Teoría
AMAUTA JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI: TAREAS AÚN PENDIENTES Imprimir Correo electrónico
Escrito por Rubén Rivera   
Jueves 17 de Abril de 2008 19:00
José Carlos Mariátegui, peruano y uno de los grandes ideólogos del socialismo. Del socialismo originario de América latina. Dentro del esfuerzo de construcción del nuevo socialismo del siglo XXI hay que elogiar a estos pensadores, ideólogos que nos precedieron y que dejaron obra escrita... Oigan la actualidad y vigencia que tiene... Empecemos a conocer a este infinito peruano, revolucionario, ideólogo, en esta tarea de rescatar nuestras raíces. (Hugo Chávez Frías)

El 14 de junio de 1894 nació José Carlos Mariátegui, su infancia estuvo marcada por la precariedad, su madre luchando por hacer sobrevivir a familia tuvo que cambiar de lugar de residencia muchas veces, esta situación lo obligo a tener que suspender sus estudios de manera muy temprana. A ello hay que añadir un accidente en la pierna izquierda a los 8 años del cual nunca tuvo una recuperación plena.

A los 15 años entra a trabajar en las labores más simples en el periódico La Prensa, a partir de entonces se involucra con todas las áreas de la edición de un periódico, comenzando a escribir en 1911 y convirtiéndose en redactor en 1913.

Desde entonces y hasta el estallido de la revolución de octubre Mariátegui tuvo una formación similar a la común a los intelectuales burgueses del Perú y de toda América Latina de esa época, sobre de ese periodo escribe en sus notas autobiográficas: ” Desde 1918, nauseado de política criolla me orienté resueltamente hacia el socialismo, rompiendo con mis primeros tanteos de literato inficionado de decadentismo y bizantinismo finiseculares, en pleno apogeo” (Apuntes autobiográficos 1927).

En 1918 funda Nueva época, iniciando los intentos por construir una organización revolucionaria en el Perú, para el año siguiente su franco apoyo al movimiento estudiantil y las agitaciones obreras en contra de la carestía lo hacen sufrir ataques por parte del gobierno de Leguía, por un lado clausura “La razón” diario en el que participaba y por el otro es prácticamente expulsado del país, gracias a su calidad de periodista puede continuar sus colaboraciones con la prensa peruana, específicamente el diario “El tiempo”.

Su arribo a Italia justo en el auge del bienio rojo, lo marca profundamente. Es testigo presencial del movimiento huelguístico del norte de Italia y del proceso de constitución del Partido Comunista Italiano, asistiendo al histórico congreso del PSI en Livorno donde se constituye el Partido Comunista. Era el año de 1921, así que pudo conocer las tácticas de frente único recomendadas por Lenin y las aplicaciones prácticas que los marxistas italianos, entre ellos Gramsci, implementaban.

Siempre como corresponsal recorre diversos países de Europa para regresar al Perú en 1923. Desde su llegada se propone publicar una revista o un periódico para impulsar un proyecto socialista. En esas estaba cuando conoce a Haya de la Torre. Tanto Mariátegui como Haya de la Torre eran grandes admiradores de la revolución Mexicana, ambos encontraban a este proceso como clave para entender el devenir del proceso revolucionario latinoamericano. Los dos creían en un movimiento de carácter internacional, ambos se decían socialistas, no obstante Haya de la Torre no entendía ni la necesidad de una política de clase y la de un partido de los trabajadores, era un latinoamericanista no proletario y que no quería serlo, por lo que terminó siendo un adulador de los aspectos progresistas de la burguesía nacional. Por tanto pese a coincidencias en algunas labores de carácter práctico, eran en el fondo antagonistas. La suerte personal de cada uno fue fiel reflejo de esas diferencias, mientras Haya de la Torre terminó siendo gente de gabinetes, Mariátegui entrego los pocos años que le quedaban de vida a construir las bases teóricas y dar los primeros pasos organizativos para fundar un partido comunista.

En 1923 funda “Claridad” y trata de crear una empresa editorial para difundir literatura marxista, pasa algún tiempo en prisión y su enfermedad lo lleva a perder la pierna derecha. Para ese entonces ya es un referente para la juventud revolucionaria y al mismo tiempo es repudiado por los círculos académicos universitarios.

