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Honduras: Una semana después del golpe, continúa la movilización de masas Imprimir Correo electrónico
Escrito por Jorge Martín   
Miércoles 08 de Julio de 2009 19:00

El ejército impide el regreso de Zelaya

 

En Honduras después del golpe se están produciendo todo tipo de maniobras. Los organizadores del golpe quieren mantenerse, pero la presión es en dirección a alcanzar alguna clase de compromiso que, sin embargo, no dejará satisfechas a las masas. La única respuesta real está en la plena movilización de los trabajadores y campesinos hondureños.

El domingo 5 de julio, una semana después de haber sido expulsado por un golpe de estado militar, el presidente hondureño, Mel Zelaya, subió a bordo de un avión venezolano en Washington con el objetivo de regresar al país. Cientos de miles se habían congregado en el aeropuerto Toncontin y rompieron las líneas policiales para garantizar que pudiera aterrizar el avión. Sin embargo, el ejército abrió fuego contra los manifestantes desarmados, hiriendo a varios y asesinando por lo menos a uno. El avión de Zelaya no pudo aterrizar porque el ejército había estacionado vehículos en la pista de aterrizaje. El gobierno de Micheletti, impuesto por el golpe, ha cerrado todos los aeropuertos del país.

Hombres, mujeres, niños, trabajadores, campesinos, pobres, todos se reunieron desde primeras horas de la mañana para dirigirse hacia el aeropuerto y recibir a su presidente. Radio Globo situaba la participación en medio millón de personas, otros la situaban en 250.000. La cadena Telesur mostraba una enorme multitud de cientos de miles, mucho mayor que los 65.000 que se manifestaron contra el golpe el día anterior en Tegucigalpa. Hablando desde Honduras a In Defence of Marxism, el parlamentario Tomán Andiono del partido Unidad Democrática (UD) decía: "Esta manifestación no tenía precedentes, probablemente es la mayor de la historia de Honduras". Debemos tener en cuenta que el país tiene una población de sólo 7,5 millones de habitantes. Esta manifestación es mucho mayor que la organizada contra el golpe y deja pequeñas a cualquiera de las manifestaciones organizadas por los golpistas durante la semana.

Este masivo movimiento en Honduras se produce a pesar de que el nuevo régimen ha impuesto el toque de queda (que ahora se ha ampliado y se sitúa entre las 6 de la tarde y las 6 de la mañana cada noche), han arrestado a docenas de conocidos sindicalistas, activistas y dirigentes del movimiento popular, han asesinado a varios de ellos (el corresponsal de El País informaba de que la policía cada noche ha llevado gente al hospital con heridas de bala), ha suspendido los derechos constitucionales (de facto una situación de estado de excepción) y ha bloqueado los medios de comunicación (han clausurado varias emisoras de radio y televisión). Según fuentes policiales sólo entre el sábado y el domingo se han detenido a 651 personas. Nada de esto ha parado el movimiento ni las huelgas que han paralizado principalmente el sistema educativo, las telecomunicaciones y las empresas de electricidad. Las organizaciones campesinas e indígenas mantienen el bloqueo de carreteras en muchos de los distritos del interior del país.

El alcance del movimiento contra el gobierno y la intensificación de la presión internacional están provocando fisuras en el campo de los golpistas. Según algunas noticias, los empresarios Ricardo Maduro, Rafael Ferrari y Carlos Flores Facussémet se reunieron con representantes de los golpistas a primera hora de la mañana para intentar llegar a un acuerdo. Pero los golpistas, encabezados por Micheletti, son unos representantes particularmente obtusos de la oligarquía hondureña, han dado el paso de organizar el golpe y ahora no están dispuestos a dar ninguna concesión. En una rueda de prensa que fue una farsa, Micheletti dijo que las tropas nicaragüenses estaban en la frontera en preparación de una invasión de Honduras. Cuando los periodistas pidieron más detalles, cambió el tono y dijo que ¡sólo era una "invasión psicológica"!

El sábado 4 de julo, la junta encabezada por Micheletti también hizo un desaire al secretario general de la OEA que había ido a Honduras para intentar llegar a un compromiso. Está claro que este golpe es muy embarazoso para la actual administración norteamericana y que se está presionando a los golpistas para que por lo menos hagan algunas concesión que permita una solución negociada, probablemente la inclusión por parte de Zelaya de algunas garantías, como que no pretendería convocar un referéndum sobre una asamblea constituyente.

El papel de EEUU en el golpe

Se ha especulado mucho sobre si la administración Obama estaba o no implicada en el golpe. En esta cuestión Andino es muy claro: "Pienso que es imposible que el ejército hondureño haya actuado sin al menos la aprobación táctica por parte de la inteligencia estadounidense".

