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Un año después del Katrina: Imprimir Correo electrónico
Escrito por John Peterson   
Martes 29 de Agosto de 2006 19:00
Exactamente hace un año, los vientos y las aguas de otro huracán golpearon la Costa del Golfo de EEUU. Pero este no era otra tormenta tropical “rutinaria”. Era el huracán Katrina, un asesino de categoría 5 que derribó diques, viviendas, comunidades,memorias y 1.577 vidas. Katrina y sus consecuencias también acabaron con las ilusiones de millones de personas en EEUU y en el mundo, fue un recuerdo salvaje de que no todo va bien en la proverbial “tierra de leche y miel”. Katrina fue un punto de inflexiflexiflexión cualitativo en el cambio rápido de conciencia de la clase obrera estadounidense.

Un año después del Katrina: el desastre continúa

“Nuestro objetivo es conseguir hacer el trabajo rápidamente. Y los contribuyentes esperan que este trabajo se haga honesta y juiciosamente... Y en el trabajo de reconstrucción, los trabajos que sean posibles deben ser hechos por los hombres y mujeres que viven en Louisiana, Mississippi y Alabama”. (G.W. Bush. 12/9/05).
Exactamente hace un año, los vientos y las aguas de otro huracán golpearon la Costa del Golfo de EEUU. Pero este no era otra tormenta tropical “rutinaria”. Era el huracán Katrina, un asesino de categoría 5 que derribó diques, viviendas, comunidades, memorias y 1.577 vidas. Katrina y sus consecuencias también acabaron con las ilusiones de millones de personas en EEUU y en el mundo, fue un recuerdo salvaje de que no todo va bien en la proverbial “tierra de leche y miel”. Katrina fue un punto de inflexión cualitativo en el cambio rápido de conciencia de la clase obrera estadounidense.
Según se desarrollaba la tragedia, quedaba flagrantemente claro que éste no era un simple desastre natural, sino una calamidad hecha por el hombre de proporciones criminales. La palabra “Katrina” ahora está asociada con la burda negligencia y la incompetencia del gobierno más poderoso del planeta, con las horribles condiciones de vida a las que se enfrentan millones de pobres, mayoritariamente negros norteamericanos, a la corrupción, a la indiferencia racista, el aburguesamiento y la enorme y creciente división entre ricos y pobres en el país más rico del mundo.
Como se podría esperar, el gobierno hizo muchas promesas mientras las cámaras se centraban en las ruinas catastróficas y vergonzantes de una de las ciudades más célebres de EEUU. Desde entonces, sin embargo, una corriente continúa de inestabilidad, guerra y desastres alrededor del planeta han redirigido la atención del mundo. Tristemente, no ha cambiado mucho la vida en la “zona cero” del Katrina. Para decenas de miles de trabajadores y pobres el desastre del Katrina aún continúa.

