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¿EN DÓNDE ESTAN NUESTROS MUERTOS Y DESAPARECIDOS? Imprimir Correo electrónico
Escrito por PERU MILITANTE   
Jueves 14 de Octubre de 2004 19:00
Desde hace dieciocho años Doris Caqui no puede definir si es de/o viuda de Rímac Capcha. El 23 de junio de l986, dos días después de la feroz matanza a los acusados de terrorismo, presos en los diferentes penales del Perú, su esposo, el profesor Teófilo Rímac Capcha, en Cerro de Pasco, fue detenido por un grupo de soldados encapuchados, luego desaparecido.

HABLA DORIS CAQUI, PRESIDENTA DE LA ASOCIACIÓN DE FAMILIARES, TORTURADOS, DESAPARECIDOS Y EJECUTADOS EXTRAJUDICIALMENTE

Desde hace dieciocho años Doris Caqui no puede definir si es de/o viuda de Rímac Capcha. El 23 de junio de l986, dos días después de la feroz matanza a los acusados de terrorismo, presos en los diferentes penales del Perú, su esposo, el profesor Teófilo Rímac Capcha, en Cerro de Pasco, fue detenido por un grupo de soldados encapuchados, luego desaparecido. Gobernaba en nuestro país Alan García Pérez, cuyo gobierno hizo caso omiso a las denuncias; vino Fujimori, y lo mismo. Con este gobierno igual.
Los dos últimos no quisieron acatar la Resolución de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos con sede en Washington, que resolvió: Que el Estado Peruano es el responsable de la muerte y desaparición de Teófilo Rímac Capcha, y que debe sancionar a los responsables de su desaparición. Asimismo, resarcirles a ella y a sus hijos por el daño ocasionado. Este delito ha sido tipificado como crimen de lesa humanidad. Del mismo modo, la Resolución se hace extensiva para todos los familiares de los desaparecidos, torturados y ejecutados extrajudicialmente, previa entrega de sus cadáveres.
Doris, a sus primaverales 23 años, se convirtió en una de las tantas madres coraje del Perú, convirtiéndose, a su vez, en padre para sus cuatro hijos. La joven maestra había tejido junto a Teófilo un mundo de dicha para sus niñas. “Hay que multiplicarnos, Doris”, solía decirle Teófilo cada vez acariciaba a sus vástagos, remarcándole que “para cuando estén grandes y terminen sus estudios secundarios no les falte nada”. Ella, contagiada de ese espíritu emprendedor de su Teófilo, se convirtió en una estudiante de periodismo en la universidad San Martín de Porras; a su vez estudiaba Ciencias Filosóficas en la Universidad Nacional Daniel Alcides Carrión y era maestra en el Colegio Nacional de Mujeres “María Parado de Bellido de Cerro de Pasco”.
Doris recuerda que Teófilo, profesor de filosofía, sabía que eso de explicar los fenómenos del mundo hasta las calendas griegas no iba con él. Convencido de que la filosofía tiene que estar al servicio de los seres humanos para transformar el orbe, como lo había sentenciado aquel filósofo de aspecto barbado, conocido como Carlos Marx. desde su puesto de secretario general del Focep-Cerro de Pasco, emprendió la bienaventurada tarea de organizar las federaciones Minera del Perú, Regional del Centro, y la Departamental de Campesinos de Cerro de Pasco, amén de ser forjador del Frente de Defensa de los Intereses de su querido Cerro de Pasco.
Al profesor, el calendario le quedaba corto, las horas se le detenían en sus manos. El tiempo le era nada frente a su obligación de líder. Lo disponía todo con precisión cronometrada. Y para Doris, su única en el mundo, le dedicaba exactamente el tiempo que requiere desafiar los torbellinos que producen el viento de las pasiones.
