Internacional Medio Oriente
El caos provocado por el atentado terrorista en Lahore demuestra la crisis del Estado pakistaní Imprimir Correo electrónico
Escrito por nuestro corresponsal en Lahore   
Jueves 02 de Abril de 2009 19:00

A las ocho y media de la mañana (30 de marzo), unos terroristas utilizaron ametralladoras y granadas para lanzar un ataque salvaje contra una academia de policía en Manawan, en los alrededores de Lahore. La policía y las fuerzas especiales siguen aún en una batalla campal con los atacantes que están ocultos en diferentes edificios del lugar, los servicios de emergencia intentan evacuar a los heridos hasta los hospitales cercanos.

Según los canales privados de televisión al menos 20 policías han muerto y 150 han resultado heridos. Según personal de los Rangers han resultado abatidos dos terroristas. "El número de muertos asciende por lo menos a veinte", según declaró el subinspector Amjad Ahmad a AFP a las afueras de la academia en Manawan. Sin embargo, debido al fuego cruzado provocado cuando la policía intentaba aislar a los terroristas dentro del edificio la lista de muertes podría ser mucho más elevada.

El incidente se ha producido cuando los alumnos estaban participando en un desfile matutino. Según testigos presenciales se calcula que unos diez terroristas cometieron el ataque y que se han podido escuchar al menos 11 explosiones. Según las noticias, algunos de los atacantes entraron en la academia vestidos con uniformes de policía.

El objetivo del ataque es significativo porque Manawan está cerca de la carretera que lleva a la frontera india. Evidentemente, se puede trazar la implicación de una mano india tras este ataque. De la misma manera que algunos sectores han intentado culpar de los recientes asesinatos de jugadores de cricket de Sri Lanka (también en Lahore) a la India, supuestamente como venganza por la atrocidad de Mumbai.

No obstante, hay una explicación mucho más probable y señala con el dedo acusador a una fuente mucho más próxima. Ayer las autoridades pakistaníes expresaron sus "preocupaciones" a través de canales diplomáticos sobre ciertos aspectos de la nueva política para la región anunciada el viernes por el presidente Barack Obama.

"Les hablaremos (a EEUU) sobre cuestiones que preocupan para las consiguientes negociaciones diplomáticas", estas son las palabras del portavoz presidencial Farhatullah Babar al periódico Dawn el sábado. Oficiales veteranos del ministerio de exteriores han dado una impresión similar, dijeron que las preocupaciones no pasarían desapercibidas y que se trataría a un "nivel adecuado".

¿Qué anunció Obama que preocupa a Islamabad? El presidente norteamericano anunció varias iniciativas, incluido el aumento de la ayuda a Pakistán, la aprobación de la legislación sobre la reconstrucción de algunas zonas y un compromiso por la democracia en el país, pero al mismo tiempo fue bastante amenazador en su tono y dijo categóricamente que no daría "cheques en blanco" a Pakistán.

¿Qué significa esto? Significa que, aunque Washington vea a Pakistán como una pieza vita de su estrategia en la "guerra contra el terrorismo" en Afganistán, cada vez está más frustrado por el papel ambiguo que las autoridades pakistaníes y en particular los servicios secretos pakistaníes (el ISI), un estado en la sombra dentro del estado, que es bien conocido que tiene estrechos vínculos con al Qaeda y los talibán, además protege y apoya en secreto a organizaciones terroristas para sus propios propósitos siniestros.

La respuesta del ministerio de exteriores pakistaní fue cautelosa porque se trata de una cuestión explosiva y que está en el corazón de la crisis del estado pakistaní. Fuentes de exteriores dijeron: "Hay algunos pequeños problemas en la política sobre el que nuestra dirección no habla". ¡Tienen buenas razones para guardar silencio!

La frustración estadounidense se pudo ver en las recientes declaraciones del Secretario de Defensa norteamericano Robert Gates, quien pidió al poderoso servicio de inteligencia pakistaní que cortar sus contactos con los extremistas afganos, a los que calificó como una "amenaza existencial" para el propio Pakistán. Gates simplemente expresaba lo que todo el mundo ya sabe: el Directorio para los Servicios de Inter-inteligencia de Pakistán ha tenido lazos con los grupos terroristas yihadistas "desde hace mucho tiempo, como protección contra lo que podría ocurrir en Afganistán si nos vamos o cualquier otra cosa", así se lo expresó a Fox News Sunday.