Desplazamiento

Como puerto estratégico de EEUU la ciudad de Nueva Orleans debe reconstruirse, ¿pero en qué intereses? Como era de prever, el llamado “esfuerzo de reconstrucción” ha procedido con el mismo grado de negligencia, racismo, corrupción e ineficacia que antes y durante la tormenta. Todo un año después, las condiciones continúan para muchos de los que se les ha permitido regresar parecen las condiciones miserables a la que se enfrentan millones de iraquíes bajo la ocupación estadounidense y británica. Sólo la mitad de las casas de Nueva Orleans tienen acceso a la electricidad y los cortes de agua son algo común. Sólo el 18 por ciento de las escuelas públicas se espera que puedan abrir este otoño y sólo el 17 por ciento de los autobuses de la ciudad funcionan. La mitad de los hospitales siguen cerrados. El desempleo entre los adultos está en aproximadamente el 25 por ciento. El agua potable todavía no está disponible en muchas zonas y miles viven sin aire acondicionado, refrigeradores o incluso cocinas en medio de un calor asfixiante y la humedad.
Cientos de miles de personas de la Costa del Golfo siguen desplazadas. Hoy Nueva Orleans apenas tiene el tamaño de antes de la tormenta. El Servicio Postal de EEUU estima que sólo han regresado a la ciudad 170.000 personas y que 400.000 no han regresado a la zona metropolitana. Sólo uno de cada seis habitantes afro-americanos de Nueva Orleans ha regresado, comparado con cinco de cada seis de la antigua población blanca. Houston (Texas), donde miles se vieron obligados a huir, todavía es el “hogar” para unos 150.000 de los antiguos residentes en la Costa del Golfo. De éstos, el 81 por ciento son negros y el 59 por ciento está parado. Otros 100.000 refugiados del Katrina están viviendo en el estado de Georgia, con 80.000 sólo en Atlanta. Enfrentados al trauma del desplazamiento y la inestabilidad a largo plazo, no es de extrañar que las enfermedades mentales serias en las zonas afectadas por el Katrina se hayan doblado en un año.
Más de 43.000 unidades de alquiler quedaron inhabitables debido a los vientos y la riada, provocando un aumento de precios del 39 por ciento en las partes habitables de Nueva Orleans. Los altos alquileres están sido utilizados para echar a miles de pobres, mayoritariamente residentes negros. El aburguesamiento de esta ciudad que anteriormente tenía dos tercios de afro-americanos se está haciendo con un cálculo criminal. Miles han sido impedidos físicamente de regresar a sus casas y 5.000 viviendas públicas están en la lista de demoliciones para dejar más espacio para las zonas turísticas y los casinos. El mes de mayo pasado, el Ayuntamiento aprobó una ordenanza que decretaba que aquellos incapaces de reparar sus casas en el momento del primer aniversario de la tormenta corrían el riesgo de quedarse sin su propiedad que sería demolida. Alphonso Jackson, Secretario del Departamento de Desarrollo Urbano y Vivienda de EEUU, dijo al Houston Chronicle que sólo el 35-40 por ciento de los que regresen a la ciudad serán afro-americanos: “Nueva Orleans no va a ser negra como ha sido durante tanto tiempo”. Y el Representante estadounidenses Richard Baker de Baton Rouge, Louisiana, hizo los siguientes comentarios después de la tormenta: “Finalmente limpiamos la vivienda pública en Nueva Orleans. No podíamos hacerlo nosotros, pero Dios lo hizo”.
A pesar de todas las palabras sobre “patriotismo” y “unidad nacional” en tiempos de crisis, esto refleja la verdadera actitud de la clase dominante norteamericana y sus representantes en el gobierno. Las capas más explotadas de la sociedad estadounidense: los trabajadores pobres, los desempleados, las madres solteras, las minorías sociales y étnicas, los ancianos y los enfermos por no mencionar al conjunto de la clase obrera, son visto sólo como material de explotación. Somos “útiles” sólo si trabajamos para ellos por salarios cada vez más bajos que aumenten sus márgenes de beneficio. De otra manera, somos vistos como una “carga” sobre el sistema, mientras que nuestras casas y barrios son catalogados vehementemente como “zonas de re-desarrollo económico”, no como centros familiares, de comida, música, cultura y comunitarios. La destrucción cínica del lugar de nacimiento del jazz es una condena decisiva de su sistema.
Aunque el Congreso ha prometido más de 10.000 millones de dólares para las Ayudas para el Desarrollo de la Comunidad, ni un solo dólar se ha distribuido directamente entre los más de 100.000 propietarios de Louisiana que están cualificados para recibir esta ayuda. Por su parte, las principales aseguradoras han acusado a los asegurados de la Costa del Golfo de defraudar miles de millones de dólares en peticiones basadas en declaraciones manipuladas de ingenieros y así negarse a pagar.
Pero de ninguna manera esto significa que no estén llegando grandes cantidades de dinero a la zona. La floreciente industria de la “especulación con el desastre” está consiguiendo grandes cantidades gracias al sufrimiento humano.

