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El “supermartes” y las elecciones en EEUU Imprimir Correo electrónico
Escrito por John Peterson   
Viernes 08 de Febrero de 2008 19:00
El ciclo electoral norteamericano está a pleno movimiento nueve meses antes de que realmente los votantes tengan que ir a las urnas el próximo 4 de noviembre. El "supermartes" 24 estados votaron en las elecciones primarias y caucus como parte del proceso para decidir los candidatos presidenciales de los principales partidos en sus respectivas convenciones nacionales a finales de agosto y principios de septiembre. En el bando republicano el ganador se lleva todos los votos de ese colegio, mientras que en los demócratas cada candidato se lleva los delegados proporcionales a los votos que ha conseguido, basándose en el número de distritos del congreso que se ganan en cada estado.

Los primeros caucus, primarias y convenciones de Iowa, New Hampshire, Wyoming, Michigan, Nevada, Carolina del Sur, Florida y Maine, ya dieron una indicación de quién serían los probables nominados. Considerado el favorito en potencia, el republicano Rudy Giuliani de Nueva York consiguió unos pobres resultados en Iowa, New Hampshire y después en Florida. El republicano Fred Thompson, un actor de Hollywood e icono conservador también tuvo que abandonar la contienda. El demócrata John Edwards de Carolina del Su, cuyos discursos populistas le convirtieron en el primer favorito entre muchos votantes sindicales, no consiguió crearse la imagen de "hijo de obrero" y tuvo que retirarse.

Después de las elecciones del martes, donde estados ricos, como california y Nueva York estaban en juego, el senador republicano John McCain de Arizona ha superado a sus rivales, el antiguo gobernador de Massachusetts, Mitt Romney, y el anterior gobernador de Arkansas, Mike Huckabee. En el bando demócrata, el senador Barack Obama de Illionis ha estrechado el margen que le separa de la favorita, la senadora de Nueva York, Hillary Clinton, incluso la ha superado en las encuestas. Con tantos delegados aún en juego, los candidatos de ambos partidos todavía esperan establecer su dominio.

Tanto Huckabee como Romeny ganaron un puñado de estados, pero John McCain fue el ganador claro del "Grand Old Party" (GOP), superando a sus dos rivales y colocándose en un puesto destacado para las primarias y caucus que aún tienen que celebrarse. Además de los 170 delegados de California y los 101 de Nueva York, McCain también ganó en Connecticut, Illinois, New Jersey, Oklahoma, Delaware y en su propio estado de Arizona. Para conseguir la nominación republicana se necesitan 1.191 delegados. McCain tiene 514 frente a los 177 de Romney y los 122 de Huckabee.

En el bando demócrata, la pugna estadística entre Clinton y Obama continua, con Obama ganando en más estados pero Clinton consiguiendo más delegados. Ninguno de los candidatos tiene más de la mitad de los 2.025 delegados necesarios para garantizar la nominación demócrata. Todavía quedan los caucus y primarias de Kansas, Nebraska, Louisiana, Washington, Maine, Virginia, Maryland, el distrito de Columbia, Hawaii y Wisconsin, donde se espera que gane Obama. Pero después del 4 de marzo se celebrarán las primarias en Texas y Ohio donde se espera que Clinton tenga ventaja. Pero Obama está consiguiendo más dinero que Clinton, sobre todo el del "querido Wall Street". Ha conseguido en enero 32 millones de dólares. La respuesta de Clinton ha sido poner 5 millones de dólares de su fortuna personal en la campaña para poder seguir el ritmo.

Después de siete años de Bush y su política, existe un enorme descontento con el status quo, la situación de la economía y la guerra de Iraq son las principales preocupaciones de los votantes. Pero Bush no puede presentarse a la reelección y nadie de su círculo próximo se presenta, así que las elecciones de 2008 están más o menos abiertas, al menos sobre el papel. ¿Qué oportunidades tienen los candidatos que quedan de ganar las presidenciales de noviembre?

"Cualquiera menos Bush"

Para los republicanos, parece probable que McCain será el nominado, aunque todavía podría haber sorpresas. Comparados con los neoconservadores de la Casa Blanca de Bush, es un republicano más de la "vieja escuela", un veterano del ejército y ex -prisionero de guerra, es visto también como un "liberal" en su partido. Pero sobre todo, es un firme defensor del capitalismo y el imperialismo norteamericano. Por esa razón apela tanto a la clase capitalista cuando se entra en un período de creciente inestabilidad interna y externa, como también a aquellos votantes conservadores que ya están hartos de Bush y Cheney.