Toda la información que ha aparecido durante la semana pasada confirma lo que dijimos justo después del golpe de estado:

Está claro y es de conocimiento público que EEUU sabía que se estaba organizando el golpe. Habían tenido conversaciones con los líderes del congreso en el que se había discutido el golpe. EEUU aconsejó no detener a Zelaya. Probablemente, la administración norteamericana, frente a la movilización de masas del viernes y después de aprender las lecciones de Venezuela, no tenía mucha confianza en tomar este paso ilegal y estaba más favor de continuar con el patrón del ‘golpe constitucional'", dejando la destitución de Zelaya para otro momento más favorable". (Hay que derrotar el golpe militar reaccionario en Honduras. ¡Movilizaciones de masas en las calles y huelga general!)

El embajador norteamericano Hugo Llorens había declarado en varias ocasiones que estaba en contra de la consulta propuesta por Zelaya sobre la posibilidad de un referéndum sobre la asamblea constituyente, pero expresó su oposición con un lenguaje típicamente diplomático: "No se puede violar la Constitución para crear una Constitución" (La Prensa. 4/6/09). Este fue precisamente el argumento utilizado por la oligarquía para bloquear la consulta propuesta por Zelaya.

Sin embargo, Llorens insistía en que: "cualquiera que sea el final, se debe hacer en el marco de la ley, dentro de la Constitución". El 17 de junio se hizo eco de los argumentos de los capitalistas hondureños: "La situación política en el país no ayuda a crear un clima propicio para la inversión. La incertidumbre en un país no ayuda a la inversión". (La Prensa). Y añadió que la disputa sobre la consulta debe ser resuelta por el congreso. Lo que decía, alto y claro, era que EEUU estaba a favor de una "golpe constitucional democrático".

En víspera del golpe, el embajador estadounidense Llorens estuvo ablando con los golpistas. El 21 de junio hubo una reunión en la embajada de EEUU con la presencia del presidente Zelaya, además de los golpistas: el presidente del congreso Micheletti, los candidatos presidenciales del Partido Nacional y Liberal, Santos y Lobo, y el jefe de las fuerzas armadas, Romeo Vásquez. Según una noticia aparecida en el hondureño La Prensa, le dijeron a Zelaya: "la mejor manera de salir de la crisis" sería "cancelar la consulta y en su lugar realizar una encuesta". (La Prensa. 22/6/09). El hecho de que el embajador norteamericano se inmiscuya de esta manera en los asuntos internos de un país soberano es una prueba clara de la situación de Honduras como "república bananera" dominada por el imperialismo estadounidense. El mensaje a Zelaya fue claro: cancelar el referéndum.

Sería muy ingenuo pensar que Llorens no conocía los planes del golpe, en realidad, se estaba discutiendo abiertamente en los medios de comunicación hondureños los día previos al mismo, incluso sería aún más ingenuo pensar que no informó a Washington. Llorens no es un recién llegado, fue nombrado embajador de EEUU en Honduras por la administración Bush y ha sido responsable de Asuntos Andinos en el Consejo de Seguridad Nacional en 2002 y 2003. Esta posición le convirtió en el principal asesor de Bush en cuestiones relacionadas con Venezuela, Colombia, Bolivia, Perú y Ecuador. Por lo tanto, conoce bien el fracaso del golpe en Venezuela en 2002.

 La política de la nueva administración Obama con relación a América Latina ha sido la de ocultar el palo y enseñar principalmente la zanahoria. Los objetivos son los mismos, pero después del fiasco de la política de acoso de Bush en la región, Obama pretende parar la ola revolucionaria que recorre el continente apoyándose en gobiernos "de izquierdas razonables" de la región. No puede, por tanto, permitirse la situación embarazosa de un golpe militar. Ciertamente, la administración Bush quería echar a Zelaya, que se ha convertido en una espina, uniéndose al ALBA, alineándose con Chávez, negándose durante meses a aceptar al embajador norteamericano, Llorens, como un gesto de solidaridad con Bolivia (donde EEUU estuvo implicado en otro intento de golpe en septiembre del año pasado) y, en general, contribuyendo a la profundización de la lucha de clases ("polarización") en Honduras con sus declaraciones "irresponsables" sobre los ricos y los pobres, y "liberar al país del imperialismo". Simplemente preferían hacerlo por métodos constitucionales.

El 25 de junio el congreso hondureño se declaró en "sesión permanente". Iban a llevar a cabo un golpe declarando la inhabilitación del presidente. El golpe fue abortado en el último minuto con la intervención de Llorens e incluso, según algunas noticias, de la Secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton. Pero  eso sólo retrasó el golpe hasta el domingo 28, cuando el ejército detuvo a Zelaya en medio de la noche y lo puso en un avión rumbo a Costa Rica.