En el Perú, la gestación del Partido Comunista era aún incierta, Mariátegui, seguro de que lo importante era mantenerse vinculado al movimiento vivió, participa en los primeros años de la Acción Popular Revolucionaria de América (APRA) que encabezaba Haya de la Torre, no obstante también en este punto Mariátegui y Haya de la Torre coincidían por razones distintas; para Mariátegui, el APRA suponía un movimiento de unidad de acción, en donde podría encontrar elementos para la formación del Partido revolucionario, para Haya de la Torre el APRA tendría que consolidarse como un partido político latinoamericano. Un programa en el que pudieran caber todos los grupos que participaban en el APRA tenía que ser burgués, de otro modo se espantaría a la burguesía nacional, Mariátegui así lo entendió por lo tanto se negó a participar en el proceso de formación del APRA como partido y al mismo tiempo se abocó a lanzar la revista “Amauta”, que se origina de la palabra quechua maestro. Mariátegui escribe en su presentación:

“Estudiaremos todos los grandes movimientos de renovación políticos, filosóficos, artísticos, literarios, científicos. Todo lo humano es nuestro. Esta revista vinculará a los hombres nuevos del Perú, primero con los de los otros pueblos de América, enseguida con los de los otros pueblos del mundo”
Amauta vive sólo unos números, el gobierno peruano encarcela a Mariátegui y cierra la revista. Un año después reaparece “Amauta”, ya con una orientación de clase muchísimo más definida. Mariátegui señala en 1928 en su primer aniversario:

“No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indo americano.”

La ruptura total con el APRA de Haya de la Torre se hace total, El marxista peruano, que hasta aquel entonces había mantenido contactos internacionales más bien modestos se enlaza con las organización latinoamericana de la Tercer internacional y se dedica de lleno a la constitución del Partido Socialista, en ese año se sume en una labor teórica febril, publicando sus principales escritos y preparándose para el debate con la III internacional, la cual en ese entonces tenia más puntos de coincidencia con Haya de la Torre que con el. En la Conferencia Comunista Latinoamericana los documentos de Mariátegui El problema de las razas en América Latina y Punto de vista antiimperialista son rechazados, al mismo tiempo el agente de la KOMINTERN en Sudamérica Victorio Codovilla maniobra para quitar a Mariátegui de la dirección del PSP.

La lucha contra la Internacional Comunista no era algo que Mariátegui tuviera previsto, el había supuesto que el conflicto entre Trotsky y Stalin no eran en realidad derivados por problemas políticos de vida o muerte para el movimiento revolucionario internacional. Para el Trotsky era el personaje principal del momento heroico de la revolución rusa como Stalin lo era para el momento de cambiar el fusil por el pico y la pala. Así que cuando llegó el enfrentamiento con la internacional que refutaba sus planteamientos, básicamente correctos, quedo desconcertado.

Las maniobras de la III internacional concluyen en el regreso al Perú de Eudocio Ravines, un fiel seguidor estalinista. Al mismo tiempo las maniobras dejan a Mariátegui en minoría dentro del mismo grupo dirigente del PSP, por lo cual parecía condenado a la derrota. Rehuye al enfrentamiento considerando que lo mejor era atrincherarse en Amauta, Mariátegui tenía el proyecto de publicarla en Argentina. Quizá por esto decidió ceder la Secretaria General a Ravines y esperar tiempos mejores, lamentablemente estos no llegaron. En Marzo entra al hospital para morir el 14 de abril de 1930.

Su muerte, no detuvo la ofensiva del estalinismo, un mes después se decide el cambio de nombre del PSP a Partido Comunista del Perú. Para quien observaba los acontecimientos desde afuera no era fácil darse cuenta del drama de Mariátegui, murió momentáneamente derrotado por el estalinismo el cual sólo tuvo que mover algunas piezas y aprovechar su estado de salud.

Los años han pasado, la trascendencia de las ideas de Mariátegui han sobrevivido al paso del tiempo y siguen siendo una referencia obligada para entender el problema de la revolución latinoamericana y para establecer un programa acorde con las necesidades de las masas.