Sin embargo, los republicanos no están para nada unidos alrededor de McCain. Su mayor base de apoyo está entre los llamados republicanos "moderados" o "liberales". Pero la figura conservadora de la radio, Rush Limbaugh, recientemente proclamó que "McCain acabará con el conservadurismo como fuerza dominante del Partido Republicano". Y la comentarista conservadora Ann Coulter, admitiendo con franqueza que hay poca diferencia entre los principales candidatos del partido tuvo que decir: "Si él es nuestro candidato, entonces Hillary será nuestra chica, porque ella es más conservadora que él. Pienso que ella sería más enérgica en la cuestión de la guerra contra el terrorismo". Coulter después dijo que estaría incluso dispuesta a hacer campaña por Clinton si McCain sale elegido candidato republicano. Mitt Romney es considerado "el verdadero conservador" en la campaña, mientras que los cristianos evangélicos miran a Mike Huckabee.

Pero a pesar de alejar a algunas capas de la base religiosa y conservadora de su partido por sus supuestas ideas "liberales" sobre la tortura o la inmigración, en cambio su persona atrae a los independientes conservadores. Y después del apoyo conseguido el "supermartes" muchos republicanos ven a McCain con mejores posibilidades. En una hipotética confrontación entre McCain y Clinton, u Obama, McCain parte con ventaja.

En cuanto a los demócratas, tanto Clinton como Obama salen mejor parados frente a los otros candidatos republicanos. Clinton es vista como la "experiencia", una demócrata que sabe los tejemanejes de la política interna e internacional. Tiene mucho tirón entre las mujeres y los votantes blancos, además de entre los hispanos. Obama es visto como un relativo recién llegado, joven, fresco e inspirador, ha conseguido la aplastante mayoría de los votos negros. También lo ha hecho especialmente bien entre los estudiantes y en el sur del país.

Aunque todavía está por decidir la nominación, la mayoría de los comentaristas dan más oportunidades a Obama. Pero no se puede descartar que leguen a Denver, en la convención de Colorado de finales de agosto sin ningún candidato con la mayoría de delegados necesarios. En última instancia, son las cúpulas del partido y las empresas que pagan los que decidirán.

¿Podemos creer en el cambio?

Después de casi ocho años de gobierno republicano es natural que "el otro partido" se beneficie, especialmente si se tiene en cuenta el legado que deja Bush tras de sí. Por esa razón hay un creciente apoyo entre los votantes demócratas a estos candidatos, sobre todo entre los jóvenes y las minorías, que no ven solución a la difícil situación a la que se enfrentan millones de norteamericanos.

Los votantes de ambos partidos creen que la economía es el problema más importante. Los demócratas sitúan en segundo lugar a la guerra de Iraq y después la sanidad. Los republicanos creen que el segundo problema es la inmigración y después la guerra de Iraq. La inminente crisis económica está provocando una polarización cada vez mayor en la sociedad norteamericana, tanto a izquierda como a derecha, y sin una alternativa real, los trabajadores buscan soluciones a sus problemas dentro de los límites familiares del sistema bipartidista.

No es sorprendente que se hable mucho de la necesidad de "cambio" y "esperanza", como tampoco la participación récord en las primarias y caucus del "supermartes", en particular en el campo demócrata, es una indicación de que los votantes ya han tenido suficiente con la política de actual administración y que anhelan un cambio. El hecho de que Clinton, una mujer, y Obama, un negro, tengan oportunidad real de ganar las elecciones es otra muestra de la sed de cambio. Nunca antes una mujer o un negro han sido nominados presidenciales. ¿Pero qué significa todo esto para los trabajadores? ¿Qué tipo de "cambio" traerán estos candidatos? ¿Representan estos candidatos los verdaderos intereses de la mayoría?

Mientras que los tres principales candidatos se presentan como el "cambio", el mayor zumbido se produce alrededor de Obama. Él se ha presentado cuidadosa y cínicamente como todas las cosas para todas las personas, utilizando una retórica feroz para beneficiarse del fuerte deseo de cambio de los trabajadores norteamericanos, mientras que se presenta firme, responsable y "moderado" para las empresas estadounidenses. Su consigna de campaña es: "Podemos creer en el cambio" y en su discurso de victoria del supermartes en Illinois dijo: "Ha llegado nuestro momento, nuestro movimiento es real, el cambio está llegando a EEUU". ¿Pero qué tipo de cambio propone?