Especulación

Se podría pensar que con todo el trabajo que se necesita hacer, habría muchos trabajos para los que viven y quieren trabajar en la Costa del Golfo. Pero los mayores benefactores de esta bonanza han sido empresas de otras zonas del país. A través de sus conexiones e influencias políticas en la administración Bush, estas empresas han conseguido el 90 por ciento de los contratos muy lucrativos, normalmente contratos a dedo con poca responsabilidad ante nadie.
Muchas de las mismas empresas que están consiguiendo beneficios de la “reconstrucción” de Iraq y Afganistán, también se están llevando la parte del león de los 9.690 millones de dólares de los contratos federales concedidos para la reconstrucción de la Costa del Golfo. Como ocurre con frecuencia, miles de millones de dólares de impuestos, pagados principalmente por la clase trabajadora, se están canalizando hacia estas empresas.
Según en reciente informe de Corp Watch: “Army Corps, Bechtel y Halliburton están utilizando los mismos ‘métodos para conseguir contratos” en la Costa del Golfo que los utilizados en Iraq y Afganistán. Son de ‘entrega indefinida, cantidad indefinida’ e contratos de ‘contingencia’ indefinidos que son utilizados por los contratistas de la Costa del Golfo para excluir a las empresas locales. También son contratos ‘con más margen de coste’ que les permiten recoger beneficios de todo lo que gastan, lo que supone un incentivo para sobre-gastar”.
Corp Watch también informe de los mayores beneficiarios que incluye a San Francisco-Bechtel con 575 millones de dólares en contratos. Fluor Corp con base en Texas con 1.400 millones de dólares. Ashbritt Inc con base en Florica que recibió un contrato de 579 millones de dólares por limpiar los escombros de Mississippi. Increíble pero cierto, The Miami Herald, informó recientemente de que Ashbritt no tiene ni un solo volquete, lo que hacen es subcontratar el trabajo. Otras empresas han conseguido millones para construir viviendas temporales, cuando no tenían licencia para hacerlo.
En una asombrosa vislumbre del capitalismo y la pirámide de hacer beneficios de las grandes empresas, el periódico británico The Independent recientemente informaba de que el contrato de Ashbritt “salía a 23 dólares por metro cúbico de escombros removidos. A su vez contrataba a C&B Enterprises para que hiciera el trabajo por 9 dólares el metro cúbico, que a su vez contrataba a Amlee Transportation que pagaba 8 dólares por metro cúbico. Amlee contrataba a otra empresa por 7 dólares metro cúbico. Finalmente, el trabajo se hacía por 3 dólares el metro cúbico por un transportista de Nueva Jersey”.
Mientras los medios de comunicación bombardeaban con el “saqueo” de los supervivientes del Katrina buscando comida y ropa, los verdaderos saqueadores son las empresas que como vampiros están consiguiendo miles de millones de dinero público. No debemos olvidar tampoco que la primera respuesta de Bush al Katrina fue firmar una ley que suspendía las protecciones salariales que existían para los trabajadores que trabajaban para contratos del gobierno. Desde el mismo principio, el desastre fue visto como una oportunidad para “enriquecerse rápidamente” a lomos de la clase obrera.
¿Quién está haciendo realmente la mayoría de este trabajo? Decenas de miles de trabajadores inmigrantes al menos la mitad sin papeles que ahora son el segmento de mayor crecimiento de la “nueva” población de Nueva Orleans. Como muchos otros que han tenido que huir de sus países en busca de una vida mejor, estos trabajadores fueron convencidos para ir a la Costa del Golfo con promesas de trabajo y salarios decentes. Pero lo único que han encontrado son sueldos y condiciones miserables, mentiras, explotación, corrupción y racismo.
Como en el resto de la economía norteamericana, estos trabajadores están haciendo el trabajo más peligro y peor pagado, con frecuencia ni siquiera pagado. Largas horas sin beneficios, constante acoso policial y el miedo a las redadas de la policía anti-inmigración son lo habitual. Expuestos a contaminantes, pinturas, fibra de vidrio, con frecuencia trabajan sin el equipamiento necesario de seguridad. Pero inspirados por las movilizaciones nacionales de los trabajadores inmigrantes, miles de estos trabajadores de Nueva Orleans salieron este año para defender la lucha por los derechos de los inmigrantes, y se han resistido a los intentos de dividir a la clase trabajadora sobre la base de su color o etnia.

