falta de una oposición organizada”. En el fondo está reconociendo la bancarrota del capitalismo ya que esas “soflamas” son recogidas y aplaudidas con cada vez mayor entusiasmo por los trabajadores y oprimidos, no sólo en Latinoamérica sino en el mundo capitalista desarrollado, incluso en EEUU, como pudimos ver en la visita que realizó Chávez al Bronx, donde fue recibido con el grito de: “Chávez sí, Bush no”.
Lo que preocupa a estos señores es que después de mucho tiempo, nuevamente, hay un referente para las masas pobres y los trabajadores en todo el continente americano. Mientras todos los gobiernos títeres impuestos o apoyados por el imperialismo norteamericano de la zona, que están llevando a cabo las recetas del FMI se están enfrentando a protestas sociales cada vez más radicalizadas y en algunos casos se han convertido en insurrecciones que han terminado con gobiernos (Bolivia, Ecuador, Colombia…), Chávez no sólo “hace soflamas” sino que va en serio. Gobierna para los pobres y se enfrenta a los poderosos, hace llamamientos a luchar a todos los pueblos latinoamericanos conjuntamente contra sus opresores, reflejando intuitivamente una idea fundamental, el socialismo no puede triunfar en un solo país.
Los acontecimientos en Venezuela son una demostración de la validez de las ideas del marxismo en el siglo XXI, frente a todos los escépticos que durante años han negado el papel de la clase obrera y la perspectiva de la revolución. Es deber de todo trabajador y joven apoyar la revolución venezolana luchando conscientemente por construir una corriente marxista revolucionaria en Venezuela, en el Estado español y en todo el planeta.

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