Internacional Medio Oriente
Una nueva etapa: balance general de la actual revolución iraní Imprimir Correo electrónico
Escrito por Hamid Alizadeh   
Miércoles 27 de Enero de 2010 19:00

Los acontecimientos recientes en Irán han remarcado el hecho de que el movimiento desatado en junio no fue un hecho aislado. Marcó el comienzo de un proceso revolucionario que no se detendrá hasta que este régimen tan repudiado sea derrocado. Ha habido alzas y bajas, pero la dirección es clara. Lo que el movimiento de masas requiere ahora es la intervención decisiva de la clase trabajadora organizada. Esto es en lo que los marxistas insisten en la situación actual.

Después de seis meses de lucha, la revolución iraní ha comenzado a entrar en una  nueva etapa. Tras las intensas batallas de las últimas semanas que terminaron con varios muertos y una cifra desconocida de activistas presos, es evidente para muchos de los sectores de las masas, sino para la mayoría, que se ha llegado a un punto sin retorno. Desde aquí no hay vuelta atrás. La total destrucción del Estado Islámico y la convocatoria de una Asamblea Constituyente Revolucionaria, son la única manera de comenzar a resolver, incluso, las necesidades más modestas del pueblo iraní.

Hasta ahora, sólo la ausencia de una dirección revolucionaria ha impedido el derrocamiento del régimen. Las masas han demostrado una enorme fuerza, nivel de conciencia y voluntad de sacrificar lo que sea necesario para liberarse. Por otro lado, hemos visto divisiones en el régimen e incluso elementos de vacilación en las fuerzas represivas que se han visto enfrentadas con el movimiento de masas. El movimiento debe organizarse a través de los barrios y comités de fábrica, y elaborar un programa claro para su propia construcción que sea discutido y votado por dichos comités. Estas acciones podrían preparar la caída del odiado régimen y al mismo tiempo serían el primer paso hacia la construcción del socialismo en Irán.

El proceso revolucionario está madurando

"En tiempos normales el estado, sea monárquico o democrático, se eleva a sí mismo por encima de la nación, y la historia la corre a cargo de los especialistas de este oficio -reyes, ministros, burócratas, parlamentarios, periodistas. Pero en los momentos decisivos, cuando el orden establecido se hace insoportable para  las masas, éstas rompen las barreras que las excluyen de la arena política, desplazan a un lado a sus representantes tradicionales y, con su intervención,  crean un punto de partida para un nuevo régimen" (León Trotsky. Del Prólogo a La Historia de la Revolución Rusa). Esto es precisamente de lo que hemos sido testigos en Irán los últimos meses.

Desde su estallido en junio pasado, el movimiento de masas se ha desarrollado a través de una serie de etapas. La atmósfera festiva de los primeros días, una característica común de todas las revoluciones, no duró mucho tiempo. El régimen se paralizó por el carácter masivo del movimiento que se abría paso ante todo. Pero sin un programa ni dirección era natural que el movimiento no pudiese arrastrar a millones de personas cada día indefinidamente. Así es que tan pronto como las manifestaciones se redujeron, el régimen utilizó lo que mejor conoce: una represión brutal y violenta.

En el corto plazo, esta táctica funcionó y por unos días el régimen creó una suerte de calma en las calles. Pero fue sólo una calma previa a la tormenta. El 9 de julio el pueblo salió a las calles nuevamente. Pese a que las manifestaciones de ese día no fueron tan grandes como la de los días anteriores, estaban en un nivel distinto, demostrando no sólo que las masas no se sentían amedrentadas por la represión ni derrotadas, sino que estaban comenzando a perder el miedo completamente. A pesar de que el movimiento no tenía una expresión organizada, continuó desarrollando sus métodos y consignas. Comenzando con demandas tales como "¿Dónde está mi voto?" a mediados de verano, ya en otoño las masas señalaban "Muerte al dictador"  y "Muerte a Jamenei". El rechazo al fraude electoral se había convertido en el rechazo al régimen y sus principales representantes.