Aunque estos días insiste en que estuvo contra la guerra de Iraq desde el principio, en 2004 dijo al New York Times que existían pocas diferencias entre lo que opinaban él y Bush sobre la guerra de Iraq, y no votó la resolución de apoyo a la guerra porque en aquel momento aún no era senador. A pesar de sus esfuerzos por explicar sus supuestas diferencias, sus ideas son realmente poco diferentes a las de Clinton. Sus ideas generales sobre el sistema capitalista son muy claras:

"Hace falta hacer un viaje al extranjero para apreciar plenamente lo bueno que tenemos los norteamericanos; incluso nuestros pobres tienen garantizados servicios y bienes: electricidad, agua potable, fontanería interior, teléfonos, televisores y aparatos del hogar, que aún son inaccesibles para la mayor parte del mundo. EEUU podría estar bendecido con algunos de los mejores bienes raíces del planeta, pero claramente no son sólo nuestros recursos económicos los que garantizan nuestro éxito económico. Nuestro mayor activo es nuestro sistema de organización social, un sistema que durante generaciones ha impulsado la constante innovación, la iniciativa individual y la distribución eficiente de recursos... nuestro sistema de libre mercado". (Extracto de su libro The Audacity of Hope).

Cuando habla de los efectos negativos de las reducciones de impuestos a los ricos, no se opone a ellos, sino sólo dice que estos recortes deberían beneficiar a aquellas empresas que no exportan trabajo al extranjero. Y aunque utiliza una retórica para atraer a los trabajadores, en su libro también podemos leer:

"Hay semillas de anarquía en la idea de la libertad individual, un peligro tóxico en la idea de igualdad. Por que si todo el mundo fuera verdaderamente libre, sin los límites del orden social heredado o de nacimiento, ¿cómo podríamos esperar forma una sociedad sólida?"

Y en cuanto a las aventuras norteamericanas en el extranjero, recientemente dijo lo siguiente en la revista Foreign Affairs:

"El momento norteamericano no ha terminado, debe tomarse de nuevo... Un ejército fuerte es, más que nada, necesario para mantener la paz... debemos estar mejor preparados para poner las botas en el terreno y capturar al enemigo a escala global... No dudaré en utilizar unilateralmente la fuerza, si es necesario, para proteger al pueblo estadounidense o nuestros intereses vitales... También debemos considerar el uso de la fuerza en circunstancias más allá de la autodefensa, para proporcionar la seguridad común que apuntala la estabilidad global, apoyar a los amigos, participar en la estabilidad y las operaciones de reconstrucción, o enfrentarnos a atrocidades de masas".

Mientras que McCain se ha ganado su reputación apoyando totalmente las guerras de Iraq y Afganistán, Clinton y Obama han recurrido a la aplastante oposición de los votantes a la guerra de Iraq. Pero ninguno de ellos defiende paralizar la financiación de estas guerras o retirar inmediatamente las tropas. Pero más importante aún desde la perspectiva de los trabajadores norteamericanos, ninguno de los candidatos tiene propuestas concretas para proporcionar un sistema universal de salud y educación, crear empleos o reconstruir la infraestructura del país, o para acabar con el problema de la crisis inmobiliaria y proporcionar una vivienda decente para todos, garantizar y legalizar incondicionalmente a todos los inmigrantes sin papeles y sus familias, acabar con las reducciones de impuestos a los ricos ni por supuesto aumentarles los impuestos para financiar las necesidades sociales.

En otras palabras, no hay diferencias fundamentales entre Clinton, Obama y McCain. Todos ellos intentan demostrar a la clase dominante que son los más adecuados para guiar su sistema a través de los tiempos difíciles que se avecinan, que se puede confiar en su responsabilidad, que pueden contener el descontento dentro de los límites que no amenacen al sistema.

Seguir la pista del dinero

Según OpenSecrets.org, la página web del Centre for Responsive Politics (CRP), la campaña preelectoral de 2008 será la más cara de la historia. En 2004, durante las últimas elecciones presidenciales, se registró el récord de 880.5 millones de dólares recogidos. El CRP calcula que en esta ocasión ya se han recaudado más de 1.000 millones de dólares. ¿Qué trabajador normal podrá alguna vez acercarse a tener esta cantidad de dinero? Incluso con los millones de dólares sus fortunas personales, la única forma de conseguir el dinero necesario para la campaña es recurrir a los chicos de Wall Street. No es casualidad que los bancos de inversión Lehman Brothers y Merrill Lynch, el gigante tecnológico Microsoft y Google estén entre los principales contribuyentes de los candidatos de ambos partidos. Lehman Brothers y Microsoft fueron los principales donantes en el último trimestre de 2007, mientras que Goldman Sachs y Citigroup lo son de este año. Según el CRP, abogados y bufetes contribuyeron más que cualquier otra industria en el cuarto trimestre de 2007.