Esa fiesta permanente de amor fue destrozada a patadones y culatazos de militares armados hasta los dientes que el 23 de junio de l968 violentaron su domicilio en Cerro de Pasco: “A culatazo limpio sacaron a mi esposo de la cama, mientras que yo, con dos meses de gestación, y mis tres hijos fuimos arrojados al suelo boca abajo... a Teófilo los militares le pateaban por todo el cuerpo, le golpeaban la cabeza... yo gritaba, suplicándoles que tengan compasión con él... los militares respondían a mis súplicas con groserías cargadas de odio... Teófilo, al borde del desmayo, me suplicaba con voz entrecortada por el dolor: “calladita Doris, me decía... calladita mi amor... por los chicos Doris... por los chicos... y los militares más y más le pegaban...”... aquí, el silencio se hace gélido y en cuestión de segundos el mundo se empequeñeció. Doris anega su mirada con lágrimas brotadas de ese manantial interminable que no terminará de secarse en el dolor profundo de los hombres y mujeres a quienes los cuadrúmanos de los sin dudas ni murmuraciones pretendieron mutilarles el corazón y el alma, creyendo que así podrán impedir la llegada del nuevo porvenir. ¡Nada más inútil!!
Desde aquel 23 de junio, deambulando de Judas a Pilatos, Doris no ha dejado de batallar por encontrar a su esposo, no se rinde ni se cansa, ni baja la mirada a la vergüenza que encierra la indolencia de quienes tienen la responsabilidad y obligación moral de hacer con ella causa común por sus derechos.
Ha sido detenida muchas veces por la policía, en marchas y vigilias por sus otros hermanos desaparecidos. Acusada de terrorista por los uniformados con el fin de bajarle la moral, no se amilana.
Consciente de que Teófilo no es el único y que existen muchos como él; otros ejecutados, otros torturados, se convirtió muy pronto en la búsqueda de muchas más. Lo que empezó como la búsqueda de una aguja en un pajar. Así se convirtió en Presidenta de la Asociación.
“Qué difícil compañero Tasayco, explicar todo esto”, me sugiere Doris con la voz entrecortada sin poder contener las lagrimas que brotan de lo más hondo de sus recuerdos. Difícil Doris, le respondo, tratando de aliviar su dolor y prosigo: Tenemos que seguir hasta lograr sensibilizar a nuestra sociedad para que entienda de una vez por todas que los muertos, desaparecidos, torturados y ejecutados son también vuestros, mío, tuyo y de aquel”.
Hace 18 años, antes que la Comisión de la Verdad se instale, los familiares de las víctimas ya habían emprendido la cruzada de exigir se les haga justicia. ¡ Y qué justicia Dios mío!, si sólo piden que le entreguen a sus muertos para convencerse que ya no están aquí. Existe incluso, hasta un Decreto Supremo firmado por el gobierno del Presidente Valentín Paniagua D.S.005-JUS-2001 que dio nacimiento a la Comisión Interinstitucional presidida por el Ministerio de Justicia, con la participación de nueve carteras más, conformada también con la participación de un representante de los familiares que se encargaría de evaluar las reparaciones, no monetarias, para que el Estado peruano asuma su responsabilidad, acatando la Resolución de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en lo referente a educación, vivienda, y salud con los deudos. Incluso, se crearon fiscalías especializadas que se encargarían de estos casos. Hace ocho días, éstas han sido transformadas en fiscalías antiterroristas.
“¿Qué nos queda ahora, compañero Tasayco, sino es el de seguir luchando?. Tenemos que persuadir a los gremios sindicales y populares para que incluyan en su agenda, plataforma de lucha y reivindicativas, el cumplimiento de este mandato emitido por la Comisión Interamericana de Derechos humanos”.
Nos parece muy bien. Los dirigentes sindicales, empezando por la dirección nacional de nuestra CGTP, esta vez tienen la última oportunidad para resarcirse de esta descomunal insolidaridad para con sus propios hermanos de clase.
Dieciocho años después, el tiempo le debe a Doris las canas que le asoman en su cabellera, los pasos trajinados de sus pies cansados, las manos encallecidas de tanto sostener pancartas y banderolas, la ronca voz de gritar justicia a los cuatro vientos.
Pero lo que no ha logrado el tiempo tirano, ni la injusticia, es desaparecer su limpia sonrisa, sus principios mil veces inclaudicables, ni liquidar su esperanza por el mañana mejor. El mañana que brillara de gloria igual que las hermosas miradas de todos los familiares de torturados, desaparecidos, asesinado... y del espectro victorioso de las ideas de quienes entregaron su vida en esta larga historia por el mañana mejor.
Perú Militante está con ustedes, hermanas y hermanos, estas paginas abiertas serán para nuestro pueblo, los trabajadores y los jóvenes sin reparos ni pretextos de ninguna clase. Las puertas y ventanas de nuestra pequeña y franciscana casa editora, estarán siempre de par en par.