El régimen se estaba debilitando y no podía correr el riesgo de dejar continuar por mucho tiempo una situación que amenazaba su poder. Al mismo tiempo, el movimiento no había sido capaz de lograr ninguno de sus objetivos. Ninguna de las dos partes podía permitirse dar un paso atrás. Como hemos explicado desde el comienzo, las crecientes tensiones en la sociedad iraní conducirían inevitablemente este movimiento a una lucha vital por el poder; esto es, a una revolución.

Esta contradicción, que ha estado presente desde los principios de la lucha, se reflejó claramente  el 7 de diciembre por primera vez. El tan renombrado "Día del Estudiante" se convirtió en una encarnizada y violenta batalla entre los manifestantes y las fuerzas armadas. Las batallas de ese día tuvieron un carácter más amargo que cualquier otro día posterior a las elecciones de junio. En ocasiones previas, los manifestantes se habían dispersado al verse enfrentados a una confrontación armada, pero sólo para reunirse de nuevo más tarde. Sin embargo ese día las luchas pasaron de ser defensivas a ser crecientemente ofensivas. Enfrentamientos directos entre los manifestantes y las fuerzas armadas se observaron en muchos lugares sin que nadie retrocediera.

Pese a que el número de manifestantes era reducido debido a la naturaleza de aquel día (del Estudiante), las acciones tomadas por el pueblo trascendieron a un nivel más avanzado que el anterior. Las masas estaban comenzando a sentir su fuerza, así como las limitaciones de sus enemigos. La perspectiva de esta atmósfera esparciéndose a capas cada vez más amplias de la población, debió ocasionar muchas noches de insomnio a los mandos de las  fuerzas armadas. Desde aquel día todas los ojos  se concentraron en los días del tradicional luto chiíta de Tasua (26 de diciembre) y Ashura (27 de diciembre), ambas oportunidades para que el movimiento  tomara las calles.

La muerte de Montazeri

El 19 de Diciembre de 2009, pocos días antes de Tasua y Ashura, ocurrió un incidente que precipitó las bases para el estallido. El gran Ayatollah Hussein-Ali Montazeri, uno de los críticos del régimen más conocidos desde los últimos 25 años, moría de causas naturales.

Sus críticas a los diferentes aspectos del régimen lo habían convertido en un ícono y eje de la oposición en Irán. A pesar de haber sido uno de los principales constructores de la República Islámica y del "Juriconsulto Islámico", más tarde se convirtió en una de las voces críticas de dichas instancias. También criticó abiertamente las ejecuciones masivas de activistas de izquierda que tuvieron lugar a fines de la guerra entre Irán e Iraq. Esto ocurrió en un período en que todos los otros reformistas (Rafsanjani, Jatami, Mousavi etc.) se encontraban firmemente detrás del régimen.

Esta clase de oposición le trajo a Montazeri unos cuantos años de arresto domiciliario, pero al mismo tiempo la admiración de muchos iraníes que no habían visto ningún acto de rebeldía de ese tipo en los corruptos círculos gobernantes del país. A pesar de que el régimen trató de sabotear muchos medios de transporte para su funeral, cientos de miles se presentaron (algunos hablan de más de 2 millones). Después del funeral de Montazeri, definitivamente estaban sentadas las bases para una manifestación masiva durante los días de Tasua y Ashura.

Tasua y Ashura

Los tradicionales lutos chiítas - Tasua y Ashura - son significativos porque generalmente convocan a los sectores más numerosos de la sociedad a las calles. Las manifestaciones del luto ceremonial son capaces de atraer a millones de personas. Por esta razón, en tiempos de revolución, se han convertido tradicionalmente en manifestaciones políticas de masas. Esto ocurrió también durante la revolución de 1978-79.

Del mismo modo, en esta ocasión la falta de una expresión organizada del movimiento de masas obligó a utilizar estos días como ejes para la lucha. A pesar de que el régimen había tomado todas las precauciones posibles, no pudo impedir que el movimiento se volcara estos días a las calles con motivo de lucha contra el régimen.