"Lo que necesitamos hacer es intentar y ayudar a los pakistaníes a comprender que estos grupos ahora son una amenaza existencial para ellos y que seremos un aliado firme de Pakistán", señaló Gates. "Ellos pueden contar con nosotros y no necesitan esa protección", citando específicamente los lazos del ISI con la red Haqqani vinculada a Al Qaeda y las fuerzas del señor de la guerra afgano Gulbuddin Hekmatyar.

Los comentarios del jefe del Pentágono llegan después de que el presidente Barack Obama pusiera el viernes a Pakistán en el centro de la lucha contra Al Qaeda con una nueva estrategia que compromete miles de soldados más y miles de millones de dólares para la guerra afgana.

"Comprende claramente", añade Gates", que esta es una lucha muy dura y que estaremos en ellas hasta que la ganemos, hasta que Al Qaeda ya no sea una amenaza para Estados Unidos y hasta que no exista el peligro de que Afganistán o la parte occidental de Pakistán dejen de ser una base para Al Qaeda".

EEUU está perdiendo en Afganistán

Ahora es un secreto a voces que la guerra en Afganistán va muy mal. Las bajas occidentales aumentan constantemente. Obama intenta desembrollar las fuerzas norteamericanas de Iraq para reforzar la presencia estadounidense en Afganistán. En un artículo del New York Times se dice que mandos militares norteamericanos han presionado a Obama para que envíe aún más tropas, preguntado por ello el secretario de defensa responde: "El presidente ha aprobado cada uno de los soldados que yo le he pedido [...] Y la realidad es que hay muchas tropas allí. Esto nos llevará, cuando todo esté dicho y hecho, a 68.000 soldados además de otros 35.000 o así de los europeos y otros socios".

Obama ahora está presionando para arrancar un compromiso de más tropas a otros aliados europeos reticentes. Washington está también pidiendo más expertos civiles y entrenadores de la policía. Pero no importa cuantas tropas envíen a Afganistán porque la posibilidad de la victoria sigue siendo un espejismo. Con cada bomba arrojada sobre una aldea afgana el odio hacia el invasor extranjero se vuelve más intenso. El gobierno de Kabul es visto como un gobierno títere de colaboradores y gánsteres corruptos. Por otro lado, los talibán tienen un suministro incesante de reclutas desde Pakistán, mucho dinero del tráfico de opio y paraísos seguros en las zonas tribales al otro lado de la frontera en Pakistán.

Esto explica los ataques públicos al ISI procedentes de Washington, que han provocado negativas furibundas por parte de la Seguridad del Estado Pakistaní. La realidad es que en el pasado el ISI fue apoyado activamente por Washington para apoyar a Al Qaeda y los talibán, cuando estos bandidos reaccionarios fueron utilizados para luchar contra el ejército soviético en Afganistán. Esto animó a sectores de la cúpula del ejército pakistaní (y especialmente el ISI) a creer que podrían tener vía libre en Afganistán, que, en realidad, está bajo el control de Pakistán. Desarrollaron la célebre teoría de la "defensa en profundidad, eso significaba que Afganistán serviría a Pakistán como una especie de posición de repliegue en el caso de otra guerra con India (una cuestión con la que están continuamente obsesionados estos elementos).

Desde que los imperialistas norteamericanos han cambiado la línea y declarado la guerra contra sus antiguos aliados, Al Qaeda y los talibán, el ISI y otros elementos reaccionarios, el estado mayor pakistaní no disimula su disgusto. Nunca han roto los lazos con Al Qaeda y los talibán, que no están motivados por fanatismo religioso, sino por el fanatismo de enriquecerse mediante métodos sucios.

Cuando la economía pakistaní colapsa y las masas se enfrentan a la pobreza y el hambre, destacados ciudadanos pakistaníes se están enriqueciendo fabulosamente gracias a la economía negra, sobre todo el lucrativo tráfico de drogas. Los fundamentalistas islámicos realmente son gánsteres y lumpenes, vinculados a la mafia y el transporte de drogas que comercia con la miseria humana. Se trata de una gran empresa a una escala inmensa, que implica corrupción que afecta a lo más alto de la sociedad, incluida la cúpula militar. Es un cáncer que roe las entrañas del estado pakistaní y lo destruye lentamente desde dentro. Por eso Gates habla de un "problema existencial".

