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Cuentas muy claras
Quedó
bien claro que la Filosofía
no puede despegarse de la práctica. En este congreso, el espíritu de Marx
encarnó en muchas de las voces que reclaman ideas correctas para la acción
correcta. Quedó bien claro que si la Filosofía desea viabilidad la tendrá sólo si es
Filosofía transformadora. Tal cual la Tesis XI.
En el
final del Congreso se hizo sentir la necesidad de filosofar, también, la Universidad (las
Universidades) Someter a crítica rigurosa la institución, la organización, las
materias, la formación docente. La vinculación de las instituciones
universitarias con los movimiento sociales y los problemas prioritarios de
nuestro tiempo. Infestadas por todos los vicios del burocratismo y la
mansedumbre del "pensamiento" decorativo y escapista, muchas
facultades de filosofía entretienen al alumnado con cerros de
"lecturas", frecuentemente inútiles, y con homilías de
docentes generalmente poco formados aunque se digan "eruditos",
"especialistas" o "iluminados". Que lean mucho no los
convierte en docentes efectivos, que encarguen muchas lecturas no convierte a
los estudiantes en personas concientes. Hay que leer mejor y leer para la
acción. El trabajo no puede quedarse en las aulas, hay que salir a las calles y
a las plazas, a la movilización social y al ascenso de la revolución. La mejor
escuela de Filosofía esta en la lucha revolucionaria. ¿Qué libros hay que leer,
escribir, divulgar?
El
calibre de estas ideas sustentadas, entre otras muchas, por en este Congreso,
no niega el valor de la
Universidad pero la somete a una critica absolutamente
necesaria. En las voces de estos estudiantes habita un reclamo añejo que quiere
hacerse cargo, actualizado, de las mejores herencias del pensamiento para
impulsarse, contra todo eclecticismo, con ellas. Todos tienen claro en qué se
han convertido los espacios académicos secuestrados, en no pocos casos, por
corrientes de pensamiento reducido los caprichos ideológicos de sectas que se
apoderan de presupuestos, prestigios, cátedras, planes editoriales e institutos
de investigación.
Tienen claro, estos estudiantes, que es imprescindible
educar para la emancipación, que no puede darse la espalda a realidad
depredadora del capitalismo, que es imprescindible elevar el nivel de la
conciencia y que es impostergable la lucha por una Filosofía poderosa, abierta
y transformadora. Quieren profesores solidarios y combativos, no mansos ni
chantajistas. Quieren terminan con toda relación obrero-patronal en las aulas.
Quieren terminar con las amenazas y el uso de las calificaciones como recurso
extorsivo para silenciar y atemorizar. Quieren terminar con la miseria
teórico-metodológica, con la sacralización de la saliva, con la reverencialidad
de las modas intelectuales focos de nihilismo, solipsismo y misticismo. Quieren
terminar con todo retruécano "ilustrado" para legitimar el olvido
sistemático de las luchas revolucionarias de la humanidad. Ocurra donde ocurra.
Este es el calibre de las propuestas y las
conclusiones. En su mejor momento el Congreso, no sin debates, escuchó voces
que llamaron a la solidaridad universitaria con la clase trabajadora. Sacar las
ideas a las calles para que acompañen la lucha de los trabajadores mineros, los
campesinos y los pueblos originarios que, a estas horas, toman las plazas para
derrotar a la miseria, la injusticia, la represión, la ignorancia... no pocos
estudiantes vislumbraron con claridad su lugar en la lucha de clases y vieron
con toda nitidez la hora magnífica que cruza Latinoamérica donde florecen ideas
y acciones revolucionarias que serán capaces de transformar a la humanidad. Más
temprano que tarde.
El futuro del Congreso
Por todo esto, y muchas más razones, es que, en
asamblea plenaria, los estudiantes acordaron celebrar el II Congreso Internacional
de Estudiantes de Filosofía en Bolivia... nada menos. Tienen que poner atención
a mil factores y problemas. Tienen que recaudar fondos y diseñar la logística.
Tienen que asegurar la calidad del trabajo y garantizar el crecimiento del
congreso. Tienen que dar un salto cualitativo y tienen que proteger su
independencia política para proteger su voluntad de mantener este espacio como
espacio de pensamiento para la emancipación. Lo tienen claro.
Frente al desafío nuevo, la audacia de estos estudiantes
es una inspiración que, por el sólo hecho de ofrecerse en el escenario actual
de la Filoso
fía en Latinoamérica, ya arroja tareas y responsabilidades de todo tipo para
ayudar, acompañar y respetar críticamente su dinámica y su avances. No
necesitan arribismos, no necesitan "vacas sagradas", no necesitan
Mesías, no necesitan sectas ni burócratas. Necesitan la solidaridad y la
responsabilidad de toda la comunidad filosófica no amaestrada por las taras
culteranas. Necesitan las mejores ideas y los mejores aportes de colegas y
simpatizantes. Necesitan la fortaleza solidaria de las organizaciones sociales
capaces de sentir como suya la iniciativa de estos estudiantes que no sólo es
estimulante y fresca sino que es necesaria y urgente.
En sus propios términos, este Congreso que ya camina
hacia su segunda edición en Bolivia, también requiere de autocrítica. No habrá
salto cualitativo si los organizadores no discuten sus resultados y afinan sus
programas incluso para prever todos los riesgos y las limitaciones que se
sufrieron durante el primer Congreso. Toda su riqueza crítica y honesta debe
servirles para sí mismos si han de ofrecerle a su trabajo coherencia y
consistencia rigurosas y dinámicas. Eso se verá bien claro en el desarrollo
temático y en el cuidado que se tenga en imbricar los trabajos con las
realidades concretas que viven los trabajadores de todo el mundo en plena lucha
de clases que se agudizará sensiblemente en los meses próximos. Un objetivo
inexcusable, lo saben bien los estudiantes, es tejer ideas emancipadoras para
la acción transformadora en plena crisis del capitalismo y en la insurgencia
revolucionaria de Latinoamérica de la cual este Congreso, en Bolivia y en todas
sus ediciones futuras, debe ser parte fundamental e indisoluble. Manos a la obra.
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Dr. Fernando Buen Abad Domínguez
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