Desde hace muchos días antes el régimen había movilizado todas sus fuerzas para romper la disidencia. Bajo esta atmósfera, fue fácil que la tensión estallara. Pero no lo hizo como en ninguna ocasión anterior. Los ánimos que se habían visto en el Día del Estudiante despertaron nuevamente. Las masas marcharon sin miedo, determinadas a sacrificar lo que fuese necesario, sólo que esta vez fue a una escala masiva, difundiéndose a todos los sectores de la población que se movilizaban en masa. Una vez más, en lugar de dispersarse ante la represión armada, la multitud no dio paso atrás, sino que peleó de vuelta.

Como se publicó más tarde:

"... el verdadero enfrentamiento ocurrió el Sábado 27 de diciembre. Este día, y al tiempo que escribimos este artículo, millones de personas llenaron las calles en las ciudades de toda Irán y comenzaron un lucha abierta con las fuerzas del régimen. No sólo eso, muchas calles, especialmente las áreas centrales de Teherán, fueron ocupadas por personas y están actualmente bajo su control. La gente ha comenzado a tomar comisarías de la policía y de los Basijs (cuerpos parapoliciales) en diferentes ciudades de Irán, prendiendo fuego a algunas e intentando adquirir armas en otrss.

"Otro desarrollo muy importante se ha visto en informes que muestran una cantidad de fuerzas armadas que se han negado a dispararle a la gente, pasando por alto las órdenes de sus comandantes..."

"Echémosle un vistazo rápido a los acontecimientos: la gente no sólo está peleando contra las fuerzas del régimen, sino que también está tomando comisarías de policía y poniendo las calles bajo su propio control; la negativa de algunas fuerzas a disparar a la gente; consignas como "Este es el mes de la Sangre, Jamenei será derrocado" y "Que Jamenei se entere: pronto será derrotado". Es evidente que el poder se está diseminando por las calles!" (Irán: El poder se desliza a las calles) 

El régimen se desangra

Las manifestaciones de Ashura marcaron un giro. El movimiento de masas incrementó su confianza; perdió el miedo completamente y está tomando conciencia de que la única opción es el total derrocamiento y destrucción del régimen.

El régimen movilizó todas sus fuerzas para eliminar las manifestaciones de Ashura, pero se quedó corto. Este hecho aislado será de gran valor para el futuro. Pero no sólo el régimen fue incapaz de romper el movimiento, de esta presión masiva de las bases, los quiebres comenzaron a aparecer dentro del aparato estatal. Había informes de que la policía se negaba a disparar contra el pueblo. Esto es altamente significativo, y una característica común de toda revolución. La presión de las masas se abre paso en las conciencias de cuerpos de hombres armados que conforman el Estado. ¿Por cuanto tiempo más podrían seguir disparando sobre sus propios amigos y familiares, su propia gente? Bajo la presión del movimiento de masas, incluso el aparato de represión aparentemente más poderoso puede desintegrarse, como fue el caso de la revolución iraní entre 1978 y 1979.

Desafortunadamente, en ausencia de una dirección clara, el alzamiento no alcanzó a llegar a su conclusión lógica -el derrocamiento del régimen teocrático. Por consiguiente, el régimen comenzó con una oleada de reacciones desesperadas los días posteriores. Miles de activistas fueron arrestados y se creó un total ocultamiento mediático, con el cual el régimen inició una campaña de propaganda masiva a través de todas las vías posibles.

Al mismo tiempo una gran contra-manifestación se llevó a cabo con cientos de miles que fueron inducidos mediante un plato de comida u obligados a ir a las calles desde sus escuelas o lugares públicos de trabajo, etc. El régimen hizo todo lo posible para recuperar la legitimidad que al parecer había perdido. Más adelante en este artículo, reconocemos las razones y complicaciones vinculadas a la ausencia de una victoria, sin embargo debemos recalcar aquí que la reacción del régimen no estaba sustentada en el incremento de su fuerza. Más bien, se basó en un continuo desgaste de recursos.

El régimen iraní está actuando actualmente como un animal mortalmente herido y arrinconado. Como todos sabemos, un animal puede llegar a ser más peligroso cuando está malherido y acosado, pero esto también significa que sólo puede mantenerse a la ofensiva por un tiempo limitado. El régimen iraní se está desangrando a través de la intensificación de sus propios métodos. La sangre sale de cada una de sus venas y en tanto una se cierra, otra herida se abre.