Aquí algunas de las cifras publicadas por el CRP que demuestran de dónde viene el dinero:

Hillary Clinton

Principales contribuyentes: DLA Piper (470.150 $); Goldman Sachs (407.561 $); Morgan Stanley (362.700 $); Citigroup (350.895 $); Lehman Brothers (237.270 $).

Barack Obama

Principales contribuyentes: Goldman Sachs (421.763 $); UBS (296.670 $); Lehman Brothers (250.630 $); National Amusements (245.843 $); JP Morgan Case (240.788 $).

Mitt Romney

Principales contribuyentes: Goldman Sachs (223.925 $); Merrill Lynch (163.200 $); Citigroup (162.950 $); Lehman Brothers (137.450 $); Morgan Stanley (152.050 $).

John McCain

Principales contribuyentes: Merrill Lynch (155.590 $); Citigroup (153.363 $); Blank Rome (143.501 $); Greenberg Traurig (130.587 $); Goldman Sachs (85.552 $).

Como buenos inversores, los grandes chicos se rascan el bolsillo y cubren todos sus flancos. Pero como todo norteamericano sabe, no hay nada gratis: nada de es dinero se da sin motivo. Las primarias y los caucus pretenden hacer creer a los estadounidenses corrientes que sus votos y opiniones realmente cuenta. Pero, en última instancia, los candidatos se eligen por arriba.

Inestabilidad económica, social y geopolítica

El próximo presidente de EEUU no podrá elegir su agenda. La crisis a la que se enfrenta el sistema capitalista tanto en casa como en el extranjero será la cuestión dominante. Bush intentó hacer frente primero a la política interior, pero los acontecimientos le obligaron a aplicar la política más imperialista de la historia de EEUU. El próximo inquilino de la Casa Blanca heredará un mundo cada vez más inestable y una crisis económica de profundidad y duración desconocidas.

La economía norteamericana se desaceleró rápidamente en el cuarto trimestre de 2007, creció sólo un 0,6 por ciento, con un crecimiento total anual del 2,2 por ciento, la peor cifra desde 2002. El gasto en proyectos de construcción de nueva vivienda cayó en 2007 un 16,9 por ciento, la peor caída en 25 años. Como informaba Reuters, el sector servicios, que es el mayoritario en la actividad económica de EEUU, cayó abruptamente en enero, a niveles no vistos desde la recesión de 2001. El índice del Institute for Supply Management para el sector no manufacturero cayó a 41,9, frente al 54,4 de diciembre. Cuando este índice cae por debajo de 50 indica contracción, lo que ha reforzado la preocupación de los inversores sobre que la economía norteamericana ya está en recesión. El índice de empleo cayó a 43,9 desde el 51,8, corroborando la perspectiva sombría de la semana pasada sobre las nóminas en EEUU, es la primera contracción neta mensual del mercado laboral en más de cuatro años.

Esta situación ya ha llevado a una caída de los ingresos del gobierno, aún así, Bush ha propuesto un presupuesto que alcanza los 3 billones de dólares por primera vez en la historia de EEUU. Según las propias estimaciones de Bush, este presupuesto provocará un déficit de 410.000 millones de dólares en 2008 y 407.000 millones de dólares en 2009, eso hará que el déficit federal global ascienda a 5,9 billones de dólares, 3,3 billones de dólares más que cuando llegó al cargo. 2,3 billones de dólares de esta deuda están en manos de los bancos e inversores extranjeros.

El presupuesto aumenta el gasto militar y la ayuda militar a aliados clave en todo el mundo, mientras que recorta los ya reducidos programas como el Medicare y elimina docenas de programas de servicios sociales. Unos 515.000 millones de dólares van destinados al Departamento de Defensa, aquí no se incluyen las guerras de Iraq y Afganistán. Ajustada la inflación, será el presupuesto militar más grande desde la Segunda Guerra Mundial. Según un reciente informe del Congressional Reserarch Service (CRS), el coste mensual medio alcanzó los 10.300 millones de dólares en el año fiscal que terminó el 30 de septiembre de 2007, más de 4.400 millones de dólares que en el año fiscal de 2004. A finales de 2009, el coste de las guerras de Iraq y Afganistán podría alcanzar el billón de dólares. Es un verdadero presupuesto de "armas en lugar de mantequilla", una declaración abierta de incremento del militarismo en el extranjero y más ataques despiadados contra los trabajadores en casa. La clase dominante espera más recortes en el futuro, independientemente de si en el despacho oval está un republicano o un demócrata.