Hace unos meses un general pakistaní, Ameer Faisal Alvi, un oficial de servicio en la campaña del ejército pakistaní contra Al Qaeda y los talibán en las zonas tribales de Waziristán, jefe del Grupos de Servicios Especiales (Comandos), envió una carta al jefe del Estado Mayor, el general Pervaiz Ashraf Kayani, denunciando que los generales del ejército pakistaní estaban colaborando activamente con Al Qaeda y los talibán. Como resultado, fue expulsado del ejército. Después de esto, envió otra carta al Estado Mayor, en ella señalaba a los  generales en cuestión. Fue un acto de valentía personal por el que pagó un precio elevado. El 26 de noviembre de 2008 fue asesinado a plena luz del día en las calles de Islamabad.

Divisiones en el Estado

Esto explica por qué los gobernantes de Pakistán temen hablar de determinadas cosas. La podredumbre del capitalismo pakistaní se ha extendido hasta los más altos niveles del Estado, el ejército y el gobierno, hasta el punto de amenazar con una ruptura total. La semana pasada EEUU pronosticó que si no se hacía algo pronto, el Estado ¡en seis meses podría romperse! Todos estos acontecimientos son una confirmación contundente del análisis marxista del Estado que se hizo en el reciente congreso de The Struggle.

El asesinato de Benazir Bhutto fue una indicación de las siniestras fuerzas que existen en la sociedad pakistaní. Los medios de comunicación occidentals presentan erróneamente esta situación como el ascenso del "fundamentalismo islámico", cuando en realidad estas organizaciones terroristas son pequeños grupos minoritarios formados por lúmpenes y bandidos manipulados por la ponderosa mafia de la droga y el Estado. Aunque un fanatic lúmpen apretara el gatillo, el verdadero asesino de Benazir Bhuto fue el ISI. Sin duda son las mismas personas que están detrás de las atrocidades de Mumbai y del asesinatos de los jugadores de criket de Sri Lanka. Y tampoco hay duda de que se trata de la mano invisible que está detrás de los acontecimientos sangrientos de hoy, que representan una respuesta a la amenaza de Washington.

La idea de que los fundamentalistas disfrutan de un apoyo masivo en la sociedad pakistaní es una calumnia contra la población de Pakistán. Estas bandas reaccionarias originalmente fueron creadas por el imperialismo norteamericano bajo la brutal dictadura de Zia y fueron nutridos, financiados, armadas y enfrentados por el Estado pakistaní. Sin el apoyo del ISI no son nada. Por eso los imperialistas norteamericanos ahora exigent que el gobierno pakistaní tome medidas contra el ISI.

Es muy fácil hablar desde la seguridad y una oficina con aire acondicionado en Washington, pero no es tan fácil ponerlo en práctica en las calles de Islamabad. El ISI está atrincherado después de décadas de existencia mimada y privilegiada. Está atado con mil lazos a funcionarios del gobierno y politicos corruptos al más alto nivel, para organizar el crimen a gran escala, a la droga y a la mafia del transporte, a los fanaticos religiosos en las madrassas que producen fanáticos con el cerebro lavado dispuestos a actuar como instrumentos asesinos de la reacción y al sombrío submundo del terrorismo yihadista.

Otro sector del Estado tiene intereses diferentes. Hay sectores del imperialism norteamericano, cuyos intereses sirven como el perro que lame la mano de su amo. Se inclinan ante sus jefes en Washington, que tratan a Pakistán como el patio trasero de EEUU. El conflict de estos dos ala antagónicas de la clase dominante se explica por intereses materiales antagónicos.

En cuanto a la clase obrera pakistaní, no tiene nada que elegir entre estos dos grupos rivales de gánsteres. Los marxistas pakistaníes lucharán contra el imperialism norteamericano y se opondrán a sus acciones criminals en Afganistán, Waziristán y Pukhtunkhwa. Pero lo haremos con nuestros propios métodos y bajo nuestra propia bandera, que no es la bandera negra de la reacción fundamentalist sino la bandera roja de la revolución socialista.

Sólo tomando el poder en sus propias manos, la clase obrera podrá derrocar el Estado podrido y enfermo, a los explotadores y construir un nuevo Estado, un estado obrero democratic en el que las vidas y el destino de las persontas sean decididos por las propias masas. Esa es la única alternative que sacará a Pakistán de la actual pesadilla y lo llevará al reino del socialism y la libertad.

 Lahore, 30 de marzo de 2009.