Los próximos días de celebración nacional son el 11 de febrero (día de la Revolución del '79) y "Chahar shanbe suri" (día en que la gente tradicionalmente enciende fogatas en las calles y lanza cohetes, como bombas y granadas). ¿Podrá el régimen aguantar los golpes de estos días?

Está también el factor económico. A pesar de que es imposible encontrar estadísticas creíbles, no es ningún secreto que la crisis mundial del capitalismo ha golpeado especialmente fuerte a la ya debilitada y burocrática economía iraní. Los economistas han predicho una caída en el crecimiento del PIB del 6% al 0,5% entre el 2008 y 2009. Encima de eso, la inestabilidad política ha conducido a una abrupta caída en las inversiones. Este proceso podría profundizarse aún más si las recientes sanciones de intercambio propuestas por las Naciones Unidas, son ratificadas por Rusia. Todo esto podría ocasionar el colapso del Estado mucho antes de lo esperado.

El imperialismo mundial huye de un barco hundido

La severa crisis que atraviesa la República Islámica, sumado al hecho de que la represión ya no permite al régimen mantener el control de la situación, podría significar más adelante el desgaste del apoyo tanto desde el interior como de los aliados internacionales. A pesar de que el poder oficial se ha quedado en las manos de una fracción reducida, las limitaciones del régimen han sido evidentes de manera clara para el resto del mundo.

Ya Rusia, un firme aliado del régimen hasta la semana pasada, ha manifestado "preocupación" sobre los disturbios en Irán y está planteada, incluso, la posibilidad de que vote por sancionar a Irán en la Naciones Unidas. Esta preocupación de Rusia, nos recuerda la "preocupación" que manifestara el candidato presidencial Jimmy Carter  en 1977 acerca de la situación de los derechos humanos en Irán. Estas voces de preocupación no expresan otra cosa que el comienzo de una retirada de apoyo. Las alianzas predominantes se están fisurando y un extenso sector está presionando para retirar su adhesión, al tiempo que ubican sus finanzas en mejores apuestas.

Ha habido también otros desarrollos significativos. Italia, probablemente el aliado europeo más grande de exportaciones a Irán, ha iniciado una campaña masiva en contra del régimen iraní. También el presidente estadounidense, Obama, ha hecho un giro de 180 grados en su postura con respecto a Irán. De mantenerse al margen hacia los mullahs reaccionarios, hoy por hoy manifiesta "condenar fuertemente" las injustas acciones del régimen y propone duras sanciones a los cuerpos de guardias revolucionarios en Irán. Al hacer esto, está indirectamente ayudando a la facción reformista.

Todos estos signos indican señales de que las fuerzas imperialistas del mundo han perdido la confianza en el régimen Iraní. Están abandonando el apoyo a la línea dura del régimen, y prestando apoyo a los reformistas con la esperanza de que puedan dirigir al movimiento por sendas más seguras. Pero por ahora estas maniobras tendrán un efecto en espiral, ocasionando divisiones más profundas y la desintegración de los sectores del régimen, proveyendo de un espacio mayor para la organización y consolidación de las masas.

El futuro trae más inestabilidad

Cualquiera sea el desenlace, la sociedad iraní no volverá a ser la misma que era antes de este último verano (boreal). La presión desde las bases está devastando todos los recursos de unidad al interior de la clase dominante y se están desarrollando enormes fuerzas centrífugas en los pasillos del aparato estatal y de la comunidad internacional. Para profundizar aún más estos cambios, está la desintegración de la economía.

Los escenarios posibles para el futuro inmediato son acotados. Hay una posibilidad real de que el régimen colapse bajo la presión de las masas, pero es aún más probable que intenten una última vía para evitar la derrota. Esta es la vía de las concesiones entre cúpulas. Es esta también la razón del silencio de Jamenei durante el último tiempo. Está contemplando desde el papel de padre cuidador de la nación, y por ende recuperando de vuelta algo de su legitimidad religiosa. Si él opta o es presionado para elegir una opción de este tipo, probablemente se manifestará en algún$ tipo de gobierno de unidad.