“Negocios como es habitua”

Increíblemente, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército en absoluto confía en que las 220 millas de diques que protegen Nueva Orleans puedan resistir ni siquiera un huracán de categoría 3, menos aún un monstruoso de categoría 5 como fue el Katrina. A pesar de los miles de millones entregados a contratistas privados, el gobierno no puede ni siquiera ofrecer las garantías más básicas para la seguridad y el bienestar de los millones de personas que viven en la Costa del Golfo, menos aún proporcionar vivienda decente, empleos, cuidado sanitario, educación, o incluso una oferta continúa de electricidad.
Kathleen Blanco, la gobernadora Demócrata de Louisiana, insiste en que esto es demasiado para lo que se podía esperar de la reconstrucción un año después de la tormenta. Ella tiene razón: esto es lo que todos podíamos esperar de un sistema basado en el beneficio y la explotación. Mientras los super-ricos consiguen beneficios increíbles, los más pobres de los pobres en una de las ciudades más pobres de EEUU han sido desperdigados por todo el país con pocas esperanzas de regresar a la ciudad que consideran su hogar.
Muchos se encogen de hombros y dicen: “política como es habitual”, pero los problemas van mucho más allá. Lo que vemos en la Costa del Golfo y en Nueva Orleans en particular, es sólo una expresión gráfica de lo que realmente significa “negocios como es habitual” bajo el capitalismo. Como la guerra de Iraq, los “buitres capitalistas” de la Costa del Golfo son como sanguijuelas de lo público, despidiendo a miles, rompiendo sindicatos, pagando salarios de pobreza y recortando todo lo posible para maximizar sus beneficios, no importa lo que sufran los trabajadores y los pobres. Esta es la “democracia” que Bush y sus compinches quieren exportar al resto del mundo.
Su desprecio hacia la vida y el sufrimiento humano está muy lejos del ejemplo de Cuba, que cada año es golpeada por las principales tormentas caribeñas. Cuidar del bienestar de la población es la prioridad clave en la isla, incluso los animales y pertenencias personales son evacuados. Estas evacuaciones se preparan por adelantando, con planes comunitarios detallados e integrados. Antes de la tormenta se evacua a miles a lugares preparados con comida y agua, además de personal médico. En contraste con la experiencia de Nueva Orleans, no son abandonados a la riada ni apiñados como animales en centros de convención o estadios sin comida, agua o medicinas durante días.
El abismo de división de clase que vimos en Nueva Orleans existía mucho antes de que se derrumbaran los diques. El huracán Katrina simplemente fue el “accidente histórico” que sirvió para sacar a la superficie las contradicciones de esta sociedad. Como explicamos hace un año, esta es la verdadera cara del “capitalismo del siglo XXI”, un sistema de inestabilidad constante, decadencia y degradación que amenaza con arrastrar a toda la humanidad.
Otra forma es posible. Los miles de millones de dólares que se han desembolsado en los bolsillos de los contratistas privados podían tener un mejor uso. Lo mismo con los miles de millones gastados en la ocupación de Iraq, a la que se opone la mayoría de los estadounidenses. Lo hace falta es un programa de obras públicas para construir diques resistentes, reconstruir los pantanos y proporcionar empleos de calidad, vivienda, educación, transporte y cuidado sanitario para todos en la Costa del Golfo, y en todo el país. Estros programas deberían estar controlados democráticamente por aquellos que realmente están haciendo el trabajo, por nuestras comunidades, para garantizar la vigilancia de cada dólar gastado. ¡Ya basta de guerras y los beneficiarios del desastre que controlan la economía y el gobierno de este país!
En el primer aniversario de este hito importante en el cambio de conciencia de la clase obrera norteamericana, debemos redoblar nuestros esfuerzos para acabar con el sistema capitalista basado en el beneficio de una vez por todas. Hasta que no lo hagamos, el próximo “Katrina” estará sólo a la vuelta de la esquina.


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