De los nacionalistas como Haya de la Torre o los estalinistas hoy sólo quedan caricaturas que son en si mismos un burdo remedo de lo que aspiraron a ser, mientras tanto Mariátegui es una referencia y una fuente de conocimientos para las nuevas generaciones que se disponen a reemprender la tarea que el emprendió. Una tarea internacional, integradora como el mismo señaló:

La misma palabra revolución, en esta América de las pequeñas revoluciones, se presta bastante al equívoco. Tenemos que reivindicarla rigurosa e intransigentemente. Tenemos que restituirle su sentido estricto y cabal. La revolución latinoamericana será nada más y nada menos que una etapa, una fase de la revolución mundial. Será simple y puramente la revolución socialista. A esta palabra agregad, según los casos, todos los adjetivos que queráis: "antiimperialista", "agrarista", "nacionalista-revolucionaria". El socialismo los supone, los antecede, los abarca a todos. ( José Carlos Mariátegui, aniversario y balance, 1928)

Las ideas políticas de Mariátegui
En el apartado anterior hemos señalado algunos elementos del marxismo de Mariátegui. En general privan en el los elementos más importantes del marxismo internacionalista, lamentablemente, como Gramsci, cometió el error de subestimar el carácter degenerativo del estalinismo con el cual se vio enfrentado, incluso contra sus intenciones, en los últimos años de su vida.

Sobre algunos de los aspectos rescatables e inmensamente útiles para la interpretación de la realidad histórica latinoamericana podemos destacar:

El carácter de la revolución peruana
Mariátegui concebía al Perú como un país semifeudal dominado por el capitalismo imperialista, pese a ello no derivo de ello la conclusión de que la alternativa era una revolución democrático burguesa, en el no había la ilusión en una “Burguesía progresista”, aún en una sociedad tan atrasada en sentido capitalista como el Perú de principios de siglo:“proclamamos que este es un instante de nuestra historia en que no es posible ser efectivamente nacionalista y revolucionario sin ser socialista; de otro lado no existe en el Perú, como no ha existido nunca, una burguesía progresista, con sentido nacional, que se profese liberal y democrática y que inspire su política en los postulados de su doctrina. (Prólogo a Tempestad en los andes).

Así mismo en el Programa del Partido Socialista del Perú de 1929, Mariátegui en su 5º punto sentencia:“5.-La economía pre-capitalista del Perú republicano que, por la ausencia de una clase burguesa vigorosa y por las condiciones nacionales e internacionales que han determinado el lento avance del país por la vía capitalista no puede liberarse bajo el régimen burgués, enfeudado a los intereses capitalistas, coludido con la feudalidad gamonalista y clerical, de las taras y rezagos de la feudalidad colonial. El destino colonial del país reanuda su proceso. La emancipación de la economía del país es posible únicamente por la acción de las masas proletarias, solidarias con la lucha antiimperialista mundial. Sólo la acción proletaria puede estimular primero y realizar después las tareas de la revolución democrático burguesa que el régimen burgués es incompetente para desarrollar y cumplir”.

Así pues sus ideas eran más cercanas la concepción que en Trotsky se llegó a conocer como revolución permanente y que en el fondo sólo es la consecuencia lógica de los puntos de vista del marxismo clásico. No hay que olvidar que los años en que maduró su punto de vista revolucionario fueron los de la época de la tercera internacional de Lenin y Trotsky, Ser marxista implica ser internacionalista por ello no duda en afirmar: “La revolución latinoamericana será nada más y nada menos que una etapa, una fase de la revolución mundial”.

Finalmente, fiel a la tradición revolucionaria menospreciaba esa tendencia del APRA de Haya de la Torre ha contemplar la unidad latinoamericana no en la lucha internacionalista sino en los acuerdos entre grupos, estados o partidos: “Los brindis pacatos de la diplomacia no unirán a estos pueblos. Los unirán en el porvenir, los votos históricos de las muchedumbres.”

El problema Indígena
“No nos contentamos con reivindicar el derecho del indio a la educación, a la cultura, al progreso, al amor y al cielo. Comenzamos por reivindicar, categóricamente, su derecho a la tierra.”(Mariátegui. Siete ensayos)
Como consecuencia del levantamiento zapatista del 1 de enero del 94, se volvió a poner de moda el problema indígena. En realidad si revisamos los trabajos de los principales marxistas latinoamericanos, esta cuestión siempre fue un tema de carácter central. Mariátegui siempre siguió muy de cerca este problema y escribió mucho sobre ello, hay que tomar en cuenta el Perú era y aún sigue siendo un país con alto porcentaje de población indígena y no sólo eso, aún entre la mayoría mestiza, como sucede el México, las culturas prehispánicas se encuentran presentes en todos los elementos de la vida cotidiana. Soslayar la problemática del trabajador del campo, especialmente el indígena era y sigue siendo una cuestión imperdonable en la teoría y practica de la revolución latinoamericana y por tanto del marxismo, el programa del partido de Mariátegui establecía la siguiente caracterización:

La reivindicación indígena carece de concreción histórica mientras se mantiene en un plano filosófico o cultural. Para adquirirla -esto es para adquirir realidad, corporeidad,- necesita convertirse en reivindicación económica y política. El socialismo nos ha enseñado a plantear el problema indígena en nuevos términos. Hemos dejado de considerarlo abstractamente como problema étnico o moral para reconocerlo concretamente como problema social, económico y político. Y entonces, lo hemos sentido, por primera vez, esclarecido y demarcado (“La unidad de la América indo española 1924).

Mariátegui concebía a las sociedades prehispánicas, especialmente a la incaica como una forma de comunismo, apreciaba en la ausencia de un sentido de propiedad privada de bienes de producción en los individuos de dichas sociedades, así como en su trabajo colectivo como una prueba fehaciente de ello. Desde nuestro punto de vista, las relaciones de propiedad estaban determinadas por la existencia del Estado como gran terrateniente, la existencia de una teocracia fuertemente jerarquizada y despótica, que establecía la extracción del valor a la población trabajadora por medio del tributo lo hacen parecerse más a las sociedades que Marx catalogó en el modo de producción asiático. En nuestra opinión aquí se encuentra un punto de vista equivocado en Mariátegui, el cual observaba con admiración a la sociedad incaica y despreciaba las formas de producción establecidas a sangre y fuego por la conquista.

A pesar de su concepción de comunismo incaico, esto no lo llevó a pretender concebir como alternativa para la emancipación de los pueblos indígenas una especie de vuelta atrás, ni bajo la forma de la añoranza de esos viejos tiempos, ni en el aislamiento de las comunidades indígenas, por ello Mariátegui señala en el programa del partido:

“Pues mismo que el estímulo que se presta al libre resurgimiento del pueblo indígena, a la manifestación creadora de sus fuerzas y espíritu nativo, no significa en lo absoluto una romántica y antihistórica tendencia de construcción o resurrección del socialismo incaico, que correspondió a condiciones históricas completamente superadas y del cual sólo quedan como factor aprovechable dentro de una técnica de producción perfectamente científica, los hábitos de cooperación y socialismo de los campesinos indígenas. El socialismo presupone la técnica, la ciencia, la etapa capitalista, y no puede importar el menor retroceso en la adquisición de las conquistas de la civilización moderna, sino, por el contrario, la máxima y metódica aceleración de la incorporación de estas conquistas en la vida nacional.”

El gran marxista peruano de plano rechazó todo punto de vista del tema indígena basado en cuestiones culturales o raciales, para el esto sólo significaba dar un gran rodeo con respecto del núcleo central del problema:

“Los que no han roto todavía el cerco de su educación liberal burguesa, y, colocándose en una posición abstractista y literaria, se entretienen en barajar los aspectos raciales del problema, olvidan que la política y, por tanto la economía lo dominan fundamentalmente. Emplean un lenguaje pseudo idealista para escamotear la realidad disimulándola bajo sus atributos y consecuencias.”

Es decir; de poco importa hablar de la discriminación, del racismo o de la falta de educación si no se atiende el problema de la tierra y el poder de los terratenientes, si no se destruye la base económica que crea la marginación, los filisteos pequeño burgués se seguirán lamentando de lo mal que lo pasan los indígenas, incluso podrán hacer obras de caridad, a la larga todo esto será inútil e incluso reaccionario en la medida de que ello desvía al movimiento indígena de la lucha contra el enemigo principal y lo hace retroceder de la lucha organizada contra el régimen al simple mutualismo, del mismo modo, el pretender aislar al movimiento indígena en torno a sus propias comunidades, se convierte en un abandonó de la lucha por la transformación de la sociedad en su conjunto. La emancipación indígena sólo cabe en el marco de la transformación en la sociedad en su conjunto. Por estas razones Mariátegui rechazaba la idea defendida por la internacional comunista con respecto a la formación de naciones indígenas independientes. Para Mariátegui un estado indígena, no implica por si mismo relaciones de producción socialistas, por el contrario el socialismo o emancipa a los pueblos indígenas como, a todos los sectores explotados, o no es socialismo.