Esto se reveló en las declaraciones tibias y tardías de la administración Obama después del golpe. El primer pronunciamiento oficial de la Casa Blanca fue en la línea de un llamamiento a "todos los actores políticos y sociales a respetar las normas democráticas, el estado de derecho y los principios de la Carta Democrática Inter-Americana". Fue un llamamiento a todos los actores a que respeten la democracia, ¡cuando una parte de ellos acaba de llevar a cabo un golpe de estado! Llegó después  de la condena enérgica del golpe por los países miembros del ALBA, encabezados por Venezuela, EEUU tuvo que pronunciar la palabra "golpe" y amenazó con cortar la ayuda militar a Honduras. Sin embargo, el embajador Llorens se quedó en Honduras para mantener una línea abierta "con todos los actores".

Incluso aunque Zelaya había estado en Washington unos días, ni Obama ni Clinton se han reunido con él, prefirieron permitir a la OEA que se encargara de la cuestión. La Organización de Estados Americanos ha recibido el encargo de intentar encontrar una solución razonable a este caos, una que salve la cara con el regreso de Zelaya, pero sobre la base de neutralizarle, y sobre todo a las masas que le apoyan. Después de todo, incluso si regresa, no tiene el control del congreso, del Tribunal Supremo ni del ejército, y hay elecciones programadas para noviembre en las que no puede legalmente participar. Cuando Zelaya anunció que regresaba al país el 2 de julio, la OEA dio al régimen un ultimátum de 72 horas, esto retrasó su regreso. Después Zelaya anunció que regresaría el sábado 4 de julio, pero el secretario general de la OEA, Insulza, anunció su visita a Honduras ese día, retrasando un  día más el regreso de Zelaya.

Pero Insulza se encontró con las mofas de los golpistas que anunciaron, antes de que les echaran, de que abandonaban la OEA. Hay ciertos elementos en la política que no están bajo el control de nadie. Aquí vemos a los representantes más obtusos de la oligarquía hondureña mordiendo la mano de quien les da de comer.

El periódico español El País, siempre reflejando fielmente las opiniones del imperialismo, lo planteó muy francamente la semana pasada:

"Pero se le hace urgente encontrar una salida en el plazo marcado por esa organización para evitar que el presidente venezolano, Hugo Chávez, llene el vacío que pueda quedar después. Si la OEA, con el apoyo norteamericano, no consigue reponer a Zelaya, el camino quedará expedito para la solución insurgente que sugiere Chávez.

"Estados Unidos parece consciente de que está corriendo aquí más riesgos de los que jamás hubiera pensado en un país como Honduras, y trata de cuidar sus movimientos para que gane Zelaya sin que gane lo que Zelaya significa. En otras palabras, sin que gane Chávez ni el populismo". (Ultimátum de la OEA a los golpistas. El País. 2/7/09)

El País se opuso al golpe pero apoyaba sus motivos, después de haber escrito una denuncia vitriólica de Zelaya el día antes del golpe en una editorial que ridiculizaba la advertencia de Chávez sobre la preparación de un golpe en Honduras. (Editorial: Crisis en Honduras. 26/6/09)

Negociaciones y acción de masas

Sin embargo, en los siguientes días, se ejerció más presión sobre los golpistas para llegar a un acuerdo. Este punto fue confirmado por un artículo del Washington Post: "Funcionarios norteamericanos confirmaron que el gobierno de facto de Honduras ha enviado un mensaje a la OEA en busca de negociaciones abiertas, un movimiento descrito por un funcionario como positivo. ‘Pensamos que esto podría crear la base para la continuación de un movimiento de las iniciativas diplomáticas de la OEA'".

Tomás Andino, el diputado de UD, nos dijo que Carlos Flores estaba negociando con Washington para encontrar una salida negociada a la crisis actual. "Quieren que regrese Zelaya, pero atándole de pies y manos". Dijo que los empresarios temen que si los esfuerzos actuales no obligan a los golpistas a retirarse, se enfrentará a una insurrección armada de masas de la población que representaría una amenaza para todo el régimen capitalista.

No obstante, debemos dejar claro un punto: la presión diplomática no puede derrocar el golpe en Honduras a menos que las masas de trabajadores y campesinos luchen por ello en las calles como han hecho estos últimos días. Puede incluso que Zelaya regrese a Honduras, sólo para que el Congreso inicie el procedimiento para destituirle de la presidencia antes del final de su mandato el próximo mes de enero.

Durante la última semana, el movimiento de masas en Honduras se ha ampliado, ha ganado confianza y se ha radicalizado. Esto es precisamente lo que temían los golpistas y la razón por la que organizaron el golpe. La lucha de la semana pasada a pesar de la represión, no es sólo por la restitución del presidente, sino también por el juicio y castigo a los golpistas. Incluso más aún, es una lucha fundamental por los empleos, pan, tierra, dignidad y soberanía nacional. Nada de esto se conseguirá sólo con el regreso de Zelaya. Si finalmente se llega a un acuerdo negociado, éste no solucionará las reivindicaciones de las masas de justicia, y por supuesto, no resolverá los problemas sociales y económicos que las han castigado y las han situado en torno a Zelaya.