Un gobierno de esta clase, sería muy similar al gobierno del Jafar Sharif-Emami, quien fuera Primer Ministro desde el 27 de agosto al 6 de Noviembre de 1978. Su propósito sería dar unas pocas señales de apertura para minimizar las protestas y unificar las fuerzas de la clase dominante. Pero en ambos casos fracasaría.

No olvidemos que fue en esta atmósfera de apertura que los preparativos y el inicio de la huelga general tomaron forma durante la era del Shah, una huelga general que estaba decidida a derrocar al gobierno.

Por ahora, el intento de unidad en los círculos dominantes es sólo una utopía mientras las masas sigan movilizadas. Al igual que en la era del Shah, es inconcebible que las fuerzas armadas, que están acostumbradas a manejar los asuntos a través de la fuerza y sin preguntarle a nadie, puedan obedecer las políticas tan blandas de un gobierno de ese tipo. Un gobierno de unidad no podría satisfacer a ninguna de las partes y, por ende, sólo actuaría como un fenómeno de paso para sentar las bases de un estallido aún mayor que el que ha habido hasta ahora.

Cualquiera sea el devenir, el período de inestabilidad está recién comenzando. Si el país adoptara algún tipo de democracia burguesa con un parlamento ficticio, algo de libertad de expresión, etc., ello sólo sería temporal. Cualquier concesión sólo serviría para retrasar las demandas de las masas, pero en un contexto donde las bases del capitalismo se han sumido en una crisis crónica, ya no se pueden sostener concesiones de ese tipo en ningún lado, menos aún en Irán. Sólo la absoluta destrucción del capitalismo y su remplazo por una sociedad socialista democrática, pueden satisfacer las necesidades y aspiraciones de las masas iraníes.

La clase trabajadora es la clave - preparar una huelga general revolucionaria

Como hemos afirmado muchas veces, es una necesidad imprescindible que la clase trabajadora iraní ponga su sello en la revolución. Gracias a su manejo de los medios de producción, es la única fuerza social que puede apretar donde más duele. Nadie puede dudar de este hecho.

Sin el permiso de los trabajadores, nada podría funcionar en Irán. Pero la clase trabajadora también posee otras características. Su alcance instintivo por la unidad y la acción decisiva son rasgos esenciales para la victoria de la revolución. Por supuesto, todos los otros sectores y clases de la sociedad que son reprimidos, desde los estudiantes hasta los pequeños comerciantes, juegan un rol fundamental, pero son los trabajadores la clave para la unidad de todos estos factores y para conducirlos a expresar su verdadero potencial.

No sólo los trabajadores son cruciales para el proceso de derrocamiento, son también la única fuerza social que puede dirigir la construcción de una nueva sociedad. Fueron los trabajadores a través de la huelga general quienes le dieron el golpe final a la dinastía Pahlevi. La huelga general de 44 días desgastó todos los recursos del régimen. También, luego de la caída, fueron los trabajadores quienes tomaron la iniciativa de expandir los Shoras (comités obreros) a través del país. Aunque originalmente, los Shoras aparecieron como comités de lucha, rápidamente se extendieron y desarrollaron para ocupar el vacío de poder que aconteció tras el colapso del antiguo aparato estatal. A través de esto, establecieron el embrión de lo que pudo haber sido el poder organizado de las masas sobre la sociedad, esto es, un Estado democrático de los trabajadores.

Si los trabajadores no hubiesen luchado, no habría estado garantizada la caída del Shah y hubiera sido altamente probable una guerra civil sangrienta. Debemos aprender de esta experiencia y usarla para fortalecer la actual revolución. Sin embargo es difícil para los trabajadores luchar en una situación donde los ataques y retiradas dentro de las condiciones de trabajo son la agenda donde quiera que sea. Si los trabajadores están decididos a luchar, y por tanto a poner sus vidas y probablemente la de sus familias en juego, entonces deben sentir confianza en sus líderes, en el programa y confianza en la retribución que recibirán. Si el movimiento es capaz de vincular sus demandas con los trabajadores, una chispa podría hacer estallar a todo el país. Si se desarrollara una huelga general en ese momento, ello significaría la hora final para el régimen.