El socialismo y marxismo
Mariátegui entendía el proceso revolucionario siempre desde un punto de vista latinoamericano, rechazaba que en aras de la originalidad de buscasen rodeos a las corrientes revolucionarias más significativas, las cuales aún desde su germen democrático burgués aspiraron a la unidad latinoamericana: “La generación libertadora sintió intensamente la unidad sudamericana. Opuso a España un frente único continental. Sus caudillos obedecieron no un ideal nacionalista, sino un ideal americanista. Esta actitud correspondía a una necesidad histórica. Además, no podía haber nacionalismo donde no había aún nacionalidades” (...) Hace cien, años debimos nuestra independencia como naciones al ritmo de la historia de Occidente, que desde la colonización nos impuso ineluctablemente su compás. Libertad, Democracia, Parlamento, Soberanía del Pueblo, todas las grandes palabras que pronunciaron nuestros hombres de entonces procedían del repertorio europeo. La historia, sin embargo, no mide la grandeza de esos hombres por la originalidad de estas ideas, sino por la eficacia y genio con que las sirvieron. (Aniversario y balance, 1928).

El socialismo es pues consecuencia lógica de esta tradición, cuya teoría científica no necesariamente debe ser inventada en nuestra tierra, no obstante su realización si deberá asumir formas propias, responder a las tradiciones históricas de lucha locales y así mismo al proceso concreto de lucha de clases. Los problemas que de la revolución requieren originalidad y creatividad no sólo en el marco de los planteamientos teóricos para resolverlos, sino en el marco de la lucha de masas concreta, como decía Mariátegui“No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica.”
No obstante reclamarles a los socialistas el marxismo por ser de origen europeo sería tanto como cuestionar a la teoría de la relatividad de Einstein porque este era alemán y al mismo tiempo reclamar una Física o una ciencia estrictamente latinoamericana.

El instrumento del marxismo es básico para este proceso, no porque suene, se vea o aparezca más bonito, sino porque es el único capaz de llevar a la conclusión el objetivo de la transformación revolucionaria de la sociedad, quienes estén dispuestos a seguir este camino deberán abandonar ilusiones en otras vías, el rigor del revolucionario debe tener mucho de aquel científico que aplica su método porque sabe que por ese medio llegará a conclusiones mejor y más rápido aunque estas sean menos poéticas, así lo expresa Mariátegui: “Es posible que muchos artistas e intelectuales apunten que acatamos absolutamente la autoridad de maestros irremisiblemente comprendidos en el proceso por la trahison des clercs. Confesamos sin escrúpulo, que nos sentimos en los dominios de lo temporal, de lo histórico, y que no tenemos ninguna intención de abandonarlos. Dejemos con sus cuitas estériles y sus lacrimosas metafísicas a los espíritus incapaces de aceptar y comprender la época. El materialismo socialista encierra todas las posibilidades de ascensión espiritual, ética y filosófica.”

La obra de Mariátegui En defensa del marxismo, pese a la notable influencia que intelectuales sindicalistas como Sorel ejercen en el, es una notable aportación sobre el valor histórico del marxismo para la lucha de la clase obrera. Es evidente que dentro de su polémica en contra de los que entonces refutaban al marxismo como superado se encuentran múltiples referencias relacionadas con sus primeros años de intelectual liberal, como podemos observar en sus constantes citas a Benedetto Croce, así mismo también es claro que pese a la corrección de la mayoría de sus planeamientos hace una injusta identificación de Max Estman con Trotsky, pese a lo cual reconoce a este último como un genuino bolchevique, es decir no sólo como un intelectual sino como un hombre de acción, esta simultaneidad hace a los marxistas muy superiores en los distintos terrenos a cualquier generación de intelectuales burgueses existente hasta entonces. El marxista peruano refutando a aquellos que acusan al marxismo de amoral o anti-ético señala:

La energía revolucionaria no se alimenta de compasión o envidia. En la lucha de clases, donde residen todos los elementos de lo sublime y lo heroico de su ascensión, el proletariado debe elevarse a una moral de productores, muy distante y distinta de la moral de esclavos, de que oficiosamente se empeñan en proveerlo sus gratuitos profesores de moral, horrorizados por el materialismo. Una nueva civilización no puede surgir de un triste y humillado mundo de ilotas y miserables (...) el proletariado no ingresa en la historia políticamente sino como clase social en el momento en que decide edificar con los elementos allegados por el esfuerzo humano; moral o amoral, justo o injusto un orden social superior.