Hablando con Tomás Andino, del Partido Unidad Democrática de Honduras, dejó muy claro que el Frente de Resistencia Popular contra el Golpe rechaza cualquier tipo de negociación con los golpistas, y defiende la restitución incondicional del presidente. Añadió que las masas se han radicalizado debido a su propia experiencia. "Ya no es una cuestión de pedir un referéndum por la asamblea constituyente, ellos quieren una asamblea constituyente pero no están dispuestos a negociar nada con las instituciones políticas que organizaron el golpe".

El regreso de Zelaya, si finalmente se produce en los próximos días, será una victoria real del movimiento de masas si se consigue sin concesiones por su parte. Si es así, fortalecerá la decisión de los trabajadores y campesinos, aumentará la confianza en su propia fuerza.

La semana pasada de lucha ha representado una escuela rica de formación política para las masas. Bajo el látigo de la represión su comprensión política se ha desarrollado a pasos de gigante. Todo lo que quería Zelaya, aparentemente, era realizar una consulta para decidir sobre una asamblea constituyente. Y sólo por eso, la oligarquía en bloque organizó un golpe cívico-militar. Como nos explicaba Andino, el golpe tiene el apoyo de todos los partidos políticos tradicionales, la jerarquía de las iglesias evangélica y católica, el monopolio de los medios de comunicación, los propietarios de la industria, los terratenientes, la judicatura y la cúpula militar. Todo el establishment político está en contra de cualquier reforma democrática menor. Porque están aterrorizados por las implicaciones revolucionarias que representa la participación directa de las masas de los trabajadores y los campesinos en la política. El sistema capitalista no lo puede permitir. Andino añadió que: "lo que vemos es el principio de una revolución" y tiene razón.

Las dos principales lecciones que se deben aprender de estos acontecimientos, por un lado, es que la oligarquía en estos países capitalistas subdesarrollados no puede permitir ni siquiera las reformas progresistas más moderadas si éstas van acompañadas de un proceso de politización y movilización de las masas. Temen las consecuencias revolucionarias de la participación activa de las masas en la política. Por otro lado, debería estar claro que es una utopía esperar que las instituciones del estado capitalista (judicatura, jerarquía militar, medios de comunicación, policía, etc.,), permitan un cambio revolucionario genuino sin que ellos defiendan los intereses de sus maestros, la clase dominante. Esta es una advertencia seria para el movimiento revolucionario en Bolivia, en el vecino El Salvador, en Ecuador, etc.,

La única salida para el movimiento en Honduras es continuar la movilización contra el golpe. Esto se debe organizar y coordinar nacionalmente a través de comités en cada centro de trabajo, barrio y pueblo. Se debe hacer un llamamiento a las filas del ejército, a los soldados corrientes que también son parte del pueblo. Se deben proteger las manifestaciones de masas con comité de defensa compuestos por trabajadores y campesinos. Los generales del ejército ya han demostrado de lo que son capaces, el pueblo no se debe enfrentar a ellos desprotegida. Tomás Andino nos informó de diferentes ejemplos de confraternización de oficiales de policía y soldados con los manifestantes. Esto aún no ha cristalizado en un sector del ejército rebelándose abiertamente, pero podría suceder en los próximos días.

Finalmente, el principal arma de la clase obrera contra la oligarquía y el golpe es la huelga general. Sin el permiso de la clase obrera no se mueve una rueda ni se enciende una bombilla en Honduras. Los trabajadores pueden paralizar el país y evitar que funcione el régimen golpista. Andino informó a In Defence of Marxism que aproximadamente el 60 por ciento de los trabajadores del sector público habían participado en la huelga contra el golpe de estado y esta semana se espera que se extienda la huelga al sector privado. La convocatoria de huelga la han hecho las tres principales confederaciones sindicales, todas ellas forman parte del Frente de Resistencia Popular.

Tomás Andino ha hecho un llamamiento para la acción de la clase obrera internacional. "Debe haber bloqueos contra los productos hondureños por parte de los estibadores y trabajadores del transporte. Esto puede golpear a la clase capitalista donde le duele".

La solidaridad internacional por parte de la clase obrera y el movimiento obrero internacional es también crucial. Estamos firmemente con el pueblo hondureño y contra cualquier intento de diluir sus reivindicaciones tradicionales.

¡Por el regreso inmediato de Zelaya!

¡Juicio y castigo a los golpistas!

¡Todo el apoyo a la lucha del pueblo de Honduras!