Durante la expansión económica de los últimos años, una parte más pequeña que nunca ha ido a los salarios de los trabajadores, comparado con los beneficios empresariales. El desempleo a largo plazo está en niveles récord y millones ya no son considerados parte de la fuerza laboral. Más de un millón de familias han perdido o perderán sus casas, se calcula que millones perderán sus empleos en la recesión que ya muchos analistas consideran que es una realidad. Si durante la expansión económica los trabajadores quedaron desprotegidos, será aún pero en la recesión. Esta situación tendrá un efecto profundo en la conciencia de los trabajadores norteamericanos, que ya se han visto sacudidos por los acontecimientos y la experiencia de los últimos años. El "sueño americano" se está transformando rápidamente en la "pesadilla americana", millones comenzarán a cuestionar el sistema que provoca esta inestabilidad. El próximo presidente inevitablemente apelará a la "unidad" nacional y al bipartidismo, en una época de creciente polarización y desigualdad. En otras palabras, él o ella pedirán a los trabajadores estadounidenses que subordinen sus intereses a los intereses de los ricos, que se ajusten los cinturones más, para preservar así el sistema de beneficios.

¡Por un partido obrero de masas!

El "supermartes" todavía no ha decidido los principales candidatos. En este momento, McCain parece ser el más probable en los republicanos. Pero ya sean Clinton u Obama por los demócratas, no tienen razones para estar confiados, sobre todo con la extensión del descontento con la situación actual del poder (porque la mayoría de las personas no ven otra alternativa). Pero con los antecedentes demócratas en las últimas elecciones presidenciales y su papel en el Congreso que ha desilusionado a muchas personas, los demócratas no tienen garantizada la victoria. En los próximos meses pueden ocurrir muchas cosas. La economía será un factor clave, además de la situación internacional. Queda mucho tiempo para la nominación de Clinton u Obama, pero lo que sí es seguro es que los demócratas heredarán el caos que deja Bush tras de sí.

El resultado del gran "supermartes" para los demócratas refleja en particular un giro a la izquierda dentro de los estrechos límites que deja el sistema electoral norteamericano, un rechazo sano al status quo. Pero debemos ser claros, dentro de esos límites no hay solución alguna a los problemas que se enfrenta la mayoría de la clase trabajadora. Mientras un puñado de candidatos explora la posibilidad de un tercer partido, por ahora no hay una alternativa real a este sistema bipartidista. Pero como ya hemos explicado en muchas ocasiones en el pasado, el poder y el dinero de las grandes empresas y sus políticas pueden ser combatidos y derrotados. Un partido obrero de masas, con base en los sindicatos, con todo el apoyo financiero y organizativo de los sindicatos a su disposición, luchando por un programa que verdaderamente represente los intereses de los trabajadores, rápidamente podría romper el collar de fuerza de los demócratas y republicanos.

Existen muchas ilusiones sinceras en los demócratas, y en la idea de que una mujer o un negro puedan reflejar mejor los intereses de la clase obrera. Pero lo que importa son los intereses de clase que estos políticos representan, y está claro que ambos están firmemente de parte de las grandes empresas y el sistema capitalista de explotación. La gran mayoría de los norteamericanos tendrá que aprender de esta manera dura, a través de su experiencia. Si los demócratas consiguen el control de ambas cámaras y de la Casa Blanca, ya no habrá excusas para acabar con la guerra en Iraq, proporcionar cuidado sanitario, educación y vivienda para todos, suprimir las leyes antiobreras y reconstruir la infraestructura del país. Después de unos pocos años en la "escuela" del Partido Demócrata, comenzará el verdadero cuestionamiento y la búsqueda de alternativa que realmente representen a la clase obrera.

Todavía estamos lejos de saber quién será el próximo presidente de EEUU, pero sí podemos hacer una afirmación segura por adelantado: el ganador no representará una ruptura fundamental con la política procapitalista de Bush, no representará los intereses de la clase obrera. Por eso, los trabajadores norteamericanos necesitamos nuestro propio partido: un partido obrero de masas.