Hoy en día cuando la política burguesa, como su sistema en su conjunto es cínica y corrupta, encontramos en el marxismo, así como lo veía Mariátegui el único medio de enfrentarse a la realidad y transformarla.

Los limites de Mariátegui
Sin duda el gran pensador peruano, pese a la brevedad de su vida y obra, es muestra de la madurez del método del marxismo y su capacidad para la interpretación de la realidad latinoamericana, sin duda como hemos señalado a lo largo del texto hay en Mariátegui lagunas que no se derivan del método del marxismo, sino de apreciaciones de carácter político de las cuales no pudo extraer las conclusiones adecuadas. Especialmente su incapacidad para ver a tiempo el auténtico significado del estalinismo. Como podemos observar en la mayoría de las obras, ello incluye En defensa del marxismo, sostiene a Lenin como la figura principal del movimiento revolucionario de aquel entonces, pero sus valoraciones sobre los bolcheviques, Trotsky, Stalin, Bujarin, entre otros no establecen distinciones importantes entre ellos, pareciera que cada uno desempeña el papel que la historia de ha encomendado. Mariátegui ni siquiera se plantea la posibilidad de una degeneración en el partido “la revolución es más grande que sus protagonistas” señala con motivo de la expulsión de Trotsky del partido en 1927. Para Mariátegui el problema de la degeneración del partido y por tanto del estado obrero no era un problema que pudiera plantearse, esto como hemos analizado, le imposibilitó actuar en contra de la estalinización de la organización que el estaba construyendo. En cierto sentido el partido marxista de Mariátegui murió con él.

Pese a la contundencia de su espíritu revolucionario, su intransigencia teórica y su consecuencia práctica, Mariátegui no tenía a su alrededor figuras minimamente cercanas a su nivel, por lo que después de su muerte no hubo quién continuara su obra.

Mariátegui eligió, y lo hizo concretamente, no seguir el camino de Trotsky, pese las evidentes coincidencias con el, este tal vez fue el error estratégico que a la larga le impidió dar la batalla contra el estalinismo.

Para el marxismo un concepto se superpone con respecto de otro en la medida de que ayuda a explicar mejor un proceso, es más útil para la lucha de clases o los acontecimientos históricos exigen nuevas explicaciones, eso no refuta la teoría, la reafirma. Un ejemplo de ello lo tememos en el llamado de Trotsky a la revolución política en la URSS, evidentemente que ya no se puede plantear, entre otras cosas porque la URSS y el estado obrero deformado ya no existen, los marxistas ahora plantemos la revolución socialista en Rusia y ello no refuta para nada el análisis marxista de la realidad, prueba de ello es que son los estudios de los marxistas, específicamente los de Trotsky sobre la degeneración del Estado Obrero los que nos permiten entender más acertadamente porque se dio un proceso de restauración capitalista en Rusia.

Del mismo modo que el mundo cambia, o surgen otros descubrimientos, los marxistas modifican conceptos y propuestas, no obstante hay siempre una línea muy precisa y podríamos decir muy rigurosa de diferenciar al desarrollo del autentico marxismo del revisionismo. Los marxistas pretenden ir más allá de lo aparente o inmediato, llevan la lucha de clases hasta las ultimas consecuencia, por tanto procuran fortalecer la confianza de las masas en si mismas y su nivel de organización, se declaran enemigos a muerte contra el capitalismo y señalan al socialismo y a la democracia obrera, es decir la dictadura del proletariado, como medio para avanzar rumbo al comunismo.

Mariátegui podrá estar superado en su análisis de las sociedades prehispánicas, en su desprecio al peligro de la degeneración y el estalinismo, podrá mostrar su debilidad por viejos maestros tanto liberales como sindicalistas en tal o cual renglón, pero en suma toda la obra de Mariátegui es un legado que todas las generaciones de revolucionarios deberían estudiar con atención y pasión.

La vida misma de Mariátegui, es un ejemplo de cómo las dificultades no deben ni pueden ser un obstáculo para continuar adelante, luchado hasta el último aliento de vida. Que inmensamente superior en todos los términos a cualquier seudo intelectual posmoderno que busca inventar teorías que no explican más que la miseria del análisis burgués y pequeño burgués.
Mariátegui es un gran maestro del proletariado latinoamericano y sin duda la realización de la revolución socialista será el mejor homenaje que se le podrá hacer, esa es la tarea y debe ser cumplida.

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