Tareas de la revolución - Preparar el derrocamiento

El tamaño y nivel cualitativo de las últimas luchas ponen de manifiesto todas las fuerzas del movimiento de masas, pero magnifica asimismo sus debilidades. Después de las manifestaciones de Ashura hubo algunos sectores, débiles y minoritarios, que habiendo sido anteriormente simpatizantes del movimiento que comenzó la agitación, se preguntaban "¿por qué está la gente en las calles quemando cosas y enfrentándose con la policía? ¿Qué es lo que quieren? ¿Quienes son sus representantes?"

A pesar de que, por el momento, sectores de este tipo son minoritarios y superficiales, no debemos considerarlos ligeramente. La Historia está llena de este tipo de elementos. La contra-revolución se sustenta en la agitación de estos elementos y sectores. Esta es una ley básica de todas las luchas de clases -la pérdida de un espacio para una de las partes, significa el fortalecimiento de la otra.

Lo que se requiere para lograr las tareas de la revolución lo más rápido y decisivamente posible es un liderazgo, un programa, una expresión organizada de las masas y acciones decisivas hacia el derrocamiento inmediato del régimen, y convocar a una asamblea constituyente revolucionaria.

Para dicho propósito y especialmente en el curso de los días de actividad, debemos apuntar a construir comités de lucha en todos los barrios y fábricas y tratar de vincularlos a nivel local y nacional.

Estos comités deben ser elegidos desde las bases y abarcar a las capas más amplias posibles. Primero de todo, deben crear milicias de defensa para garantizar la seguridad de las masas y facilitar el traspaso de los soldados hacia este sector de la revolución. Los enfrentamientos del 27 y 28 de diciembre abrieron un amplio debate acerca del carácter no violento del movimiento. La cuestión, sin embargo, está planteada erróneamente. Las masas necesitan defenderse de los brutales ataques de las fuerzas del Estado, y esto necesita hacerse de manera organizada. Si los altos y bajos mandos de la policía se enfrentaran a un movimiento resuelto y adecuadamente organizado, son más susceptibles de adherir al pueblo y por lo tanto de reducir los niveles de violencia.

Dichos comités deben asimismo tender a discusiones organizadas para formular las demandas y un programa colectivo. Debe ser también deber del comité barrial establecer vínculos con las fábricas, ayudando a los trabajadores a organizar sus propios comités y preparar la huelga general. Si es necesario un apoyo financiero para las familias de los trabajadores o para medidas de seguridad extras, los comités deben ayudar a organizar colectas y establecer grupos de defensa.

Su creación podría ser el paso final hacia la total destrucción de la república islámica, además de jugar un papel después de ella. Esto es, actuar como las principales unidades en una república de trabajadores que por primera vez deje que la voluntad organizada del pueblo, planifique y decida cómo dirigir la sociedad iraní.

La creación de comités de lucha a nivel global, fortalecerían inmensamente la revolución. A través de los comités, incluso los problemas más sensibles serían abordados. Los líderes serían elegidos, el programa discutido y posteriormente votado, las masas se organizarían y se podría preparar e iniciar una huelga general. No serían sino el resurgimiento de los Shoras, el tradicional organismo iraní para la lucha de clases que se ha utilizado durante el último siglo. Este proceso ya está tomando un estado embrionario, pero debemos organizar todas las fuerzas para acelerar y expandir este proceso.

Confiar sólo en las propias fuerzas

A pesar de que la diferencia de clases no ha emergido claramente aún en la actual revolución iraní, los acontecimientos que están tomando lugar en este país son, a fin de cuentas, nada más que una violenta lucha entre las clases. Son la viva expresión de un sistema capitalista cuyo sobreviviente ya no es compatible con las necesidades básicas de los trabajadores, los pobres o ni siquiera de la clase media. Mientras el sistema prevalezca, un sinfín de horrores prevalecerá. Cuando el actual régimen sea derrocado, esto quedará claro para todos.

La única salida para salir de este punto muerto es terminar con este sistema y reemplazarlo por una sociedad socialista dirigida y gobernada por la mayoría de la población. Las tareas para alcanzar esta meta descansan sobre las manos de las masas trabajadoras de Irán. No pueden confiar en nada más que en sus propias fuerzas.

¡Viva la revolución iraní!