OPINIÒN
5 de abril: Una salida burguesa a la crisis nacional Imprimir Correo electrónico
Escrito por Cesar Zelada   
Miércoles 04 de Abril de 2007 19:00
El preámbulo del golpe de Estado del 5 de abril en Perú estaba marcado por una gran crisis de la democracia liberal. Sus instituciones estaban completamente desprestigiadas. La alianza política electoral Izquierda Unida (IU) había fracasado como alternativa de poder por su reformismo y burocratización. Solo el grupo armado denominado Sendero Luminoso (SL) tenía cierta fuerza social en el campo. Y justamente fue esta una de las razones que utilizó Alberto Kenya Fujimori para dar un autogolpe de Estadostado e imponer la “orden y la ley” en su lucha contra el “terrorismo”. Al comienzo, algunos sectores “democráticos” como el partido aprista se opusieron, pero al final, todos terminaron pactando bajo el visto bueno de la burguesía peruana y el imperio d

15 años después: Recordando el autogolpe de Estado de Fujimori

El preámbulo del golpe de Estado del 5 de abril en Perú estaba marcado por una gran crisis de la democracia liberal. Sus instituciones estaban completamente desprestigiadas. La alianza política electoral Izquierda Unida (IU) había fracasado como alternativa de poder por su reformismo y burocratización. Solo el grupo armado denominado Sendero Luminoso (SL) tenía cierta fuerza social en el campo. Y justamente fue esta una de las razones que utilizó Alberto Kenya Fujimori para dar un autogolpe de Estado e imponer la “orden y la ley” en su lucha contra el “terrorismo”. Al comienzo, algunos sectores “democráticos” como el partido aprista se opusieron, pero al final, todos terminaron pactando bajo el visto bueno de la burguesía peruana y el imperio del norte.

El 3 de noviembre de 1991, el brazo paramilitar denominado Colina, asesinó 14 adultos y un niño en una quinta de Barrios Altos, en Lima. Los “paros armados” (paralelos a los paros sindicales de masas) de SL habían llegado a la capital de la República, creando temor en las clases medias y populares del país. Entonces, el gobierno vio una oportunidad para matar dos pájaros de un solo tiro. Por un lado, destruir los que “amenazaban” con tomar el poder y, por otro, construir una camarilla mafiosa utilizando el Estado como una credencial de impunidad.

Es así como el 5 de abril Fujimori anuncia el cierre del Congreso y la puesta en marcha de un “Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional”. La oposición “democrática” fue breve. Si bien es cierto, en un principio, la Casa Blanca y sus instituciones políticas como la Organización de Estados Americanos (OEA) tuvieron dudas, al final, el 17 de mayo, Fujimori obtiene el apoyo de los cancilleres de la OEA para seguir en el poder.

Esta fue una dictadura cívico-militar con rasgos fascistas que realizó una persecución política contra la izquierda para poder aplicar los planes neoliberales. Y las condiciones para obtener este objetivo estaban dadas. Además de la crisis económica (que dejó la inflación aprista), contaba con el método sectario de SL, que lo único que logró con el aniquilamiento de dirigentes sindicales y atentados como el de Tarata (un barrio de clase media), fue aislarse de las masas y hacerle el juego a la reacción.

De esta manera, el 12 de setiembre del mismo año, el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) de la Policía Nacional del Perú (PNP) captura al máximo dirigente senderista Abimael Guzmán en un lugar de clase media y sin disparar un solo tiro. Esto le dio grandes réditos políticos al régimen de facto que se expresó en el referéndum nacional para la aprobación de una nueva Constitución para camuflar su ilegalidad, donde el 52.24% de la población marcó el "Sí".

Una vez lograda la “pacificación” del país, la dictadura comenzó a aplicar el Fujishok, es decir el programa neoliberal. Privatizó el gas, la telefonía, minas, etc. destruyendo el aparato productivo, entregando el país a las transnacionales y precarizando la estabilidad laboral en nombre de la “bendita” inversión extranjera.

Según algunos periodistas, este régimen capitalista gastaba en coimas a los jueces, parlamentarios, jefes militares-policiales y soplones, una cantidad aproximada de $1.000.000 mensuales. Muchos de los que ahora se jactan de ser demócratas como Jaime de Althaus, Rosa Maria Palacios, los Miró Quesada del diario El Comercio, Delgado Parker de canal 5, etc. apoyaron al régimen dictatorial.

Es cierto que los capitalistas prefieren una democracia burguesa (en el fondo una dictadura), donde el pueblo, cada 5 años, participa en las elecciones para elegir a los futuros políticos que gobernarán para los poderosos. Pero, en una coyuntura social donde la “democracia” es vista por los trabajadores como una palabra hueca, los empresarios optan por gobiernos abiertamente dictatoriales, bonapartistas o incluso fascistas para asegurarse violentamente el respeto a la “sagrada” propiedad privada. Entonces, que quede claro, el 5 de abril fue un golpe burgués.

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